Una llamada personal

Dios tiene un sueño para cada uno; ya desde antes de nacer, nos elige, nos consagra y nos nombra profetas... ¿Os suena? (cf. Jer 1,4-5). 

Me llamo Dunia María; soy religiosa Esclava de la Inmaculada Niña (Divina Infantita).
Nací en una familia musulmana. Mis padres son fieles a su religión y a sus costumbres, pero Dios tenía un proyecto para mí, una historia de encuentro y amor con Él. ¿Por qué? No lo sé. Solo sé que me crie con las religiosas de la Divina Infantita (en Melilla). Ellas, mujeres de Dios, con su ejemplo me contagiaron la necesidad de buscar lo que a ellas las hacía libres, felices, llenas... Provocaron la necesidad de buscar mi fe, mi salida al encuentro con Jesús de Nazaret.
No fue fácil y sigue sin serlo. Hoy por hoy, mi familia vive rezando por mi vuelta, apenados, callados y defraudados por mi elección de vida.
Mi proceso de catecumenado y de vocación ha sido largo y duro, siempre con los pies en el suelo, consciente de que cada paso implicaba una entrega... No pude negar al Señor, porque hubiera sido lo mismo que negarme a mí misma.
Pese a las dificultades, a los abandonos, a las ausencias, soy feliz, porque Él llena todo en mí: me dio una gran familia, que somos todos los que formamos la Iglesia; una familia congregacional; un corazón y unos ojos nuevos; me transformó y me sigue transformando desde su amor, misericordia y compasión como un proyecto de vida.
Me consagré para trasmitir al Cristo anonadado, al Dios que se hace pobre por amor, al Dios que vive su vida como misión... Así intento vivir mi vida, hoy prestando mis manos, mis labios, mis ojos, mi corazón... en un colegio, y en una casa-hogar, a la cual van llegando niños perdidos, maltratados, abandonados, olvidados, rotos por dentro y por fuera. Para ellos somos sus madres, su referente, y buscamos en todo momento poder curar sus heridas, restaurar sus rupturas... Doy gracias al Señor y a la Inmaculada Niña, porque deseo ser fecunda desde la alegría propia de mujer consagrada que día a día quiere e intenta vivir desde la entrega generosa a un Dios que se da en los demás.
Que el Espíritu Santo nos siga capacitando para la misión y fortalezca nuestro testimonio. Unidos en oración y misión, vuestra hermana.

Dunia María, EIN

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