Acompaño a jóvenes africanos que sienten la llamada a ser misioneros

Fernando García Rodríguez es un misionero javeriano de 50 años que se encuentra desde hace cuatro años en Camerún, acompañando a los jóvenes que sienten la llamada a ser misioneros. El pasado sábado 19 de octubre será ordenado el primer javeriano chadiano, procedente de la parroquia en la que trabajó Fernando durante muchos años.



Aquí estoy acompañando a jóvenes cameruneses y chadianos que sienten la llamada del Señor a ser misioneros suyos en esta parte del mundo que ignora que Jesucristo ha dado su vida también por ellos.

Cuando pienso en mi presencia aquí, me acuerdo de la Iglesia que me ha dado el don de la fe, concretamente la Iglesia diocesana de Guadix-Baza, que es donde he nacido y crecido física y espiritualmente. Recuerdo a todas las persona amigas que nos acompañan y nos sostienen en la oración, a nivel material… Me siento parte de una gran familia que comparte el gran sueño de Dios nuestro Padre, el de hacer del mundo una sola familia

Estoy viviendo con mucha alegría el don que Dios me ha dado: poder decir a muchas personas que el Señor las ama.

El deseo de ser misionero se remonta a mi adolescencia. No sé lo que desencadenó exactamente estas ganas que llevo en mi corazón de hablar y testimoniar el amor de Dios, de Jesús, de su Palabra… Lo que recuerdo bien fue que en un determinado momento, Jesucristo apareció delante de mí como el único Camino, la sola Verdad y la Vida eterna. No había nada que pudiese compararse a este descubrimiento. Todo lo demás aparecía como insignificante. La palabra del Evangelio que representa mejor este momento de mi vida es la parábola del tesoro escondido.

La vida misionera la estoy viviendo como un compartir lo que el Señor me ha dado gratuitamente. Es algo tan grande que sería demasiado egoísta dejarlo encerrado en mí. No, la luz ha sido creada para iluminar a toda la humanidad.


Desde el inicio de mi historia vocacional me he sentido atraído a anunciar esta Palabra de Dios, Jesucristo, a aquellos que todavía no han tenido la dicha de conocerlo. No porque no quieran o lo hayan rechazado, sino simplemente porque nadie se lo anunciado hasta ahora.

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