Fe+Caridad = Misión “Posible”

María José Crespo Martínez, misionera en el sudeste asiático, se sonroja cuando halagan su vida misionera. A diferencia de la película, lo suyo es una misión “posible”, que se vive día a día “gracias a las oraciones y las ayudas de tantas personas que ponen su confianza en nosotros como lo ha hecho el Señor, al enviarnos a ser presencia suya entre su pueblo sufriente por toda la superficie de la tierra”.



Algunos países del sudeste asiático, no son misión fácil para los misioneros, no lo es el país donde Mª José se encuentra en la actualidad, donde los misioneros tienen el reto de “nacer de nuevo a las más de ciento y pico de culturas que cada etnia encierra, y a las diversas lenguas de cada etnia, así como el aportar un granito de arena para ir labrando surcos que den paso a un diálogo ecuménico con las diferentes religiones del país, donde la religión católica sólo representa un uno por ciento de la población”.

Aunque el país se está abriendo al mundo exterior, el temor de Mª José “que ya se va corroborando por lo que puedo ir viendo, es que esta apertura traiga la invasión del capitalismo y el consumismo y suma en peor estado de pobreza a los marginados y los pobres”.

“En estas circunstancias de «misión imposible», se va trabajando la Fe, en el bregar diario y con la ayuda de la comunidad y la sonrisa de los más pobres; la Caridad se hace más grande para dar la ecuación: FE + CARIDAD = MISIÓN POSIBLE. Porque no se trata de ser héroes sino de dejarse llevar por la urgencia de Su voz: “ve y procede tú de la misma manera”, con misericordia y compasión como el Buen Samaritano”.

Tampoco fueron fáciles los 22 años que esta misionera pasó en Corea del Sur, donde se encontró por primera vez “con el cometido de nacer de nuevo, desde una cultura, lengua y modo de vivir nuevos” y el reto de “enriquecer a la Iglesia desde el compartir de mi carisma de consolación y aprender a convivir con nuevas religiones desde el diálogo ecuménico”.

La experiencia de Mª José en Corea del Sur nos estremece:

“Como en todos los países, sean de los denominados desarrollados, en vías de desarrollo o subdesarrollados, la parte más golpeada por la injusticia suele inclinarse en la balanza hacia la mujer. De mis 22 años vividos en Corea del Sur, 10 años los he pasado en un centro de acogida a adolescentes víctimas de la explotación sexual. En un país donde la primera palabra que se aprende es (Pali, pali = rápido, rápido), el desarrollo se dio sin dar tiempo a la asimilación de la avalancha material y tecnológica engendrando la rotura básica de la familia que junto a la crisis económica de 1997 provocó la huida de muchas adolescentes del hogar familiar. Menores que desengañadas de una vida cruel en la que muchas veces el mismo progenitor abusaba de ellas, sólo encontraban modo de subsistencia en el mercado sexual. Durante los diez años de trabajo, he visto jóvenes que han conseguido rehacer su vida, que han conocido el amor de Dios Padre y se han bautizado o se han reconciliado con el dios de su religión y han encontrado en la dedicación fehaciente y caritativa de las hermanas la chispa que las ha puesto de nuevo en el camino para luchar por la dignidad de sus vidas. En estos años también he tenido que asistir al rompimiento total de jóvenes que no han logrado superar las adversidades y no han podido salir de la vorágine en la que la sociedad materialista y consumista las había hundido”.

En algunos momentos, la misión “posible” de la que habla Mª José, se presentaba como misión casi “imposible”, pero el camino se despejaba una vez más “al tener la certeza de que ÉL, siempre está contigo y que sus amigos te sostienen con la oración y la ayuda”.

Por eso, Mª José nos agradece por seguir creyendo en los misioneros, “en nuestro trabajo realizado desde la más humilde humanidad y muchas veces también desde nuestras limitaciones y errores, pero siempre buscando hacer llegar la Buena Nueva y la sonrisa a aquellos que difícilmente pueden dibujarla en sus rostros”.

El deseo de Mª José para el DOMUND es que “el testimonio silencioso de tantos misioneros se haga eco en el corazón de muchos y todos podamos seguir trabajando por la construcción de un mundo más humano, por el Reino de Dios”.


“Con vuestro apoyo y la gracia de Dios seguiremos caminando”, concluye.
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