“Gasto mi vida sirviendo a los desplazados de Kivu”

Después de varios destinos, la misionera Inés Oleaga se encuentra desde hace tres años en la República Democrática del Congo, al este del país, donde se ha enquistado un conflicto que solo en la provincia de Kivu Norte ha producido más de un millón de desplazados internos. Acompañarles y servirles, es la misión de esta Esclava del Sagrado Corazón de Jesús, que cree que los misioneros son “los oídos de la Iglesia



Desde hace tres años, vivo en Masisi, al este de la Republica Democrática del Congo donde sufrimos un conflicto armado crónico que ha provocado en los últimos 4 años muchos muertos, muchos niños soldados y demasiadas víctimas de agresiones sexuales. En esta provincia de Kivu Norte actualmente se cuentan más de un millón de desplazados internos.

Acompañando, sirviendo y defendiendo a unos cuantos de estos miles de desplazados es como gasto hoy mi vida en diferentes proyectos de emergencia y educativos y sobretodo compartiendo Esperanza y soñando con la Paz. Solo puedo deciros que aquí, dónde he visto de frente y en dimensiones escandalosas la muerte, la injusticia, el sinsentido es donde más respuestas se me han dado y una vez más con pocas palabras y muchos actos...

Según el evangelio Jesús antes de preguntarle a los discípulos quien era él, les preguntó: "¿Quién dice la gente que soy yo?". Es decir primero Jesús invita -envía- a sus discípulos a salir de ellos mismos, meterse en el mundo, mezclarse con la gente, conocer sus alegría y dolores, sus esperanzas y sus amarguras.

Sólo entonces, cuándo sabemos qué pasa en el corazón de la mujer y del hombre de hoy, cuándo escuchamos las penas de los emigrantes, desplazados, parados, víctimas... cuándo recorremos el mundo (incluso virtualmente) y conozcamos otras culturas, saciemos el hambre, limpiemos las heridas y construyamos un mundo mas justo, entonces y sólo entonces, podremos contestar la segunda pregunta de Jesús: ¿Quién soy yo para ti?

Los misioneros no somos los dueños de la verdad, ni tenemos las respuestas a los problemas del mundo, pero humildemente somos los oídos  de la Iglesia que quiere oír el a veces angustiante clamor humano que desde la Cruz es el clamor de Dios.

Sin tu oración y tu apoyo la Iglesia queda sin misioneros y sin misioneros la Iglesia se hace sorda y se enrolla en si misma, es decir: deja de ser Iglesia Católica.


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