“Hagan del Domund una cadena de amor, servicio y esperanza”

Patrio Larrosa misionero en Honduras nos envía este testimonio. Así quiere unirse en la oración a toda la Iglesia misionera con su actividad en el mundo: llevar a Jesús, llevar el Evangelio.



Los veinte dos años vividos en Honduras han sido un gran regalo de Dios. Años para agradecer a Dios y a tantas personas, misioneras anónimas del mundo, que lo han hecho posible.
Personas que han impulsado la vida a la dignidad, a la esperanza y a más alegría, a la justicia, en tantos que carecían de ellas.  Personas que han levantado a personas que ahora levantan a otras personas y hacen una cadena de amor, servicio y esperanza en medio de un mundo que se resiste a ellas, personas fermento de la sociedad y del mundo.
Un mes por lo menos para reconocer que Dios sigue con toda su vitalidad creando vitalidad en el mundo y que provoca en nosotros, por lo menos, el agradecimiento, impulsando la historia definitivamente a la justicia y la paz.

Unos ocho mil estudiantes son apoyados desde la misión que se desarrolla en Honduras. Allí han crecido miles de personas que viven y ayudan a vivir. De todas las vocaciones que el mundo necesita. También seminaristas. Cuatro jóvenes que han estado colaborando en la parroquia están ahora en el seminario y cinco se preparan para entrar. Otros ya están en empresas, oficinas, comercios, escuelas, agricultura, etc. haciendo que el mundo funcione algo mejor para todos.

Cientos de personas han pasado por la misión de otros países. Han aportado su vitalidad, sus ideas, su entusiasmo, su esperanza, uniendo sus vidas con las de tantos hondureños que cada día trabajan por un mundo mejor. Mensajeros anónimos muchas veces de Dios y de su Reino.
Qué hermoso este mes para orar, para agradecer, compartir y para recuperar fuerzas en la tarea maravillosa del Reino. Una familia, la familia de Dios, la familia de todos los que formamos este mundo. Un proyecto que continuar y que exige lo mejor de cada uno de nosotros, de todos.


Recordamos las palabras de Jesús: separados de mí no podéis hacer nada. Por eso nos queremos unir a Jesús y continuar, con su ayuda, su obra. Un mes para compartir  lo que somos y tenemos, sabiendo que somos realmente todos hermanos, llamados a vivir con la dignidad de ser Hijos de Dios. 

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