“La fuerza de Dios nos llega de la oración de las personas”

Mª del Carmen Gómez Garcia-Oliva, es Hija de la Caridad y misionera en Benguela (Angola). Maricarmen ha experimentado la fuerza de la oración: rezó durante años para descubrir la misión a la que le llamaba el Señor y afirma que recibe a través de la oración de muchas personas la fuerza de Dios, que les anima y les fortalece en su trabajo, a veces muy duro. También económicamente reciben “pequeñas ayudas de muchas personas” y no subvenciones de grandes empresas.




Muy pronto sentí el deseo de poder ir a otras tierras para dar a conocer la persona de Jesús con la palabra y a través de mi vida. Pero sentía miedo hasta de expresarlo, porque no me veía capaz. Pensaba que para poder ser misionera era preciso muchas cualidades y dones, capacidad para vivir en comunidad con hermanas de diferentes culturas… Y yo no me veía con todo eso. No es que ahora las tenga; pero cuando una obra es de Dios parece que todos los caminos se allanan. Él siempre nos va dando todo aquello que precisamos en cada momento. Pedí al Señor que me fuese mostrando cuál era su voluntad sobre mí. Recé durante años sin tener muy claro a lo que Dios me llamaba. Y como Dios se sirve de mediaciones, me fue preparando para esta misión.

El día 7 de mayo de 2002 llegué a Lobito, en la provincia de Benguela, localidad bañada por el Océano Atlántico. Apenas había pasado un mes de la firma de paz, después de unos 30 años de guerra. Demasiados años de guerra para un pueblo con grandes valores como la solidaridad, el respeto, la acogida… La Comunidad a la que me incorporé trabaja, desde 1998, en un barrio muy pobre. Estamos en una escuela, en una pequeña residencia de ancianos, con una capacidad para 22 personas, y en un Puesto de Salud donde se realizan consultas de niños y adultos. Los cambios producidos en el barrio han sido importantes. La paz ha contribuido a que hubiese libre tránsito por las carreteras y las personas pueden ahora ir a buscar productos a otras provincias para venderlas y así tener un medio de vida. Las casas, construidas con barro y el tejado con “capim”, una hierba que hace escurrir el agua, van dejando, poco a poco de construirse, y ya tenemos más casas de bloques de cemento y techo de chapa.

Es verdad que pasé por momentos de dificultad, de sufrimiento, viendo el estado en el que se encontraban las personas, ya fuesen adultos o niños. Pero la fuerza de Dios nos anima y nos fortalece. Una fuerza que nos llega desde la oración de diferentes personas. ¡Porque son muchas las personas que rezan, por esta misión y por las que aquí estamos, cada día! Sentimos el calor y la fuerza de su apoyo a través de la oración. No dejo de dar gracias al Señor por todas estas personas que nos ayudan a todas las Hermanas. Si cada una de las Hermanas conseguimos estar en esta tierra de misión, anunciando de la Buena Nueva, realizando nuestro servicio a los más desfavorecidos, es gracias a ellas. Personas generosas que rezan y que colaboran, desde sus posibilidades, en cada servicio que realizamos.

Los proyectos que tenemos no fueron subvencionados por grandes empresas. Siempre fue posible gracias a pequeñas a ayudas de muchas personas. En la misión se hace realidad cada día el milagro de la multiplicación de los panes y los peces: cuando hay un corazón generoso que da lo que puede, aunque sea poco, el Señor lo bendice y logra hacer que los niños tengan una escuela con pupitres y sillas; que un anciano que no tiene medios sea acogido y cuidado; que un enfermo pueda ser tratado para recuperar la salud…


¡MUCHAS GRACIAS A TODOS POR VUESTRA GENEROSIDAD! No os canséis de apoyar, sobre todo, con vuestras oraciones.

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