Manuel, misionero del Hogar de Nazaret

“Si no fuera por la oración de tantas personas anónimas, sería imposible permanecer en la misión, lejos de tu tierra, de tus costumbres. Cuando uno ve que no tiene fuerzas, brota una voz interior que te dice: “Hazlo por Mí” Y la fuerza para responder viene dada por Dios gracias a esas miles de oraciones anónimas que construyen la misión”.



"En Hogar de Nazaret, de Quito, Ecuador, acogemos a niños cuyos padres no pueden darles la educación completa que necesitan, como pasaba con estos niños de madres solteras y en la cárcel. Sí, éramos una familia de 11 personas: dos misioneros y 9 niños menores de 10 años. Se trataba de hacer vida normal para que estos pequeños pudieran crecer adecuadamente. También colaborábamos con la parroquia en catequesis,  en animación de la liturgia, y teníamos grupos de padres.

En verdad, no sería justo decir que todo esto lo atendimos sólo los misioneros. Aquí, sin duda, entra usted y su oración: Sí, si no fuera por la oración de tantas personas anónimas pero conocidas por Dios, sería imposible permanecer en la misión, lejos de tu tierra, de tus costumbres y de tu iglesia local. En muchas ocasiones, cuando uno ve que no tiene fuerzas, brota una voz interior que te dice: “Hazlo por Mí”. Y la fuerza para responder viene dada por Dios gracias a esas miles de oraciones anónimas que construyen la misión.

También las aportaciones para los materiales son de gran ayuda y facilitan la labor; gracias a esas ayudas desinteresadas pudimos comprar máquinas purificadoras de agua, una furgoneta para el transporte de los menores, etc… esos objetos nos recordaban que la misión es de toda la Iglesia, que todos participamos en ella. Y por ello quiero daros las gracias.

Desde los 16 años andaba con deseo de hacer algo más por los demás. Hasta que el Señor puso en mi camino a los niños del Hogar de Nazaret de Granada, cuando tenía 19 años, y comencé ayudarles… y Dios comenzó a ayudarme a mí pues, aunque mis padres y los agustinos me habían dado una buena educación cristiana, yo me había alejado un poco de la práctica religiosa. Gracias a las hermanas del Hogar me acerqué a Jesús. Con 21 años entendía que Dios me pedía toda mi vida, y que tenía que ir dejándolo todo proyectos personales, familia… para entregarme a Él y a los niños, jóvenes y familias que me encomendaba. Al los 25 años, tras haber profesado los primeros votos me destinaron al Hogar que tenemos en Quito (Ecuador), donde acogíamos a menores procedentes de la cárcel de mujeres.

Ahora soy sacerdote y estoy destinado en Puente Genil (Córdoba) en la Casa de Formación de Hogar de Nazaret, como formador de los novicios. Por ello, también ruego vuestras oraciones por estos muchachos que están siguiendo a Jesús, que se están preparando para la misión".

Un saludo.

P. Manuel, HN
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