Una misionera contra la pobreza material y espiritual

La misionera de origen gallego Montserrat Varela Santamaría era de las que levantaba el dedo de pequeña, cuando la hermana en el colegio preguntaba a las niñas quién quería ser misionera. De joven le gustaba salir y divertirse como a todas las chicas de su edad y la idea quedó apartada, hasta que rezó la Novena de la Gracia de san Francisco Javier. Montserrat pedía al Señor que le indicara el camino a seguir, y el tercer día de la Novena sintió que el Señor la llamaba a dejarlo todo para seguirle a Él. Y lo hizo. Lleva 40 años como misionera en Congo Brazzaville, luchando contra la pobreza material y contra otro tipo de pobreza de la que se habla menos, la del espíritu.



Esta religiosa de la Congregación de Franciscanas Misioneras de María ha llevado el Evangelio a la selva, trabajando casi siempre como enfermera.

“Al principio no fue nada fácil, pero en los momentos más difíciles decía con san Pablo «Todo lo puedo en Aquel que me conforta».

Son muchas las enfermedades que sufren en estos países en donde faltan con frecuencia las medidas básicas de higiene y conocimiento de las enfermedades, así como los medios para aliviarlas. Últimamente trabajo con el pueblo autóctono (pigmeos) una etnia muy pobre y marginada. Muy importante es también poder hacerlos salir de la pobreza espiritual porque la falta de fe en Jesucristo les conduce a creer en toda clase de falsos dioses que les empujan a la venganza, conflictos, etc. Mucha gente vive con el miedo a estos espíritus del mal que los esclavizan. Qué alegría poder anunciarles la gran libertad de un Dios que nos ama y nos invita al amor. En plena selva me decía un maestro: “Qué suerte tiene, hermana ,de no temer estos espíritus malignos”. Aproveché  para explicarles que cuando el Espíritu de Dios nos habita no hay que tener miedo porque Dios es más fuerte, grande y poderoso que todos los espíritus del mal, y que donde está Dios, está la libertad.

Nuestra fuerza en la misión es el mismo Jesús, al que encontramos especialmente en la oración y después en todos aquellos y aquellas a los cuales Él nos envía.

Si podemos llevar a cabo esta obra misionera es gracias a la generosidad de la gente solidaria y de buena voluntad que se complace a hacer el bien como nuestro Maestro Jesús que “pasó por el mundo haciendo el bien”. Pidamos al Señor que siga enviando obreros porque las necesidades son enormes…

Acercaos con frecuencia a Jesús y escuchadle, quizás seas tú el elegido o la elegida…


No tengáis miedo de comprometeros pues el mismo Jesús nos ha dicho que “estará con nosotros hasta el final de los tiempos”.


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