#YoSoyDomund

Lidia Cabrera, Inspectora Jefa del Cuerpo Nacional de Policía



Aunque tenía grandes deseos de ir a la misión, Lidia Cabrera descubrió que podía ser misionera desde su profesión como policía. Esta inspectora echa de menos en la actualidad la formación religiosa que ella recibió, y por ello destinaría su euro para las misiones a Europa, para despertar la fe tantas veces devaluada.


¿Conoces el Domund? ¿Has pensado ser misionera?

Creo que conozco el Domund desde que tengo uso de razón. Cuando era pequeña, en un colegio público, teníamos a lo largo de todo el año las famosas huchas de chinitos, indios, negritos… Los profesores nos animaban a ayudar a los misioneros más allá del día del Domund. Lo que nos decían los profesores es “pobres chinitos”, si os queda alguna monedita o del bocadillo, echadla. Y claro, tú echabas la moneda y decías “hay que rezar por ellos, pobres chinitos que no conocen a Dios”. Recuerdo que mi madre, que era muy cuca, el día del Domund día me daba dinero para que comprara el bocadillo y un refresco mientras paseaba con la hucha. Pero no te comprabas un refresco porque decías “pobrecitos” los chinitos, y lo metías en la hucha.

Más tarde estudié Magisterio en un colegio de los salesianos. Allí sí que se hacía obra misionera y en verano había alumnos de Magisterio que se apuntaban para ir con un grupo que se llamaba “Madreselva” iban a África. Luego los profesores estaban todo el día hablando de las misiones. Yo me presentaba entonces para la Policía y decía: “como suspenda para Policía me voy a las misiones” y mi madre me decía: “niña, tú estás loca”.
Pero bueno, a pesar de mis deseos de ser misionera, aprobé las oposiciones, era la mayor de siete hermanos, y necesitábamos ayuda en casa. Aprendí que la obra misionera también se puede hacer aquí, y más desde tu profesión. Los miembros del Cuerpo Nacional de Policía no dejan der ser misioneros, porque mis compañeros están dando la vida por los demás, para salvaguardar la seguridad, el estado Democrático en el que la gente se sienta con más libertad, además en situaciones muy delicadas. 


Si dieras un euro a las misiones, ¿dónde te gustaría que llegara?

Yo ayudo a muchas ONG y tengo niños apadrinados, y sé que trabajan en el Tercer Mundo. Pero mi euro para el Domund me gustaría que llegara a Europa, donde se está perdiendo la fe. Me gustaría que mi euro se dedicara a animar a más gente a ser voluntarios y misioneros. Se están perdiendo los valores, a los cristianos no se nos toma en serio. Quisiera invertir en misiones en el Primer Mundo, porque es fundamental. Quizá también a través de medios de comunicación y redes sociales. Siempre abundan las noticias horribles, y nunca se dan las noticias buenas. Hay gente que con 70 años da su tiempo a acompañar a las personas mayores, y así evangeliza. Y no salen en los medios de comunicación. Se hacen tantas cosas buenas, y no se divulga. Antes no existía ese complejo. De hecho, revisando publicaciones antiguas de las revistas de policías, he encontrado un artículo sobre el Domund de 1947. Ya entonces en el artículo hacía referencia a que “España desde siempre es y ha sido la nación que más ha prodigado misiones en todo el mundo”. 


Haciendo una reflexión sobre la situación de nuestro país que acababa de sufrir una terrible guerra fraticida, donde en la mayoría de los hogares no les llegaba a penas para comer, ni vestir, ni mucho menos las más básicas comodidades con las que contamos hoy en día, ya fuera contar con un seguro suministro de luz y agua, o tener calefacción en los hogares, ni que decir con una asistencia sanitaria en condiciones, o un empleo que les garantizara un sueldo digno. Realmente se podría comparar con la situación que lamentablemente se vive en muchas partes del mundo hoy en día. Pese a todo ello posiblemente ese mes de octubre de 1947 la mayoría de las personas que colaboraron con su pequeña aportación al DOMUND se quitarían de disponer de algo básico como alimentos o un haz de leña, para donar algunos reales a la obra misionera.
Realmente esa caridad de la sociedad española de entonces donde nadie tenía nada, se materializaba en obras. La gente se apoyaba y ofrecía su esfuerzo y trabajo para ayudar cada día al prójimo, aunque fuera con un pequeño gesto. Ellos reconstruyeron y llevaron a España a la prosperidad y a una sociedad cómodamente asentada en un estado del bienestar.  
En estos tiempos que nos toca vivir, nos quejamos de que la crisis nos ahoga y por eso no podemos ser solidarios. Hemos vivido cómodamente muchos años y no habíamos conocido realmente la pobreza. Personalmente creo que pecamos un poco de egoísmo, y deberíamos volver la vista 66 años atrás y meditar. ¿Cómo nuestros tatarabuelos y bisabuelos que a penas tenían medios para subsistir podían ser tan generosos con los demás, incluso de otros continentes a los que no conocían ni conocerán jamás? Sencillo, “ellos sabían lo que es pasar miedo y hambre de verdad”.  Es caritativo quien da lo que tiene y no lo que le sobra. 
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