#YoSoyDomund

Paloma Gómez Borrero, periodista 



La periodista española ha conocido a muchos misioneros en el mundo, cuando acompañaba a Juan Pablo II en sus viajes. Su experiencia es que hasta en el lugar más recóndito del Congo, se encuentran misioneros. Según explica, la alegría se define como la sonrisa de un misionero cuando te habla de Dios.

¿Conoce el Domund?

Sí, conozco el Domund desde que era niña. Nos daban una hucha muy bonita de cerámica, y si recogíamos una cifra concreta, nos la regalaban. Además de saber para que estábamos pidiendo dinero, nos hacía mucha ilusión tener esa hucha.
Recuerdo que la gente respondía muchísimo. Cuando pedíamos por las calles, siempre nos decían: "Para las misiones, sí". Esta frase se me quedó grabada.

¿Por qué apoyar a los misioneros?

Primero, porque son extraordinarios. Yo he vivido mucho la vida de los misioneros, acompañando a Juan Pablo II. Conocí a muchos, especialmente en África. Me ha enriquecido mucho verles, la alegría que dan. Alguien me dijo una vez: “¿Qué es la alegría? Es la  sonrisa de un misionero cuando está hablando de Dios”. Eso se me quedó grabado.
Recuerdo una vez que el Papa visitó R.D. Congo, y que se acercó a Kisangani, una pequeña ciudad en la selva cerca del río Congo. Había poquísima gente en la Misa, y el calor y los mosquitos eran insoportables. Veníamos de hacer un viaje largo y complicado, y decíamos entre los compañeros: "Podríamos habernos quedado en Kinshasa, la capital. ¡Somos 4 gatos!". Entonces, se me dio la vuelta un misionero, amarillo de malaria, y me dijo: "solo por el bien que hace a mi alma valía la pena esta visita".
Son gente que les ves trabajando con ese entusiasmo, esa entrega... En un África olvidada y explotada, donde los africanos saben que nadie les hace ni caso, de pronto se encuentran con que los misioneros les dan amor y comparten su miseria y angustias. Y todo, por amor a Dios.


Si usted diera un euro a las misiones, ¿Dónde le gustaría que llegara?

¡Hay tantos sitios donde se necesita más de un euro! Yo se lo daba al Domund para que fueran ellos, que conocen cada momento y cada situación y necesidad, para que sean ellos los que decidan el destino.


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