#YoSoyDomund

Javier Martínez Moradillo, misionero burgalés. 



Este sacerdote partió a la misión hace 35 años, a través de la OCSHA. Tras 25 años en Guatemala, lleva una década en Cuba, donde ejerce el sacerdocio, y visita a los enfermos y a los vecinos, en lo que él llama “la pastoral de la zapatilla”.


¿Por qué Cuba?

En 1998, el Papa Juan Pablo II visitó la isla, y yo fui allí. En esos días conocí de primera mano la realidad cubana, la altísima necesidad de sacerdotes que hay en Cuba. Yo estaba en Guatemala, donde hay muchos sacerdotes nativos, así que me decidí a ir  Cuba a echar una mano. Para que os hagáis una idea, en la diócesis de Cienfuegos hay 9 sacerdotes para 470.000 habitantes, y en los diez últimos años sólo se han ordenado dos nuevos presbíteros cubanos. La mayoría somos sacerdotes extranjeros.

¿Cómo es la situación de los católicos en Cuba?

Cuba es un país muy religioso, aunque no católico: hay protestantes, santeros… Desde la visita del Papa ya citada, los católicos cubanos empezaron a tomar conciencia de pueblo, se dieron cuenta de que eran muchos, viendo la masiva asistencia a los actos con el Papa. ¡La Iglesia salió del corralito!

¿Y cómo es la Iglesia de Cuba?

Nuestras comunidades son muy jóvenes. Hay varios ancianos que mantuvieron vivas parroquias sin sacerdotes, hasta que se ha empezado a “despertar”. En Cuba las comunidades son mayoritariamente femeninas, adultas y blancas. No quiere decir que no haya más gente, pero en general, podemos decir que en su mayoría son así.

¿Qué hace un cura en Cuba?

Mi tarea es eminentemente pastoral. Podríamos llamarle la “pastoral de la zapatilla”, que consiste en patearse los pueblos para visitar enfermos y estar con la gente. Como no hay asistencia espiritual en los hospitales, nosotros visitamos a los enfermos en sus casas. También tenemos algo de labor social, a través de los programas de Cáritas, que tienen gran calado

¿Te sientes “cubanito”?

Yo soy castellano recio, de hecho no se me ha pegado el acento. Pero me siento cubano de adopción, porque la gente es cercana, jovial y muy acogedora. La gente te demuestra que con menos se puede vivir bien.

¿Qué planes tienes de futuro?

Me voy a cambiar de diócesis. Pasaré de Cienfuegos a Ciego de Ávila. Los cambios son estimulantes, y son buenos para no envejecer.
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