#YoSoyDomund

Sor Maria Paz, monja de clausura. 



Desde el locutorio del monasterio agustino de San Alonso de Orozco de Madrid, Sor Maria Paz explica que se siente misionera en una vida de clausura. “Yo estoy enamorada con mi vocación, si volviera a tener 19 años la elegiría de nuevo”, explica esta monja. “Hacen falta manos para la misión, pies para buscar a la oveja perdida, y oración para impulsar la vida misionera”.

¿Ustedes se sienten misioneras, aun dentro de un convento de clausura?

Desde que entré en el convento con 19 años, me siento misionera. De hecho, si no lo sintiera así, no estaría aquí. ¿Cómo es posible que sin salir de aquí seamos misioneras? El Concilio Vaticano subraya la importancia de la vida contemplativa, ya que por nuestras oraciones y obras de penitencia, pedimos a Dios que envíe obreros a su mies, y que prepare los corazones de las personas que recibirán la Buena Noticia. (Ad Gentes, 40).
Es muy curioso que Jesús estuviera 30 años en la vida oculta. Hay mucha gente que nos pregunta “¿Qué hacéis ahí en clausura?”, a lo que nosotras respondemos con el ejemplo de Jesús, que estuvo la mayor parte de su vida cumpliendo la voluntad de Dios y obedeciendo a sus padres.

Pero en la Iglesia, hay mucha vida activa…

Sí. Los misioneros están en la brecha, y es necesario que estén reforzados por la oración de los demás. No es fácil, ya que lo dejan todo, y no huyen ante las dificultades. Si el pueblo sufre, ellos siempre se quedan. Hay que pedir a Dios mucha fortaleza para los misioneros.
Nosotras nos quedamos con lo que dice Santa Teresa de Liseux, patrona de las misiones a pesar de no haber salido nunca de un convento. Queremos ser el corazón de la Iglesia, que expanda por todo el cuerpo el amor. Nuestra misión no se limita a un campo concreto: si hay una catástrofe, estamos en oración. Si hay un problema, estamos en oración. Nos sentimos misioneras, porque desde la oración extendemos el Reino de Cristo.

¿Cómo celebran el Domund?

Cuando teníamos un colegio, dábamos las huchas a los niños durante el mes de octubre, tal como hacía yo de pequeña. Ahora que sólo llevamos la parte de educación infantil, regalamos a cada niño un globo, y les damos el sobre del Domund, para que se lo lleven a casa. Además, en cuanto a la vida interna del convento, tenemos presente a los misioneros en laudes y vísperas. Vendrá en el Domund un agustino que ha sido misionero en Iquitos (Perú), y nos contará su experiencia. Pero lo más importante para nosotras es que desde la oración, también somos misioneras.

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