#YoSoyDomund

Timoteo Lehane, secretario general de la Obra Pontificia de Propagación de la Fe



El responsable internacional de la Obra Pontificia que organiza el Domund, presentó en rueda la Jornada, que se celebrará el próximo 20 de octubre. Subrayó que los misioneros son “franciscos”, que en el anonimato están besando los pies del mundo, acompañando a los más pobres y encendiendo una luz en la oscuridad del mundo.

¿Qué aportan los misioneros al mundo actual?

El mundo está buscando algo. Parece que el Papa Francisco  está dando esperanza a la gente que indaga. Es curioso que hace un año, nadie conocía a Bergoglio, y hoy nos emociona a todos. Francisco da testimonio de lo que es un misionero. Yo puedo decir que hay miles de “franciscos” en el mundo, que están besando los pies del mundo. Cuando fue el terremoto de Haití, fue mucha gente a ayudar. Pero el misionero estaba antes de la tragedia, mientras el terremoto, y se quedó allí aun cuando todos se fueron.
Pienso en una migo mío sacerdote, que rezaba por la mañana en una iglesia de caña en medio de la selva amazónica, con una lucecita encendida. Si pudiéramos alejarnos y ver el planeta en su totalidad, ¡cuántas lucecitas están encendidas en el mundo! Son los misioneros que están rezando, viviendo junto al pobre.
No conozco a ningún misionero amargado al final de su vida.

¿Las aportaciones de los fieles son generosas?

Lo primero, hay que decir que primero es la oración, y luego la colaboración. Aunque es cierto que lo recaudado por el Domund ha descendido en 36 millones de dólares en los últimos años, es curioso ver que los continentes más pobres están aportando cada vez más. Nosotros recibimos peticiones de ayuda de todo el mundo, y tengo que decir no muchas veces. No siempre podemos ayudar como nos gustaría… Nosotros aseguramos que cada céntimo que dona jun niño en una hucha llega para comprar un ladrillo en Madagascar.
Quisiera agradecer a los españoles por sus misioneros, y por el proyecto misionero que ha llevado a cabo durante siglos. ¡Cuántos santos y doctores de la Iglesia!


¿Usted es Domund?

Sí. Yo fui misionero en Ecuador durante 25 años, en un aparroquia  muy pobre. Una vez, murieron cinco niños el mismo día por un ataque de gastroenteritis, y yo no tenía dinero para poder darles leche, solo podía llorar con ellos.

Por otro lado, soy Domund porque me encanta ver a tanta gente que, desde su oficio y su vida es misionero. Allí donde haya alguien que quiera cambiar el mundo, hay un misionero. La madre de familia, el periodista… Cada uno hace su función, y puede ser misionero.

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