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Monseñor Francisco Pérez, arzobispo de Pamplona y Tudela 



Desde muy pequeño, monseñor Francisco Pérez sintió deseos de ser misionero al leer la biografía de San Francisco Javier. Hasta hoy ha visitado muchos territorios de misión, y cree que es una buena terapia para los que viven quejándose de la vida. El arzobispo de Pamplona aplaude al pueblo español por su generosidad.

¿Por qué apoyar a los misioneros?

Porque Jesús ya dijo a sus discípulos “Id y predicad el Evangelio a todas las gentes”. Un misionero tiene como lema fundamental este mandato del Señor. Porque el mundo necesita conocer qué es el ser humano y su dignidad, qué significa la fraternidad, la paz, la solidaridad, la justicia. El  misionero es el portador de este mensaje de Jesús.


¿Usted ha estado en algún territorio de misión?

Sí, he estado visitando a los misioneros en Guatemala, Méjcio Zimbabwe, Uganda, Mozambique… Ha sido un momento para mí muy importante. Yo siempre digo que a los que se quejan de la vida y de la situación por la que están pasando, les invitaría a irse un mes a cualquier territorio de misión, y sobre todo a lugares donde la pobreza está muy arraigada. Allí observarán lo que están haciendo los misioneros, sin quejarse, sin manifestar en  ningún momento malestar.


¿Por qué ayudar a los que están allí, cuando hay tanta necesidad aquí?

Lo primero, quiero aplaudir al pueblo español porque está muy enraizado el sentido de la generosidad y la solidaridad. Lo vemos en todos los ámbitos –Cáritas, Manos Unidas, Obras Misionales Pontificias…-. En muchas ocasiones, no se da más, porque no se les motiva. Lo importante es  motivarles, y presentar las necesidades que hay en el mundo. Es cierto que en España hay casos terribles y amargos –desahucios, familias sin trabajo…-, y que cuando nos toca cerca, queremos ayudarles. Pero esto no obsta para saber que donde peor se está pasando es en muchos países donde nuestros misioneros están en primera fila, y que hemos de cuidar a nuestros misioneros, para que puedan seguir dando, no sólo el pan de la Palabra, sino también el pan del alimento y de la solidaridad.


¿Usted se siente misionero?

Sí. Lo sentí de pequeño, leyendo la biografía de San Francisco Javier. A mí me impresionó. Leía mucha vida de santos, pero en especial me gustaba San Francisco Javier, cómo dejándolo todo, se fue a anunciar el Evangelio a la gente que le era desconocidísima; la revolución de amor que hizo en Asia. A mí me impresionó, y desde muy pequeño quise ser misionero. 
Después no pude ir a misiones porque caí enfermo y se ve que el Señor me dijo que mi misión era aquí, donde ahora estoy. Mi misión fundamental es cumplir la voluntad de Dios.


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