Los religiosos misioneros, heraldos de la misericordia

Entrevista a D. Vicente Jiménez, arzobispo de Zaragoza con motivo del DOMUND 2015




Como Presidente de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada y miembro de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, sus palabras arrojan una luz muy oportuna sobre esta Jornada Mundial de las Misiones 2015 que celebramos en el marco del Año de la Vida Consagrada
¿Qué le sugiere la expresión “Misioneros de la misericordia”, que preside el DOMUND de este año?
El lema nos ayuda a valorar la vida consagrada en este año especial, porque los religiosos misioneros son heraldos de la misericordia de Dios. Ellos tienen la misión de anunciar esa misericordia del Señor, corazón palpitante del Evangelio, a través de gestos y de palabras.
Por otra parte, este lema nos ayuda a preparar el Jubileo Extraordinario de la Misericordia convocado por el papa Francisco, y que tendrá lugar en toda la Iglesia desde el 8 de diciembre de 2015 al 20 de noviembre de 2016.

Más del 85% de los 13.000 “Misioneros de la misericordia” españoles son religiosos y religiosas. ¿Cuál es su aportación específica a la misión ad gentes?
El Santo Padre Francisco, en el Mensaje del DOMUND de este año 2015, siguiendo a san Juan Pablo II en la exhortación apostólica Vita consecrata, escribe que hay un fuerte vínculo entre vida consagrada y misión, porque “la dimensión misionera, al pertenecer a la naturaleza misma de la Iglesia, es también intrínseca a toda forma de vida consagrada”. Las personas consagradas están “en misión” en virtud de su misma consagración y según el carisma del propio Instituto. Los religiosos hacen visible, en su entrega total, la presencia amorosa y salvadora de Cristo, el consagrado del Padre, enviado en misión. Las personas consagradas, conquistadas por Cristo (cf. Fil 3,12), son en cierto sentido prolongación de Cristo misionero.

¿De qué manera estos hombres y mujeres pueden ser para todos un modelo de “discípulos misioneros”?
El impulso misionero ad gentes, propio de todo cristiano, se hace más patente en las personas consagradas, que tienen la misión de hacer presente a Cristo casto, pobre, obediente, orante y misionero. El deseo de santa Teresa de Lisieux: “Amarte y hacerte amar”; el anhelo ardiente de san Francisco Javier: “Aquí estoy, Señor, ¿qué debo hacer? Envíame a donde quieras”; y los testimonios de tantos religiosos a lo largo de la historia y en el momento presente son ejemplo y estímulo para todos los cristianos de cualquier estado y condición.

El decreto Ad gentes, del que se cumplen 50 años, exhorta a los institutos religiosos a reavivar su participación en la evangelización del mundo. ¿Cuál es hoy la respuesta de los institutos? ¿Siguen saliendo sus miembros a la misión?
Hoy también como ayer, los Institutos de vida consagrada y las Sociedades de vida apostólica se sienten urgidos al anuncio del Evangelio en la misión ad gentes. A pesar de las dificultades —con la disminución de vocaciones y el envejecimiento de los religiosos—, no decae el ardor misionero y consideran que la “fe se fortalece dándola” (cf. RM 2). Hay que reconocer con justicia que en los países donde tienen amplia raigambre las religiones no cristianas, como en Asia y África, la presencia de misioneros de Institutos religiosos adquiere una gran importancia en obras evangelizadoras, educativas, caritativas y culturales.

¿Qué nos puede decir sobre la labor de animación misionera que realizan los religiosos y religiosas en nuestros colegios y parroquias?
Las personas consagradas están y viven en una diócesis para potenciar la dimensión contemplativa, evangelizadora, educadora, caritativa y social. Los religiosos, en la diversidad de carismas, según el espíritu de sus fundadores y fundadoras, aportan a las parroquias y en los colegios el espíritu misionero, que es una de las características de la mayoría de los Institutos y Congregaciones. Me consta que en nuestras parroquias y colegios promueven la dimensión misionera de la fe, compartiendo también con los laicos ideales, espíritu y misión.

Para terminar, le invitamos a hacer un “llamamiento misionero” a la vida consagrada...
En la línea de las expectativas que el papa Francisco propone para el Año de la Vida Consagrada, hago mi llamamiento para que los religiosos, saliendo de sí mismos, sean “misioneros de la misericordia” y puedan ir a las periferias de la misión. “Id al mundo entero” (Mc 16,15) fue la última palabra que Jesús dirigió a sus apóstoles y nos dirige también hoy a todos nosotros, especialmente a los misioneros.
Hay una humanidad que espera: pueblos enteros que no conocen a Jesucristo y su mensaje de salvación; niños abandonados; ricos hartos de bienes y con el corazón vacío; hombres y mujeres sedientos de Dios.
Invito a mis hermanos los religiosos y religiosas a que encuentren la vida dando vida, la esperanza dando esperanza y el amor amando.


Rafael Santos
Director de la revista Illuminare


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