Esther Palma, misionera en Corea del Sur

En Corea del Sur la misericordia se hace presente a través de la Iglesia



Esther Palma es misionera de los Servidores del Evangelio de la misericordia de Dios en Daejon en Corea del Sur

"Ser misionera de la misericordia en medio de una sociedad hiper desarrollada científica y tecnológicamente me hace sentirme llena de alegría.

Especialmente trabajamos con jóvenes de la universidad a los que encontramos en los grupos de pastoral universitaria y con adolescentes a los que encontramos en un programa de voluntariado y misión que hacemos dos veces al año en zonas muy pobres del sudeste asiático.

Los jóvenes de Corea resienten el estrés de una sociedad que ha puesto en el centro el dinero, el poder, la inteligencia, el ser los primeros y deja fuera al 90% de los demás, los que somos normales, los que no somos perfectos, los que tenemos alguna o muchas debilidades. Es una sociedad muy excluyente y los jóvenes lo resienten muchísimo. Los adolescentes nos cuentan sus complejos por ser “delgados” por ser “gordos”, por no saber mucho inglés, por ser de una familia obrera, en fin… hay tanto que nos hace sentir “no queridos”, que nos deja fuera… y en medio de esta sociedad LA MISERICORDIA DE DIOS que se hace presente a través de la Iglesia.

Y ¡cómo no! De nosotros, los misioneros, y de nuestra pobre presencia. Hablamos el coreano con mucha dificultad, pero nos reímos de nuestros propios errores, vivimos en una casa sencilla, pero cuando los jóvenes vienen aquí dicen que les encanta porque es acogedora y están a sus anchas. Vamos con los jóvenes a visitar a algunos ancianos o personas con deficiencias psíquicas y es una fiesta de alegría y de Misericordia.


Qué bonita nuestra Misión. Que privilegio que un día Dios me llamara, me sacara de mi pequeño mundo, de mis pequeños sueños para entregarle la VIDA para esta misión tan maravillosa. Como ya sabéis aun guardo en el corazón el deseo de llegar un día a Corea del Norte, esa sociedad también está sedienta de la misericordia de Dios y de la alegría de ser todos hermanos. Es una sociedad muy herida y sólo Dios sabe cuándo podremos encontrarnos con aquellos hermanos. Mientras tanto, nos mantenemos en oración con el corazón en vilo, esperando con María al pie de la cruz y deseando que Dios nos diga cuándo es el momento de acercarnos a esa realidad".


Este es su gesto de misericordia ¿Cuál es el tuyo? 
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