La colecta del DOMUND es “la aportación de los pobres”

Rueda de prensa de presentación del DOMUND 2015 con el lanzamiento del vídeo Tiritas: Un gesto de misericordia puede cambiar el mundo




Anastasio Gil, director de Obras Misionales Pontificias (OMP) se refirió a “la universalidad y la solidaridad”, como dos notas características de esta Obra Pontificia cuyo único objetivo es ayudar a los 1.109 territorios de misión en el mundo. De hecho, la “hucha romana” donde las 140 Obras Misionales del mundo depositan anualmente los donativos recogidos, se denomina, precisamente, Fondo Universal de Solidaridad. El director de OMP en España destacó la importancia del “euro misionero”, ya que la fuerza de la recaudación de OMP está en la “aportación de los pobres”. De hecho, los 13 millones de euros del DOMUND 2014 (un 10% más que el año pasado), proceden fundamentalmente “de las parroquias, de los que participan en la Eucaristía dominical, de la suma de muchos pocos…” Esta especial forma de colaboración universal con la Iglesia, tiene su fundamento en la “limosna evangélica”. La gente se fía de OMP porque sabe que pone su dinero en las manos del Santo Padre, que es “quien conoce las necesidades” de la Iglesia en todo el mundo. En las Obras Misionales, no se trata de la ayuda de los países ricos del norte a los países pobres del sur, sino de la ayuda de todos entre sí. Como dato curioso, Anastasio Gil comentó que en 2014, Irán contribuyó al Fondo de Solidaridad de OMP, con 36 euros.

Las caras de la Misión: Carlos y Toñi



Carlos Gómez Vírseda, jesuita, misionero en Chad; y Antonia Valverde, “Toñi”, religiosa del Amor de Dios, misionera en Cuba, han puesto cara a la misión de la Iglesia.
Toñi explicó que su misión en Cuba consiste en “encarnar el amor misericordioso de Dios” entre los más necesitados y afirmó que “los que no tienen familia, son nuestra familia”. La religiosa reconoció que en estos nueve años que lleva como misionera en Cuba ha notado un “cambio para bien”, al que han contribuido las visitas de los últimos tres papas.
Por su parte, Carlos confesó que ha aprendido a ser “médico y maestro” mirando a Jesucristo. Aunque la práctica médica le desbordó al principio (el primer paciente que trató era un caso de malaria), descubrió pronto que si “curar” era algo que podía hacer sólo a veces, siempre podía “cuidar” a sus enfermos, aunque sólo fuera acompañándolos o cogiéndoles de la mano. El joven misionero resumió “el corazón” de su experiencia con un descubrimiento: “de la enfermedad al paciente, del paciente al hermano.” Como dice Carlos, si al principio era una enferma de Sida, luego era alguien con nombre y en un segundo momento de oración, un hermano, un hijo de Dios. El jesuita descubrió que “una vida larga o corta” no suma ni resta nada a la dignidad de ser hijo de Dios.

Finalmente, de cara al tan importante relevo generacional en los misioneros, que se está dando sobre todo en países que hasta hace poco recibían misioneros, Toñi destacó la importancia de trabajar con la Infancia misionera y Carlos lanzó un desafío a los jóvenes: “A los jóvenes nos falta valentía para salirnos de la fila y dar el paso”.


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