|
|
Todo país que se precie tiene sus embajadores y Tú, Jesús, antes de marchar al cielo, hiciste embajadores tuyos a los apóstoles, los primeros misioneros. Lo dice San Mateo al final de su evangelio: “Os mando que vayáis por todo el mundo y anunciéis el Evangelio a toda la humanidad”. Lo que tú querías, pienso yo, es que los doce no se quedasen formando una pandilla de amigos que guardan un secreto, tu LUZ, sino que querías que se lo dijesen a los demás. Ellos te hicieron caso y viajaron a todas partes: a Éfeso, a Roma, a la India, a España… como los misioneros de hoy. Nosotros también queremos ser valientes y no nos quedamos sólo con los amigos de siempre. Queremos ser amigos de todos los hombres y mujeres del mundo y más de los que sufren. Por eso te pedimos que nos ayudes a ser luz en el mundo, luz para quienes viven en la tristeza, luz para aquellas personas que no tienen nuestras comodidades, luz para nuestras familias, para nuestros compañeros de estudio o trabajo, para nuestros amigos… Ser luz no es tarea fácil, pero estamos llamados a iluminar esos lugares del mundo que necesitan mayor claridad. Nosotros podemos abrir nuestros brazos a todos los hermanos del mundo que tienen necesidad de paz, de fe, de amor, de comprensión, de pan, de luz… Por eso en esta celebración nos vamos a acordar de ellos y vamos a celebrar junto a ellos (En este momento se van encendiendo cada una de las velas de colores del altar queriendo simbolizar que con la fe llega la Luz a todos los pueblos de la tierra). Siguiendo el lema de este año “Dichosos los que creen”, queremos pedirte, Señor, que nos des fuerza para ser transmisores de tu Buena Noticia allá donde nos encontremos, que seamos verdaderos misioneros de la paz, el amor y el perdón. Que nuestra vida refleje de tal manera la tuya, que muchos otros puedan creer sin “verte”, viendo nuestra forma de vivir. Que el Espíritu nos fortalezca en los momentos más difíciles y nos empuje a proclamar la alegría que sentimos de ser cristianos.
Cada uno sale con la noticia a la que considera que debe dar LUZ. Se irán poniendo las noticias sobre las telas del altar y cada participante será invitado a compartir en qué y con quiénes él puede ser LUZ. Quien preside la celebración entrega tras el compartir una pequeña velita a cada uno como símbolo de que se ha comprometido ante la comunidad y ante Dios a compartir su fe, a ser sal y luz del mundo. Se intercala entre las diferentes intervenciones antífonas sencillas como:
(Con las velas encendidas) Vosotros sois la luz del mundo. Pero tenéis que descubriros como luz. Tenéis que saber que no se enciende una lámpara para ocultarla debajo de las sombras, sino para ponerla en la cumbre de la vida y que ilumine a todos en la tierra. Entonces no necesitaréis luz de lámpara, ni de sol… Tenéis que saber que no se iluminó vuestro corazón y fuisteis hechos luz para que os ocultéis en vuestra soledad, ni en vuestro egoísmo ni en vuestro capricho. De lo contrario sería inútil toda vuestra luz y os pareceríais a aquellos hombres que nunca descubrieron qué significa ver con el corazón. Y llegaréis a pensar equivocadamente, que sois oscuridad y vacío… Procurad con empeño que vuestra lámpara interior esté encendida. Sólo así lograréis que vuestra voz sea luz en la palabra y lo sea también en el silencio. Y un día, no lejano, sentiréis que habitáis el corazón de la vida y que os acoge el corazón del buen Dios. ¡Dichoso tú que has creído sin ver y que haces Vida el Evangelio en medio de quienes te rodean y en medio de los más necesitados de la tierra! (Se recita la profesión de fe, el Credo)
Llamados a ser LUZ, no nos podemos olvidar de otros útiles para nuestro camino, iluminando a todos aquellos que nos rodean para llegar a ser verdaderamente dichosos y hacer felices a los demás. Debemos recordar siempre, que para ser un buen misionero, sembrador de Luz en los corazones de las personas, tenemos que contar con unas sandalias (un participante en la celebración coge las sandalias y las coloca junto a un Cristo o imagen de Jesús) para recorrer el camino de la vida, siempre dispuestos a ofrecer una sonrisa, un rato de escucha, una ayuda concreta, un detalle… a nuestra familia, a nuestros compañeros de clase, a nuestros vecinos… Sandalias que recorran la distancia hacia los más pequeños de nuestro mundo, que se presten a caminar, incluso en los momentos de dificultad. No podemos llevar una venda en los ojos (un participante coge la venda y la coloca junto al Cristo o imagen de Jesús) para no ver la realidad. Tenemos que ser críticos, “protestones”, ante las situaciones de injusticias y desigualdades entre los países ricos y los países pobres (o en vías de desarrollo). También, a veces, Dios nos pide que confiemos en Él aunque no tengamos las pruebas suficientes, que nos fiemos de su Palabra y nos recuerda que seremos dichosos en la medida en la que seamos capaces de dejarnos inundar por la fuerza del Espíritu Santo, quien guía los pasos de todo buen misionero. Tenemos que ser conscientes de que si fuéramos pan, cantaríamos a Dios, que nos creó para la vida, y a la tierra, al sol, al agua, que nos nutrieron generosamente. Si fuéramos pan no viviríamos para nosotros mismos, viviríamos para los demás, sin cosas, sin tiempo, siempre disponibles para quien nos necesitara. Si fuéramos pan, seríamos humildes, estaríamos siempre para acompañar, sin fama ni privilegios, anularíamos todo sentimiento de violencia y rencor. Nos dejaríamos triturar en el amor para dar vida (otro coge la hogaza de pan y se coloca junto al Cristo o imagen de Jesús). Jesús llama felices y dichosos a los que como él recorren los caminos de este mundo, a los que abren sus ojos a la realidad de los hermanos y de Dios y a los que se hacen pan para el mundo. Él es el verdadero misionero, el Enviado del Padre con la unción del Espíritu. Y nosotros queremos, con Él, calzarnos las sandalias, quitarnos las vendas de los ojos y ser pan, para transformarnos en luz del mundo. Todos juntos alrededor del Cristo o de la imagen de Jesús cantan y luego rezan:
Quien dirige la celebración concluye la vigilia y da la bendición. Mientras se canta cada uno recibe la tarjeta-cartulina que les servirá para recordar día tras día su compromiso de ser LUZ para todos aquellas personas de su entorno que no han descubierto la alegría de ser cristianos, que dudan, que pierden fácilmente la fe y que necesitan misioneros a su lado que les hagan ver al Dios de Jesús.
Por
JMV - Juventudes Marianas Vicencianas |