Jornada Infancia Misionera: Manos a la obra


Mons. Francisco Pérez González
Director Nacional de OMP - España

 

 

Un año más queremos resaltar la importancia de la Infancia Misionera. Para ello hemos pensado hacer realidad aquello de “manos a la obra”. Es necesario remangarse y ponernos a trabajar con los niños y para los niños. Dentro de poco les tocará construir un mundo más en consonancia con los valores del Evangelio. Para eso conviene trabajar sin miedo desde estos momentos. Hemos de presentarles, con ilusión y realismo, todo lo que han de aprender para formarse como hombres y mujeres del futuro. Hemos de desenmascarar sin titubeos y con firmeza la confusión que hoy se cierne en la sociedad. La causa de la misma hunde sus raíces en el relativismo. ¡Cuánto daño se está haciendo a los que llevarán sobre sus hombros los destinos de la sociedad dentro de pocos años! Por ello conviene movilizarse y preparar con audacia a los niños que, como planta tierna, reciben todo y lo asumen con sencillez y asombro.

No todo es válido, como enseñan las filosofías relativistas, ni todo es bueno, como enseñan los maestros del “vacío existencial”. Una sociedad que no se forme en el principio moral de “aceptar el bien y rechazar el mal” se convierte en enemiga de sí misma. La niñez es como una esponja que absorbe todo lo que se le pone por delante y que marca para toda la vida. Tanto lo bueno como lo malo puede convertirse o en una vida sana, con actitudes moralmente bien orientadas, o en una bomba de relojería que el día menos pensado explota con formas de actuar que contradicen la dignidad humana. Libertad no es “hacer lo que a uno le apetece”;  es algo sagrado que ayuda a  crecer a la persona en un estilo de vida auténtico y que tiene como norma de vida “hacer el bien y buscar lo bueno”.

Para ello, los medios de comunicación social deben echar una mano. Desgraciadamente son frecuentes las veces que nos hallamos ante informaciones o programas interesados que contradicen y amenazan a la persona con modos de vida rastreros; son la “basura”, que nada tiene que ver con la identidad de la naturaleza humana, llamada a la armonía y a la belleza. En este campo hay que ponerse “manos a la obra”. Y son las familias, apoyadas por las parroquias, el colegio y los diversos ámbitos de Iglesia, quienes deben llegar a los niños para presentarles el seguimiento de Jesús como lo más hermoso que hay en la vida. Los diez mandamientos son el mejor programa de vida cristiana, más  aún, de experiencia humana.

La Infancia Misionera se compromete a ayudar a otros niños que están faltos de amor. Se solidariza con ellos para que puedan tener un hospital o una escuela o una capilla o un ambiente más digno. Los niños, con toda facilidad, se ponen “manos a la obra”, compartiendo sus ahorros para la consecución de dichos fines. No les cuesta e, incluso, piden a los mayores que les ayudemos. España es una de las naciones más generosas. Hagamos de esta Jornada de la Infancia Misionera un espacio de verdadera formación para nuestros niños, a fin de que, siendo amigos de Jesús, se pongan “manos a la obra” y miren a otros que, como ellos, son también hijos de Dios y merecen lo mejor de nosotros.

 

Revista Misioneros Tercer Milenio, enero de 2008