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Así exhortaba Benedicto XVI a los participantes en la Eucaristía del “envío” el pasado 21 de agosto en Cuatro Vientos (Madrid). Era la invitación al compromiso misionero para aquellos miles de jóvenes que estaban apurando las últimas horas de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ). Pocos días después se supo que este “mandato” tenía conexión con el lema de la próxima Jornada Mundial en Río de Janeiro: “Id al mundo entero y proclamad el Evangelio”. En el horizonte se vislumbra de nuevo que la dimensión misionera debe estar en la entraña misma de cualquier evento eclesial, como no podría ser de otra manera. Y nos felicitamos por ello.
En la “Tribuna” del número anterior ya anticipábamos que la continuidad de la JMJ era la misión. Aquel barrunto sería ratificado por el Papa: “No se puede encontrar a Cristo y no darlo a conocer a los demás. Por tanto, no os guardéis a Cristo para vosotros mismos. Comunicad a los demás la alegría de vuestra fe. El mundo necesita el testimonio de vuestra fe, necesita ciertamente a Dios. Pienso que vuestra presencia aquí, jóvenes venidos de los cinco continentes, es una maravillosa prueba de la fecundidad del mandato de Cristo a la Iglesia: «Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación» (Mc 16,15). También a vosotros os incumbe la extraordinaria tarea de ser discípulos y misioneros de Cristo en otras tierras y países donde hay multitud de jóvenes que aspiran a cosas más grandes y, vislumbrando en sus corazones la posibilidad de valores más auténticos, no se dejan seducir por las falsas promesas de un estilo de vida sin Dios”. La invitación es clara; no solo para dar testimonio de la fe en el ámbito social donde se vive, sino tomando parte activa en la labor evangelizadora de la Iglesia en los lugares donde Jesús aún no es conocido.
Esta exhortación del Papa resuena de forma intensa cuando nos estamos preparando para vivir con responsabilidad misionera el llamado “Octubre Misionero”, y, de manera especial, la Jornada Mundial de la Misiones (DOMUND 2011), fijada para el 23 de este mes con el lema: “Así os envío yo”. El correspondiente mural de Iglesia en Misión es una nueva sugerencia para canalizar la cooperación misionera de los fieles por medio del intercambio de bienes espirituales, personales y materiales. En él se reflejan los diversos tramos de esta implicación. Todo comienza con la oración perseverante para que el Señor envíe “obreros a su mies”; oración acompañada de la ofrenda de la vida, del trabajo y de la renuncia a la búsqueda de compensaciones. Así dispuestos, se nos invita a la cooperación económica para subvenir a tantas necesidades materiales de los misioneros y de los pueblos que viven en los territorios de misión. Si aquellas ayudas –tanto la oración como el sacrificio– son imprescindibles, esta –la económica– es el reflejo de su autenticidad.
Al final del Vía Crucis, en la madrileña calle de Recoletos, el Santo Padre Benedicto XVI pedía a los jóvenes: “Vosotros, que sois muy sensibles a la idea de compartir la vida con los demás, no paséis de largo ante el sufrimiento humano”.
Revista Misioneros Tercer Milenio, octubre de 2011
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