La expansión de la devoción a Santa Teresa del Niño Jesús en el mundo entero manifiesta con qué sentimientos de júbilo los fieles de la Cristiandad han acogido su canonización. No hay apenas región lejana e infiel donde la Virgen del Carmelo no se haya dignado hacer caer del cielo la lluvia de rosas que había prometido.
Esta es la razón por la que numerosísimos obispos alimentan la convicción de que frutos mucho más abundantes se recogerían en la viña del Señor si Santa Teresa del Niño Jesús —que ardía en un celo inflamado de dilatar la fe y cuya milagrosa intervención en los países paganos todos conocemos— fuera proclamada Patrona de todos los misioneros, en cualquier misión en que trabajaren. Los obispos misioneros presentaron humildemente a nuestro Santo Padre, el Papa Pío XI, las súplicas recogidas en el mundo entero, pidiendo que la suprema sanción apostólica ratificara sus aspiraciones comunes.
Su Santidad, oído el informe del infrascrito Cardenal Prefecto de la S. C. de Ritos, acogiendo con grandísima benevolencia las peticiones de los obispos, presentadas en gran número, se ha dignado declarar a Santa Teresa del Niño Jesús Patrona, a título especial, de todos los misioneros, hombres y mujeres, así como de todas las misiones existentes en todo el mundo.
Viene, pues, así a ser ella su Patrona principal, al igual que San Francisco Javier, con todos los derechos y privilegios que comporta este título.
Sin que esto obste nada en contra.
14 de diciembre de 1927
† A. Card. Vico
Prefecto de la S. C. de Ritos
(Acta Apostolicae Sedis, t. XX [1928], pp. 147-8)
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