El verdadero misionero es el santo
 

“La vocación universal a la santidad está estrechamente unida a la vocación universal a la misión. Todo fiel está llamado a la santidad y a la misión. [...] El renovado impulso hacia la misión ad gentes exige misioneros santos. [...] Es necesario suscitar un nuevo «anhelo de santidad» entre los misioneros y en toda la comunidad cristiana, particularmente entre aquellos que son los colaboradores más íntimos de los misioneros. [...] Por su parte, los misioneros reflexionen sobre el deber de ser santos, que el don de la vocación les pide, renovando constantemente su espíritu y actualizando también su formación doctrinal y pastoral. El misionero ha de ser un «contemplativo en acción». Él halla respuesta a los problemas a la luz de la Palabra de Dios y con la oración personal y comunitaria”
(Redemptoris missio, 90-91).