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Lolo, beato y enfermo misionero |
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Semblanza de Manuel Lozano Garrido
Monseñor Ramón del Hoyo |
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Textos Beatificación Carta Apostólica proclamando S.S. Benedicto XVI
Homilía en la ceremonia de beatificación Mons. Angelo Amato |
Manuel Lozano Garrido, Lolo, nació en Linares el 9 de agosto de 1920. Fue un joven seglar de Acción Católica que se tomó en serio el Evangelio; o cómo decía de él Martín Descalzo: “Se dedicaba a ser cristiano, se dedicaba a creer”. A los 22 años una parálisis progresiva le sentó en un sillón de ruedas, al que permaneció anclado con inmovilidad fue total durante más de 25 años. Y sus últimos nueve años, también ciego. Los largos años de enfermo fueron el crisol donde maduró en la oración profunda y mística, que se convertía en un servicio de amor al prójimo y en perdón a los enemigos. En su vida hay que destacar su profundo amor a la Eucaristía, su tierna devoción a la Virgen y su sencilla y firme adhesión de corazón a la Iglesia. La perenne alegría que, con su permanente sonrisa, sabía contagiar a los cientos de jóvenes y adultos que se acercaban a él en busca de consejo, tenía un secreto: “vivir la alegría en el dolor”. La vigencia de un hombre, después de su muerte, está en función de lo que fue capaz de lograr movido por el amor de Dios. Y así, aunque LOLO físicamente sólo fue un remedo de hombre, hizo cosas insospechadas y sorprendentes, como trabajar con jóvenes, fundar revistas y, sobre todo, escribir. Su afán misionero lo muestra en sus escritos a los enfermos y en la obra pía “Sinaí” que él fundó. "LOLO" escribió de todo: artículos de prensa, cuentos, cartas, ensayos y, principalmente, libros. Nueve libros profundos y, al propio tiempo, súper amenos, en los que habla de todo, pero esencialmente del dolor. Y no con resignación, ni con la obligada aceptación que impone su atadura, sino con alegría: con la convicción de que el sufrimiento era el vehículo ideado por Dios para él, para su realización y salvación. Sus escritos llenos de luz, al tiempo que de valentía y sencillez, son un reflejo de su vida interior y de su amor a la verdad del Evangelio. Los rasgos de su identidad como joven seglar de Acción Católica; como enfermo que acepta los planes de Dios sobre él; como periodista y escritor al servicio de la verdad convierten a este hombre de Dios en una figura de máxima actualidad y en faro luminoso para este momento de la historia de la Igelsia y de la humanidad. Murió en la misma en la ciudad de Linares de Linares en el día 3 de noviembre de 1971.
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