Adoración y liberación para el mundo

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 l pasado 1 de marzo, las Religiosas Adoratrices Esclavas del Santísimo Sacramento y de la Caridad iniciamos de forma oficial las celebraciones destinadas a conmemorar el ciento cincuenta aniversario del nacimiento de nuestra Congregación. Nuestra fundadora, Santa María Micaela, murió en Valencia en 1865 dejando abiertas 7 casas, con 156 religiosas y 40 novicias. Hoy las Adoratrices somos 1.500 y trabajamos en cerca de una veintena de naciones de Europa, Asia y América Latina, siempre con el único objetivo de ayudar sobre el terreno a la mujer que sufre explotación. Perú y Camboya son los últimos países en los que nos hemos hecho presentes.

Las Adoratrices fuimos fundadas en el año de 1856 por Micaela Desmaisières López de Dicastillo, más conocida por el nombre religioso que adoptó en la última etapa de su vida: Madre Sacramento. Nació Santa Micaela en Madrid el primero de enero de 1809, en plena guerra de la Independencia, en el seno de una familia vinculada a la nobleza. Su madre, doña Bernarda, era camarista de la Reina María Luisa, la esposa de Carlos IV, y su padre, don Miguel, militar, y servía igualmente en Palacio.

 

La esclavitud de la prostitución

La vida de Micaela fue un continuo batallar contra la esclavitud que conlleva la prostitución, desde que un buen día de 1844 descubriera este submundo de marginación, explotación e indignidad humana en el hospital de San Juan de Dios, al que iban a parar en la época los sifilíticos y demás enfermos venéreos. Al igual que en nuestros días, a mediados del siglo XIX las calles de las ciudades españolas se transformaban por completo con la caída del sol: entraban en escena, entonces, un nutrido grupo de mujeres obligadas a sacrificar su dignidad por un trozo de pan, a vender su libertad por dinero, a cambiar amor por sexo... Muchas de esas mujeres –guapas, llenas de sueños y esperanzas– acababan, enfermas, en los hospitales, marcadas de por vida por el estigma social de su “oficio” y sin posibilidad alguna de reinserción, dado que no existían establecimientos ni instituciones dedicadas a ellas.

Fue precisamente en ese hospital de San Juan de Dios donde Micaela se topó con el drama de estas jóvenes en la persona de una de ellas: una muchacha modosa y tímida, hija de un rico banquero navarro, que se había visto abocada a la prostitución tras ser engañada y seducida por unos desalmados. La Santa la llamó “la chica del chal” y su historia la conmovió en tal grado que la marcó de por vida.

“No se puede negar que las mujeres llamadas públicas son la clase más despreciada de la sociedad... ¿Y no habrá quien se compadezca de tal desgracia y les alargue una mano bienhechora para salir de esta situación?”, escribía Micaela en 1856, en el prólogo a las que serían las primeras Constituciones de las Adoratrices. Sabía ya Madre Sacramento que, sin ayuda, estas mujeres estaban abocadas a la muerte social en vida.

 

Una labor pionera

Micaela Desmaisières acabará consagrando su vida a ellas. Dejará su mundo acomodado y vacío para irse a vivir en una casa-colegio, junto a las chicas que le envían desde ese hospital, dispuestas a cambiar de vida. Acabará compartiendo el dolor y la fatiga de todas esas mujeres, víctimas de indecibles formas de esclavitud. Emprenderá, en suma, una labor reeducativa y pionera en pos de la liberación y promoción de la mujer caída. En las casas que va abriendo poco a poco por España (primero Madrid, luego Zaragoza, más tarde Valencia, y Barcelona, y Burgos, y Pinto, y Santander) practica una verdadera “pedagogía del amor”. Ante todo, respeta el sacrosanto principio de la libertad de la joven para entrar o salir del colegio, respeta también su privacidad y dignidad otorgando a las chicas un nombre “falso”, les habla al corazón... El amor y la cercanía son la base de todo; la base de una pedagogía de la libertad y del compartir, e igualmente, de un total servicio a las mujeres acogidas. “Las chicas para nosotras, y nosotras para las chicas”, llegará a escribir en 1880 la tercera superiora general de la Congregación.

Esta pedagogía creativa y, sobre todo, esta pasión por ser no sólo “para”, sino también “con”, tienen su razón de ser en la Eucaristía, que es el motor de nuestra espiritualidad. Hoy, como ayer, en la adoración continua delante del Sagrario “aprendemos a amar a nuestras jóvenes y a trabajar y vivir por ellas”. (C 13)

 

DATOS DE CONTACTO

ADORATRICES
C/ Ramírez de Arellano, 11
Madrid (España)

E-mail: micaela@adoratrices.com
Web: http://www.adoratrices.com/

Por Encarnación Jiménez
Religiosa Adoratriz
Revista Misioneros Tercer Milenio