Interpeladas por las angustias 
de nuestro tiempo

 

A

 finales del siglo XIX, en una lejana región de Filipinas, la naturaleza castiga con fuerza a su población. Una gran epidemia de cólera va sembrando desolación y muerte. Corría el año 1882.
Como consecuencia de esta situación, miles de niños quedaron a la intemperie, sin el calor de un hogar y con muchas necesidades al descubierto. Los Padres Agustinos, presentes ya en el continente asiático, al contemplar tanta desolación, volvieron los ojos hacia España y tocaron a las puertas del Beaterio de Agustinas Terciarias de Barcelona.

Derribando barreras

      El Espíritu se manifiesta con toda fuerza y siempre hay oídos atentos a su voz. Estas Hermanas Agustinas contemplativas, lejos de poner barreras al Espíritu, tratan de ir derribando las que se alzaban por su condición de vida, por el destino concreto de la misión, por la distancia, la lengua, la salida de su patria… Así el Espíritu lo inunda todo con sus dones, riega nuestra sequía, trastoca nuestros cálculos.
        Estas Hermanas ya encarnaban en su vida la disposición que recoge el nº 53 de las Constituciones: El carácter universal y misionero de la Congregación exige de nosotras una disponibilidad total para ser enviadas por las Superioras, donde los compromisos apostólicos nos soliciten dentro del campo de acción de nuestro carisma. “Extiende tu caridad por todo el orbe si quieres amar a Cristo, pues por todo el orbe están los miembros de Cristo”.

El nacimiento

       El mes de enero del año 1883 parte una primera expedición formada por 4 Hermanas y un segundo grupo saldrá en septiembre del mismo año.
         Esta respuesta pronta y sin titubeos pudo tener, y tuvo en efecto, sus contratiempos, desencantos y hasta fracasos. Pero llevaba en sí  la fuerza del Espíritu que será el germen de una nueva congregación religiosa.
        Siete años más tarde, en 1890, el Beaterio recibe una doble llamada: la de las huérfanas de Filipinas, cuya situación y futuro apremia a formar novicias expresamente destinadas a su atención, y la de las huérfanas de la “Escuela de Gratitud” de Madrid.
       En el mes de abril de 1890 parten de Barcelona hacia Madrid M. Querubina Samarra, M. Mónica Mujal y M. Clara Cantó para instaurar un Noviciado y hacerse cargo del asilo.
      La Congregación de Agustinas Misioneras nace el 6 de mayo de 1890 de la mano de estas tres mujeres extraordinarias.

El Evangelio, fuente fundamental

        La fuente fundamental de nuestra espiritualidad es el Evangelio vivido desde una perspectiva histórica y según el espíritu de San Agustín a través de:

  • La interioridad y la búsqueda de Dios. 

  • La vida comunitaria.

  • El servicio a la Iglesia.

      San Agustín concibe la interioridad como plenitud de ser y de vida en la que el conocimiento de sí mismo abre al conocimiento de Dios e incluye toda la riqueza del mundo creado: “Así, el Espíritu, volviéndose a sí mismo, comprende la hermosura del universo, el cual toma su nombre de la unidad”. (S. Agustín. De ord.1, 2, 3.)
        El camino de la interioridad nos exige conocimiento y unificación de nosotras mismas, oración y purificación del corazón, silencio y soledad para escuchar y atender la Palabra de Dios: No salgas fuera, retorna a tí mismo, en el hombre interior habita la verdad. (Constituciones Nº 5)
        La vida comunitaria nos lleva a vivir unánimes teniendo una sola alma y un solo corazón hacia Dios (Regla de S. Agustín 1,3). Para lograr este ideal San Agustín nos propone el estilo de vida de las primeras comunidades cristianas que tenían un solo corazón y una sola alma y nadie llamaba suyo a sus bienes, sino que todo lo tenían en común. (Cf. Hech.4, 32)
          Nuestras comunidades continúan en la Iglesia la misión de Jesucristo enviado por el Padre a anunciar a los pobres la Buena Nueva, a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar libertad a los oprimidos, haciendo así presentes en el mundo los valores del Reino. (Constituciones nº 7)
        El seguimiento de Cristo nos lleva a realizar nuestra misión con total disponibilidad a las llamadas del Espíritu, por medio de la educación y promoción, con especial atención a los ambientes pobres y necesitados y a los territorios de misión Ad gentes. (Cf.R.M.37; Constituciones 8)
       Lo vivimos en una comunidad de fe, amor y oración, en actitud de búsqueda, acogida y sencillez evangélica que asume la tarea encomendada a cada Hermana. 

Nuestra labor hoy

       Las llamadas del Espíritu son incesantes y están vinculadas a la historia de los hombres. Por eso, durante más de un siglo, en una escucha atenta, la Congregación ha ido afinando el oído y ha pronunciado un sencillo y fiel "Aquí estoy Señor, envíame a mí".
       Es así como unas quinientas Hermanas Agustinas Misioneras se extienden por España, Italia, Brasil, Colombia, Perú, República Dominicana, Argentina, Chile, La India, China, Taiwán, Argelia, Guinea Ecuatorial, Tanzania, Kenia y Mozambique. Trabajan en Centros Educativos de diversas clases y niveles, en Residencias Universitarias, en albergues y escuelas, con niños de la calle, en  parroquias y centros de salud.
       Han recibido el carisma agustiniano, don de Dios a su Iglesia, para la instauración del Reino de Dios y para aliviar las necesidades de los hombres. Son las tutoras y las tutelas de la gracia del Espíritu. Los carismas los suscita el Espíritu; el cultivo del carisma no es sino la experiencia del Espíritu. En la búsqueda de cómo adecuar y cultivar el carisma originario se está tejiendo la experiencia del Espíritu. Y en ese cultivo y adecuación, la Congregación se siente interpelada por los gritos y angustias del hombre de hoy y centra su servicio en la educación y promoción de la niñez y juventud, especialmente en aquellos ambientes más necesitados. (cf. Constituciones 8).

 

DATOS DE CONTACTO

AGUSTINAS MISIONERAS
Ulises, 37
28034 Madrid

Teléfono: 91 388 34 58

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Por Mª Paz Martín
Agustina Misionera
Revista Misioneros Tercer Milenio