Servidores de la Fe y la justicia

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a Compañía de Jesús fue fundada por San Ignacio de Loyola y un grupo de estudiantes de la Universidad de París –San Francisco Javier, Salmerón, Laínez, Bobadilla, Beato Fabro, Broet, Coduri, Simón Rodrígues y Jayo– el 15 de agosto de 1534. En una capilla de los arrabales de Montmatre, se comprometen a dedicar sus vidas “a la mayor gloria de Dios” y deciden llamarse “Compañía de Jesús”.
          De este núcleo inicial surge la Orden que aprobó el Papa Paulo III en 1540. Desde un primer momento, el grupo se pone al servicio del Romano Pontífice y adoptan un cuarto voto especial: el de “misiones”. Todos los miembros de la Compañía de Jesús deben estar siempre dispuestos a aceptar cualquier “misión” o cometido que el Papa tenga a bien asignarles. Es un voto incondicionado, de disponibilidad total.
        
En 1541 Ignacio comienza la redacción de las Constituciones de la Compañía y es elegido superior general de la misma. Debe entonces trasladarse a Roma. Francisco Javier, en cambio, partirá como misionero a la India, Japón... Desde ese momento, la actividad misionera de la Compañía no ha cesado hasta nuestros días.

¿Quiénes somos?

        En la Fórmula del Instituto, aprobada por los Papas Paulo III (1540) y Julio III (1550), se dice: “Cualquiera que en nuestra Compañía quiera ser soldado para Dios... tenga entendido que forma parte de una Compañía fundada ante todo... para emplearse en la defensa y dilatación de la santa fe católica, en ayudar a las almas en la vida y doctrina cristiana, predicando, leyendo públicamente y ejercitando los demás oficios de enseñar la palabra de Dios, dando los Ejercicios Espirituales, instruyendo a los niños y a los ignorantes en la doctrina cristiana, oyendo las confesiones de los fieles y administrándoles los demás sacramentos para espiritual consolación de las ánimas. También es instituida para pacificar a los desavenidos, para socorrer y servir con obras de caridad a los presos en las cárceles y los enfermos en los hospitales, según sea necesario para la gloria de Dios y el bien universal”.
         Este ideario ha movido durante cinco siglos a la Compañía de Jesús. Se dice que los jesuitas nunca han sido hombres cómodos dentro de la Iglesia. Pero no han sido incómodos contra la Iglesia, sino solamente a su servicio, a la manera de San Pablo que, como apóstol de las gentes, era un ejemplo para San Ignacio. Si Pedro confirma a sus hermanos en la fe, Pablo es elegido para un apostolado que alcance a todos los hombres que ignoran la Buena Nueva. Por eso, es preciso abrir senderos peligrosos  y es fácil cometer errores. Es por amor a la Iglesia y fidelidad al Santo Padre por lo que cumplimos esta misión.

¿Qué hacemos?

         Desde sus orígenes en el siglo XVI, la Compañía ha sido internacional en su composición. Hoy está integrada por 21.674 compañeros, presentes en 126 países del mundo. Actualmente, los jesuitas que trabajan en naciones no cristianas son: 1.293 en África y 5.462 en Asia y Oceanía.
       Los jesuitas indios sobrepasan ya los 3.300 y constituyen, tras los de Estados Unidos, el grupo más numeroso del mundo. Españoles son 1.900.
       Constatamos con gozo que el número de jesuitas crece en Asia y África, y que permanece más o menos estable en Latinoamérica. Como tantas otras familias religiosas, el Instituto ve también como envejecen y disminuyen las vocaciones en Norteamérica y Europa, a excepción de Europa del Este.
        La Compañía tiene como característico de su apostolado estar siempre dispuesta al servicio de la misión de Cristo y de la Iglesia, donde sea más necesario y urgente. Como dijo Pablo VI y ha repetido Juan Pablo II, “aún en los campos más difíciles y de vanguardia, en las encrucijadas de las ideologías, en las trincheras sociales, allí donde esté el choque entre las exigencias más candentes del hombre y el perenne mensaje del Evangelio, allí han estado y allí están presentes los jesuitas”. Van a donde haga falta. Por eso, hoy, se encuentran en el apostolado teológico, en el apostolado intelectual y universitario, en el apostolado de los Ejercicios Espirituales, en el apostolado social, en el apostolado misionero, en el apostolado de los medios de comunicación social, en el apostolado de la educación o en colaboración con los laicos en la misión apostólica.

¿Adónde vamos?

         
La Compañía de Jesús se deja guiar por los retos de la nueva evangelización asumidos por Juan Pablo II y ha elaborado una respuesta específica a esta llamada, concentrándose en la misión de anunciar a Cristo vivo en el corazón de las culturas de nuestro tiempo, en el diálogo con los no-católicos y con las grandes religiones mundiales, y en el deber de encarnar la dimensión social del Evangelio mediante el amor preferencial por los pobres, anunciando la Justicia del Reino y denunciando las injusticias del mundo.
        Dentro de este marco, y de acuerdo con nuestro carisma, la misión actual de la Compañía es el servicio de la fe y la promoción en la sociedad de la justicia evangélica, que es sin duda como un sacramento del amor y la misericordia de Dios. 

Características de la Espiritualidad Ignaciana

        Además del amor a la Santísima Trinidad y del seguimiento personal de Cristo, común a todas las espiritualidades:  

  • Buscar y hallar la voluntad de Dios sobre mi vida. No lo más perfecto objetivamente, sino lo que Dios quiere de mí. 

  • Ensanchar el corazón a las dimensiones del mundo, pero aterrizando en lo concreto para no perderme en vaguedades o en ideales irrealizables. 

  • Conocer mi realidad lo más ampliamente posible. De ahí, mucho examinar cada situación y también examinarme. 

  • Discernir, a la luz de la oración y de la razón iluminada por la fe, cómo puedo mejorar esa realidad para hacerla más evangélica. 

  • Encontrar a Dios en todo lo creado, siendo contemplativos en la acción o unidos con Dios en la acción.

DATOS DE CONTACTO

COMPAÑÍA DE JESÚS
Avda. de la Moncloa, 6 
28003 Madrid.
Teléfono: 91 534 48 10

Web: http://www.jesuitas.es/

Por Cristóbal Sarriás
Jesuita
Revista Misioneros Tercer Milenio