Testigos del amor de Dios |
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La Congregación nace de una intervención de Dios en la historia de un hombre y una mujer: José María Coudrin y Enriqueta Aymer. Es el final del siglo XVIII y comienzos del XIX, en plena explosión de la Revolución Francesa. José María es un joven sacerdote, perseguido por no querer jurar la Constitución Civil del Clero, que tiene que huir constantemente de un lugar para otro. Pero infatigable en su apostolado, por difícil y expuesto que le resulte. Enriqueta Aymer pertenecía a la nobleza, razón por la cual estaba en prisión con su madre. Allí es donde conoció a José María Coudrin, y donde comenzó su conversión. Entre los dos, concibieron la nueva Congregación.
Su Carisma
Quizás
el mejor acercamiento a la espiritualidad de una Congregación se hace
profundizando en la imagen que tiene de Dios y de la experiencia de Dios
que tuvieron sus fundadores. ¿Qué rasgos de Dios acentuaron ellos? ¿A
qué pasaje bíblico fueron más sensibles? Responder a estas preguntas
nos ayudaría a conocer el núcleo de su espiritualidad, que brota de la
imagen del corazón de Jesús. Jesús
se convierte, para los miembros de la Congregación, en modelo
inagotable de vida. Su vida histórica, su humanidad es su regla. Por
eso los fundadores hablan de “imitar las cuatro edades de nuestro Señor
Jesucristo” (nacimiento, vida oculta, vida pública y vida
crucificada), como primer fin de la Congregación. O con palabras del
fundador: “En Jesús lo encontramos todo: su nacimiento, su vida y su
muerte; he ahí nuestra regla”. En
Jesús se encarna el amor misericordioso de Dios; y cada religioso(a)
debe ser testigo de ese amor. Es lo que hoy expresa, diciendo que
“hemos sido llamados a contemplar, vivir y anunciar al mundo el Amor
de Dios encarnado en Jesús”. Pasión por los
hombres
Esta
percepción del amor de Dios en Cristo está en estrecha relación con
la devoción a los Sagrados Corazones. Devoción que significa
“entrega”, “consagración”, “darse enteramente”.
Esta entrega y consagración se traduce, también, en una pasión
por los hombres.
Un
dato muy significativo es la unidad de las dos ramas, masculina y
femenina, aprobada como una sola Congregación. Desde sus comienzos la
Congregación tuvo, también, una rama secular; sin embargo es en estos
últimos tiempos cuando se ha abierto decididamente a los laicos la
posibilidad de compartir su espiritualidad, su carisma y su misión,
incorporándoles a formar parte de la Congregación, en la Rama Secular. La Congregación, hoy
En
las orientaciones que se derivan de los últimos Capítulos Generales,
se pone de manifiesto especialmente una llamada a subrayar la dimensión
misionera, y más concretamente en la consolidación de los proyectos de
África y Asia. Se
concede una gran importancia a la implantación de la Congregación en
esos continentes por medio de religiosos procedentes de esas culturas.
Para ello se van dejando ciertas presencias, menos significativas hoy, y
fortaleciendo al mismo tiempo las presencias del Tercer Mundo.
Se
puede decir, en verdad, que los misioneros y misioneras de la Congregación
de los Sagrados Corazones están haciendo hoy día un gran esfuerzo por
llevar el Evangelio a lugares nada fáciles, donde, en ocasiones, hay
que sufrir la violencia surgida de las guerras.
Por
Felix González López |