Semillas de amor para un mundo más solidario

E

l Movimiento de los Focolares, difundido en los cinco continentes, se presenta con la fisonomía de un pequeño pueblo, de razas, culturas e idiomas distintos. Gentes de las más diversas profesiones y condiciones sociales, tradiciones cristianas, religiones y convicciones se comprometen a ser una semilla de un mundo más solidario, de un mundo unido.

Precisamente en los tiempos en los que Europa vivió los años más oscuros de su historia, por la violencia y el odio del segundo conflicto mundial (1943), en una pequeña ciudad del norte de Italia, Trento, Chiara Lubich, una joven maestra de poco más de 20 años, con algunas otras chicas, bajo los bombardeos que destruían todas las cosas, descubrieron en el Evangelio aquellos valores del espíritu capaces de reconstruir en el hombre su verdadera dignidad y recomponer la familia humana en la fraternidad y en la unidad. Esta sería la chispa inspiradora.

El amor evangélico se descubre como una revolución personal y colectiva que sana divisiones, conflictos y desigualdades sociales. En el “que todos sean uno” evangélico, Chiara encuentra un proyecto de unidad universal por el que gastar la vida. Nace así el Movimiento de los Focolares de renovación espiritual y social. Desde los inicios la gente lo llamará “de los focolares” (fuego de hogar), por el “fuego” de amor evangélico experimentado. Hoy se extiende por 182 países con más de 4 millones y medio de adherentes y simpatizantes.

El Movimiento, por la variedad de las personas que lo componen –jóvenes y adultos, niños y adolescentes, familias y sacerdotes, religiosos y religiosas de distintas congregaciones y también obispos–, aun siendo una única realidad, se articula en 18 ramas.

Por esta espiritualidad de la unidad, típicamente comunitaria, vivida en los más variados ambientes y culturas, se han abierto diálogos fecundos: en el mundo católico entre personas, grupos, movimientos y asociaciones, para contribuir a reforzar la unidad; entre cristianos de diversas Iglesias, para favorecer la plena comunión; entre creyentes de varias religiones y con personas sin convicciones religiosas. Juntos nos encaminamos hacia esa plenitud de la verdad y esa fraternidad universal a la que todos tendemos, abriendo nuevos horizontes en los distintos ámbitos de la sociedad: cultura, política, economía, arte. 

Llamada a evangelizar

Como decía Juan Pablo II: “No se puede evangelizar, si antes no se evangeliza uno mismo, si no se es personalmente objeto de evangelización”. Éste ha sido siempre nuestro compromiso: evangelizarnos antes que nada a nosotros mismos, cambiar nuestro modo de pensar, de querer, de amar... para hacerlo semejante al de Jesús, como está escrito en el Evangelio. Para realizar esta evangelización personal, el Espíritu Santo nos empujó desde el inicio a vivir la Palabra, y así cada mes cogemos una frase del Evangelio –que llamamos “Palabra de Vida”–, y tratamos de vivirla con sencillez, comunicándonos las experiencias para ayudarnos recíprocamente.

Hemos aprendido con la vida, que el amor evangélico tiene algunos requisitos que, entre nosotros, llamamos el arte de amar. Se trata de un amor dirigido a todos, que siempre toma la iniciativa; es el primero en amar, no es un amor de palabra, sino que se “hace uno” con los demás, por lo tanto, un amor concreto. Un amor que descubre a Jesús en el hermano, recordando lo que Él dijo: “A mí me lo hiciste” (Mt 25, 40). Es un amor que ama incluso a los enemigos, como hace el Padre celestial que manda la lluvia y el sol sobre los buenos y malos. Es un amor que tiende, por sí solo, a la reciprocidad.

En nuestra experiencia es fundamental el testimonio del amor mutuo para la evangelización. Vivir el mandamiento nuevo de Jesús, por el cual se vive la espiritualidad de comunión, como hoy es llamada en la carta Novo millennio ineunte. Los primeros cristianos lo vivían y la gente decía: “Mirad cómo se aman, están dispuestos a morir los unos por los otros”. 

Por la presencia del Movimiento en todos los continentes, son innumerables las experiencias de evangelización llevadas a cabo en contextos de pueblos y razas distintas, donde este estilo de amar se convierte en piedra angular para la evangelización. 

Fontem, un ejemplo

La tribu de los Bangwa (Fontem), en el Camerún occidental, nos pidió ayuda en 1966 para salvar a su pueblo, que vivía en medio de la selva, en estado primitivo, muy pobre, afectado por muchas enfermedades, con una mortalidad infantil del 90%. Desesperado, porque sus oraciones no habían obtenido resultado, el pueblo recurrió, dando una ofrenda, a las oraciones de la misión católica más cercana y, a petición del obispo de la diócesis, se trasladaron algunos focolarinos, abriendo un dispensario en una mísera cabaña.

En los años sucesivos, gracias a la solidaridad internacional promovida por los jóvenes del Movimiento, se edificó un modesto hospital, una escuela, canalizaron un torrente para conseguir electricidad, levantaron casas... Pero, sobre todo, viviendo el Evangelio en la vida cotidiana daban testimonio de amor recíproco entre ellos.

Los Bangwa no tenían noticias muy buenas de la presencia de “los blancos”, debido al colonialismo, y les observaron durante meses: querían asegurarse de que aquellas mujeres y hombres blancos no se movían por intereses personales. Una vez convencidos de la sinceridad y transparencia de los nuevos habitantes, comenzaron a colaborar en lo que podían y a querer conocer algunos fundamentos de nuestra fe, llegando muchos al bautismo. Así, en los primeros años, casi diez mil bangwas entraron en la Iglesia católica.

Los años pasaron y todo fue progresando: el hospital creció;  la mortalidad infantil se redujo  al 2%; la plaga de la enfermedad del sueño se venció; se construyó un colegio con escuela primaria y secundaria; caminos para comunicar las aldeas; y se edificó también una iglesia que más tarde fue erigida como parroquia.

Ahora, después de casi 40 años, se ve lo que puede hacer el anuncio del Evangelio cuando se basa en la vida y el testimonio. Ha surgido una ciudad en plena selva tropical, construida por todos, donde los habitantes viven el amor recíproco. Hemos visto que se puede construir la concordia entre personas de continentes y razas diferentes, y que todos se sientan una sola familia.

Hoy, aunque muchos bangwa siguen profesando la religión tradicional y su estructura social básica se apoya en un sistema ancestral, la fraternidad en Fontem triunfa y realiza milagros. De hecho, como afirma el actual rey de Fontem: “Todos los que han acogido la forma de vida del Movimiento resuelven todo entre ellos con el amor, no hay litigios por los límites de la propiedad, no hay nadie que robe, no se hieren y aún menos asesinan”. Viven en paz. Los frutos son numerosos: peticiones de perdón y reconciliaciones entre parientes y vecinos; aceptación del dolor; se cree en la Providencia de Dios que llega regularmente; muchos piden ser bautizados participando del resto de sacramentos...

Por el testimonio de su rey, que se ha puesto a la cabeza de su pueblo, invitando a todos a vivir el espíritu cristiano de nuestro Movimiento, esta acción evangelizadora ha llegado a toda la región. Ahora, también otras tribus, con sus reyes a la cabeza, asisten a reuniones periódicas donde se explica la Palabra, el Evangelio, acompañado de experiencias y otras dinámicas que implican a todos, pidiendo nuestra presencia en sus aldeas y poblados.

Hoy día distintas personalidades eclesiásticas y civiles nos alientan para que llevemos lo que hemos hecho en Fontem a otras diócesis y a otros países africanos, mirando a este lugar como un punto de referencia para la evangelización.  

 

DATOS DE CONTACTO

FOCOLARES
C/Poniente 30
Las Matas
28290 Las Rozas

Web: http://www.focolares.es

Por Anuska Sans
Movimiento de los Focolares
Revista Misioneros Tercer Milenio