Para el amor no hay fronteras |
uestro nombre, Hermanas Auxiliadoras, quiere expresar nuestro deseo de “acompañar a los que sufren desde las profundidades del dolor hasta el encuentro gozoso con el Amor”, tanto en los llamados países de misión como en los nuevos areópagos del Occidente descristianizado. “Bendita vocación”
Desde el inicio las primeras auxiliadoras salieron al encuentro de los enfermos pobres y olvidados en el gran París, y pronto también traspasaron las fronteras geográficas para fundar la tercera casa del Instituto en Shanghai, a los 11 años de la fundación. Hecho que hizo exclamar a la fundadora: “Bendita vocación que nos hace ir desde las profundidades del Purgatorio hasta los últimos confines de la tierra”. Los acentos de nuestra misiónLa universalidad, inherente a nuestra espiritualidad ignaciana, fue tomando cuerpo a lo largo del tiempo. Y hoy, a los 150 años de la fundación, somos 700 auxiliadoras, organizadas en 120 comunidades, presentes en 24 países. En América estamos en: Canadá, Estados Unidos, México, Nicaragua, El Salvador y Colombia; en África: Ruanda, Chad y Camerún; en Asia: China, Hong-Kong, Taiwán, Japón e India; y en Europa: Francia, España, Bélgica, Italia, Gran Bretaña, Austria, Suiza, Alemania, Rumanía y Hungría.
Unas y otras labores encarnan el deseo de la fundadora: “Ayudar a todo bien sea cual fuere”. Lo que supone para cada una de las hermanas poner al servicio de la misión los dones gratuitamente recibidos. De ahí la multiplicidad de nuestras tareas misioneras. No tenemos obras propias. Y cuando la necesidad nos urge a ponerlas en marcha, en cuanto sea posible pasan a manos autóctonas. Cambio de colorNuestras comunidades, cada vez más plurales, así como la progresiva descentralización europea de las misiones y vocaciones hacia el Este europeo o los otros continentes, están cambiando el color de nuestros encuentros internacionales y ensanchando nuestras presencias misioneras hacia nuevos y más vastos horizontes. Esta realidad nos invita a encarnar lo más nuclear de nuestro carisma, acogiendo como riqueza la diversidad intercultural, tanto dentro como fuera del instituto.
Por
Teresa Ruiz Cebeiro |