El mundo entero por misión

A

la hora de marcar el límite de la tarea apostólica de las Hermanas de Nuestra Señora de la Caridad del Buen Pastor, Santa Mª Eufrasia Pelletier, fundadora de la congregación, decía que “nuestra misión debe abarcar el mundo entero”.

Rosa Virginia Pelletier, que ese era su nombre antes de acceder a la vida religiosa, nació en la isla de Noirmoutier, el 31 de julio de 1796, en una Francia fuertemente convulsionada por las consecuencias de la Revolución. El siglo XIX se caracteriza en este país por la inestabilidad política. Por otra parte, las repercusiones de la transformación industrial dan lugar a una mano de obra desplazada masivamente del campo a la ciudad, lo que deriva, en muchos casos, en la aparición de grandes bolsas de pobreza severa. Se ponen también en marcha grandes obras de utilidad pública, como el ferrocarril. Es, además, el siglo en el que nace el “feminismo”, gracias a la lucha de algunas mujeres para defender y hacer reconocer sus derechos como persona.

 Ella asistió como espectadora privilegiada a la reconstrucción de la Iglesia en Francia y comprendió el valor y el precio que supuso para muchos sacerdotes y personas consagradas “la salvación de las almas”. Sus padres, fervorosos creyentes, bautizaron a su hija en su propia casa. Sólo un año después Rosa Virginia recibió este sacramento de manos de un sacerdote que, con riesgo de su vida, recaló en la isla, por un brevísimo tiempo, para consuelo de aquella comunidad, privada de toda asistencia religiosa durante años.

Siempre se preció de ser “hija de la Iglesia” y animaba a sus religiosas insistentemente en su adhesión a la santa Iglesia católica, apostólica y romana. Decía: “Además de religiosas sois misioneras. Debéis tener espíritu apostólico, vuestra oración debe ser apostólica. Al llegar a una fundación pensad que habéis sido enviadas por la Iglesia. Nuestra vida debe estar consagrada a la propagación de la fe y a la salvación de las personas”.

 

El Refugio

Con 14 años y para completar su formación, su madre la envía a un colegio que la Asociación Cristiana tiene en la ciudad de Tours. Es en esta ciudad donde descubre El Refugio, una casa de acogida para mujeres en dificultad, perteneciente a la orden de Nuestra Señora de la Caridad del Refugio, fundada por San Juan Eudes en el siglo XVII. Al Refugio llegan mujeres con diferentes problemas. Unas solicitan voluntariamente ser acogidas, otras vienen obligadas. Las hay jóvenes y otras que no lo son tanto, pero a todas se les procura una formación espiritual y humana, que les facilite una vida digna a su retorno a la sociedad.

Al cumplir dieciocho años,  Rosa Virginia ingresa en este monasterio y recibe el nombre de  Mª Eufrasia, aunque ella había pedido Teresa. Le tenía gran devoción y admiración a esta santa española. Animada por un gran celo apostólico, unido a una profunda espiritualidad, pasó los primeros años de su vida religiosa al servicio directo de estas jóvenes y mujeres. Con 29 años y un permiso especial, pues no tiene la edad requerida, es elegida superiora de la comunidad. En contacto con las jóvenes y mujeres acogidas, comprende que algunas deseaban consagrar su vida a Dios y forma una comunidad contemplativa para las que querían dedicar su vida a la oración, la contemplación, el trabajo y la penitencia, asociándose por este medio al trabajo apostólico de la orden. Esta experiencia fue pionera y la primera en conseguir resultados positivos duraderos.

En 1829 el obispo de Angers le solicita la fundación de un monasterio en su ciudad, a lo que Mª Eufrasia accede con prontitud. Muchas mujeres recurren a los sacerdotes en demanda de ayuda, víctimas de una sociedad que aún no ha entendido lo que significa “libertad, igualdad y fraternidad”, y que no reconoce a la mujer sus derechos como ciudadana. Según el Código Civil francés de la época, la mujer es considerada como menor de edad y debe estar representada por un padre, un hermano o un marido. Las mujeres solas, sean de la edad que sean, deben ser protegidas por el Estado, y para eso se las envía a casas de acogida y, si no existe el establecimiento apropiado, es fácil que sean ingresadas en la cárcel.

Esta nueva fundación tomó el nombre de “Buen Pastor”, en memoria de otra casa que había existido en la ciudad en el siglo anterior y cuya obra era similar.

 

La nueva congregación

Cuando Mª Eufrasia termina su tiempo como superiora en Tours, el capítulo de la comunidad la nombra para el mismo servicio en la reciente fundación de Angers. Bajo su dirección este monasterio se ensancha rápidamente en todas las direcciones. Las novicias se multiplican y las personas acogidas también son numerosas. No hace un mes que ha llegado, y le piden que se haga cargo de un orfanato de niñas que existe en la ciudad. Acepta enseguida. Y, pronto, también aquí establecerá una comunidad de contemplativas.

Deseaba que el mundo entero se beneficiase de la obra de salvación iniciada por San Juan Eudes. Pero los monasterios eran autónomos y era difícil que religiosas de una casa pudieran pasar a otra. La solución era crear un gobierno centralizado o generalato. Después de muchas dificultades, el generalato es aprobado en 1835. Con esta aprobación, la Iglesia estableció la casa de Angers como casa madre de una congregación distinta de la orden de Nuestra Señora de la Caridad del Refugio. Esa nueva congregación recibió el nombre de Nuestra Señora de la Caridad del Buen Pastor.

Con la aprobación del generalato, el Buen Pastor se extiende como “un río de agua viva” por el mundo entero. Tanto es así que a la muerte de Mª Eufrasia, el 24 de abril de 1868, la congregación contaba con 110 casas repartidas por los cinco continentes, 2.376 religiosas apostólicas y 962 contemplativas. Hoy la congregación está presente en 66 países.

 

Nuestra espiritualidad

La espiritualidad de las Hermanas del Buen Pastor está centrada en la persona de Cristo. La devoción a los Sagrados Corazones de Jesús y María, el amor a la voluntad del Padre y el compromiso de vivir y trabajar por la salvación de las personas, son elementos característicos de la doctrina de San Juan Eudes. Santa Mª Eufrasia deseaba que este espíritu viviera en todas las hermanas de la congregación. Al contemplar el Corazón de Jesús, descubre la compasión y la solicitud del Buen Pastor.

Jesús Buen Pastor nos llama a vivir con Él y a continuar su misión redentora en la Iglesia. Nuestra consagración, que está profundamente enraizada en nuestro bautismo, nos orienta plenamente hacia el Padre en el amor y nos entrega totalmente a la obra salvadora de Cristo.

Nuestras relaciones con las personas con quienes tratamos deben hacerles tomar conciencia de su valor y dignidad de hijos de Dios. Al mismo tiempo, somos conscientes de que recibimos de ellas misericordia, y de que no podemos separar nuestra salvación de la suya.  

 

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MISIONEROS DEL VERBO DIVINO
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Por Rosa Mº Corral
Hermana del Buen Pastor
Revista Misioneros Tercer Milenio