El mundo entero por misión |
la hora de marcar el límite de la tarea apostólica de las Hermanas de Nuestra Señora de la Caridad del Buen Pastor, Santa Mª Eufrasia Pelletier, fundadora de la congregación, decía que “nuestra misión debe abarcar el mundo entero”.
Ella asistió como espectadora privilegiada a la reconstrucción de la Iglesia en Francia y comprendió el valor y el precio que supuso para muchos sacerdotes y personas consagradas “la salvación de las almas”. Sus padres, fervorosos creyentes, bautizaron a su hija en su propia casa. Sólo un año después Rosa Virginia recibió este sacramento de manos de un sacerdote que, con riesgo de su vida, recaló en la isla, por un brevísimo tiempo, para consuelo de aquella comunidad, privada de toda asistencia religiosa durante años. Siempre se preció de ser “hija de la Iglesia” y animaba a sus religiosas insistentemente en su adhesión a la santa Iglesia católica, apostólica y romana. Decía: “Además de religiosas sois misioneras. Debéis tener espíritu apostólico, vuestra oración debe ser apostólica. Al llegar a una fundación pensad que habéis sido enviadas por la Iglesia. Nuestra vida debe estar consagrada a la propagación de la fe y a la salvación de las personas”.
El Refugio Con 14 años y para completar su formación, su madre la envía a un colegio que la Asociación Cristiana tiene en la ciudad de Tours. Es en esta ciudad donde descubre El Refugio, una casa de acogida para mujeres en dificultad, perteneciente a la orden de Nuestra Señora de la Caridad del Refugio, fundada por San Juan Eudes en el siglo XVII. Al Refugio llegan mujeres con diferentes problemas. Unas solicitan voluntariamente ser acogidas, otras vienen obligadas. Las hay jóvenes y otras que no lo son tanto, pero a todas se les procura una formación espiritual y humana, que les facilite una vida digna a su retorno a la sociedad.
En 1829 el obispo de Angers le solicita la fundación de un monasterio en su ciudad, a lo que Mª Eufrasia accede con prontitud. Muchas mujeres recurren a los sacerdotes en demanda de ayuda, víctimas de una sociedad que aún no ha entendido lo que significa “libertad, igualdad y fraternidad”, y que no reconoce a la mujer sus derechos como ciudadana. Según el Código Civil francés de la época, la mujer es considerada como menor de edad y debe estar representada por un padre, un hermano o un marido. Las mujeres solas, sean de la edad que sean, deben ser protegidas por el Estado, y para eso se las envía a casas de acogida y, si no existe el establecimiento apropiado, es fácil que sean ingresadas en la cárcel. Esta nueva fundación tomó el nombre de “Buen Pastor”, en memoria de otra casa que había existido en la ciudad en el siglo anterior y cuya obra era similar.
La nueva congregación Cuando Mª Eufrasia termina su tiempo como superiora en Tours, el capítulo de la comunidad la nombra para el mismo servicio en la reciente fundación de Angers. Bajo su dirección este monasterio se ensancha rápidamente en todas las direcciones. Las novicias se multiplican y las personas acogidas también son numerosas. No hace un mes que ha llegado, y le piden que se haga cargo de un orfanato de niñas que existe en la ciudad. Acepta enseguida. Y, pronto, también aquí establecerá una comunidad de contemplativas.
Con la aprobación del generalato, el Buen Pastor se extiende como “un río de agua viva” por el mundo entero. Tanto es así que a la muerte de Mª Eufrasia, el 24 de abril de 1868, la congregación contaba con 110 casas repartidas por los cinco continentes, 2.376 religiosas apostólicas y 962 contemplativas. Hoy la congregación está presente en 66 países.
Nuestra espiritualidad
Jesús Buen Pastor nos llama a vivir con Él y a continuar su misión redentora en la Iglesia. Nuestra consagración, que está profundamente enraizada en nuestro bautismo, nos orienta plenamente hacia el Padre en el amor y nos entrega totalmente a la obra salvadora de Cristo. Nuestras relaciones con las personas con quienes tratamos deben hacerles tomar conciencia de su valor y dignidad de hijos de Dios. Al mismo tiempo, somos conscientes de que recibimos de ellas misericordia, y de que no podemos separar nuestra salvación de la suya.
Por
Rosa Mº Corral |