Para los niños ternura, para los pobres amor
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as hermanas de la doctrina Cristiana somos una congregación fundada por Micaela Grau, nacida en San Martín de Provensals (Barcelona), el día 25 de mayo de 1837. Una sencilla mujer, de cuyos orígenes nada se sabe, pero sí de su crecimiento humano y espiritual al calor de una familia cristiana que la crio como una hija más, junto con sus cuatro hijos. Las costumbres de la época hicieron que Micaela contrajera matrimonio con el joven Gabriel Grau, que le dio su apellido, a la edad de dieciocho años. Vivió con generoso amor unida a Gabriel. Amor que el Señor premió con el nacimiento de Juan. Desgraciadamente éste era muy pequeño cuando falleció su padre.
Trabajaba con mucha inteligencia y siempre le quedaba tiempo para una oración intensa. Cerraba los ojos y el alma se le volaba al cielo; un cielo lleno de preocupaciones inmediatas: niños marginados, adultos analfabetos, ignorantes de Dios, enfermos abandonados..., y le pedía que “los sospechados caminos por los que debía caminar su alma, se le terminaran de revelar”. Dos jóvenes, Isabel Ferrer y Esperanza Pascual, empezaron a compartir inquietudes y a colaborar con Micaela en las catequesis dominicales y en la preparación de la liturgia. Pero estas tres jóvenes querían comprometerse más. Se lo comentan a Mosén Matheu, quien no terminaba de ver por dónde se podía poner en marcha el buen propósito de las tres mujeres. Coincidió que el obispo de Barcelona fue de visita pastoral a la parroquia de Vilanova i la Geltrú para hablar precisamente de la necesidad de enseñar la doctrina cristiana, dada la ignorancia que había en el entorno. Micaela escucha las palabras del obispo y su corazón se llena de alegría. Es el momento, se dice, de comunicar al prelado su deseo de fundar un instituto para tal fin: enseñar la doctrina cristiana. El 4 de octubre de 1879 escribe al obispo de Barcelona. Le adjunta el Proyecto de Estatutos en el que deja claro el fin de la fundación: “Pensándolo en Dios, ningún objeto me ha parecido podría ser más del divino agrado, más útil a los fieles y a la Iglesia, que la enseñanza de la Doctrina Cristiana a los niños y adultos en cuanto fuere posible porque, a no dudarlo, una gran parte de los males que experimentamos son debidos a la falta de instrucción cristiana en todas las clases y en todas las edades. Por este motivo, me ha parecido que ningún nombre podríamos tomar más conveniente que el de Hermanas de la Doctrina Cristiana, aplicándonos principalmente a su enseñanza, tomando como medios otras obras de caridad como la enseñanza primaria y la beneficencia”. El 26 de noviembre de 1880 se reúne la primera comunidad en Molins de Reí (Barcelona), formada por Micaela Grau, Isabel Ferrer y Esperanza Pascual. El estilo de vida que, desde el principio, infundió Madre Micaela fue de una gran sencillez, fruto de su forma de vivir hasta ese momento y de su disponibilidad para enseñar el catecismo a cualquier hora del día. La sencillez, la alegría y su predisposición para enseñar la doctrina cristiana allí donde la Iglesia necesitara, son virtudes que madre Micaela inculcó a la congregación.
Nuestro carisma
Vivimos nuestra consagración religiosa en una comunidad de hermanas. Reunidas en el nombre del Señor, participamos de una misma fe y un mismo ideal: la extensión del Reino. Y queremos vivir un mismo proyecto de vida evangélica según el carisma y espíritu de nuestra fundadora, esforzándonos en crear comunitariamente un clima de paz y alegría, sencillez, amistad sana y sincera, que facilita la mutua comprensión y aceptación, dando así testimonio de la unidad que Cristo pide a sus discípulos.
¿Dónde estamos presentes?
Con este sencillo trabajo de promoción humana y evangelización queremos ser fieles al carisma de Madre Micaela y dar respuesta, hoy, a las necesidades más urgentes de la Iglesia y de la sociedad. En este trabajo por el Reino no nos encontramos solas. Sabemos que son muchos los que comparten con nosotras el carisma de Madre Micaela en todos los campos de acción de las hermanas. Juntos vamos haciendo realidad el sueño de nuestra fundadora: “Pensándolo en Dios, ningún objeto me ha parecido ser más del divino agrado, más útil a los fieles y a la Iglesia que la enseñanza de la Doctrina Cristiana a los niños y adultos, en cuanto fuese posible”.
Por Hna.
Ana Mª Santamaría |