Llamadas a ser presencia misericordiosa de Jesús

Mirarnos en la historia es ahondar en nuestra identidad, es llegar al “manantial”, es invitación a la profundidad, a lo inagotable, vivo e inextinguible; es seguir “las huellas” orientando nuestros pasos sobre ellas.

El descubrimiento y vivencia de una identidad comienza por la memoria histórica del carisma originario del fundador. Es el primer paso para el conocimiento y asimilación del propio patrimonio espiritual y apostólico, que nos invita a reproducir con valor y audacia, con fidelidad creativa los valores carismáticos que den respuesta a los signos de los tiempos que surgen en el mundo de hoy. 

¿Quiénes somos?

Nuestro fundador, el religioso capuchino de origen valenciano, Luis Amigó y Ferrer, es la persona de quien se sirvió el Espíritu Santo para suscitar una nueva Familia Religiosa en la Iglesia. Nos situamos en Valencia, en el año 1885.

Luis Amigó fue seducido por el amor de Dios y el amor hacia los “niños y jóvenes marginados”. En una sociedad que no había tomado aún conciencia de esta realidad, él se adelanta intuitivamente a ofrecer soluciones. Y plantea a sus hijos, religiosas y religiosos terciarios capuchinos, un reto que conserva toda su fuerza y actualidad: “Vosotros, amadas hijas e hijos, a quienes El Buen Pastor os ha constituido zagales de su rebaño, sois los que habéis de ir en pos de la oveja descarriada... No temáis perecer en los despeñaderos y precipicios en que muchas veces os habréis de poner para salvar la oveja perdida...”.

En nuestro fundador encontramos el modelo de fidelidad y respuesta a Dios; el hombre que se dejó “mover a compasión ante las realidades sufrientes de su tiempo”, y que con ternura y vigor supo dar la respuesta acertada.

Lo que nos configura y distingue en la Iglesia como terciarias capuchinas de la Sagrada Familia, según nuestra forma de vida, es seguir el espíritu y las huellas de Nuestro Señor Jesucristo al estilo de su fiel servidor Francisco de Asís, y del Padre Luis Amigó, con la actitud del Buen Pastor y el espíritu de la Sagrada Familia.

Como seguidoras del “Poverello de Asís”, nos sentimos hermanas de todos los hombres, tratando de vivir en humildad y sencillez, siendo mensajeras de PAZ y ALEGRÍA con nuestra vida y nuestro testimonio.

El testimonio martirial de nuestras Hermanas Rosario, Serafina y Francisca, y su beatificación por el Papa Juan Pablo II, es una proclamación silenciosa de las palabras de Pablo: “No me avergüenzo del Evangelio”, y del lema del fundador: “Doy mi vida por mis ovejas”. Sus vidas, semilla que cae en tierra y germina, son gracia y promesa de fecundidad para la Congregación y la Iglesia.  

¿Qué hacemos?

El carisma “redentor” al que se sintió llamado el P. Luis Amigó, y que imprimió él como sello en las dos congregaciones que fundó, nos impulsa a ser presencia misericordiosa entre los hombres de nuestro tiempo.

En fidelidad a esta inspiración primera, y con la actitud del Buen Pastor, realizamos nuestra misión con la niñez y juventud en el campo de la educación, protección, reeducación, en la asistencia a los enfermos y ancianos, en la acción pastoral de la Iglesia y en los ambientes y lugares de evangelización ad gentes.

Nuestro apostolado específico se desarrolla en el campo de la reeducación: hogares para niñas de la calle, adolescentes abusadas sexualmente, con problemas de conducta, en situación de riesgo, y en las residencias de ancianos y emigrantes.

En este campo tan delicado de la reeducación, intentamos dar una formación humana y cristiana a los niños y jóvenes, que les  posibilite la recuperación de su dignidad humana y la esperanza en un futuro mejor. 

La misión universal

El P. Luis Amigó también hizo propio el ideal evangélico de la misión universal, como claramente refleja su actuación en el acompañamiento del primer caminar de su congregación: 
– No se habían cumplido los veinte años de fundación, cuando parten para Colombia las primeras misioneras (1904).
– El segundo país en el que se establecieron las terciarias capuchinas fue Venezuela, Misión del Caroní entre los motilones (1928).
– El 3 de noviembre de 1929 es la fecha de la última expansión misionera en vida del P. Luis: Kansu, la misión más pobre de China en aquel tiempo.  

Nunca el cerrarse ha sido solución para afrontar los problemas de una vida, que es apertura. Una sociedad encerrada en sí misma, no progresa; una congregación que no se expansiona por diversas culturas no se enriquece, no alcanza la adultez. 

La misión que hasta el año 1934 se había extendido por cuatro naciones, actualmente está presente en 32 países: la vieja Europa, Latinoamérica, África y Asia, donde las 1.310 hermanas terciarias capuchinas llevan su mensaje de paz y misericordia con preferencia a los más pobres y excluidos de la sociedad.

 

DATOS DE CONTACTO

TERCIARIAS CAPUCHINAS DE LA SAGRADA FAMILIA
C/ General Asensio Cabanillas, 23
28003 Madrid
E-mail: htcsf@planalfa.es

http://www.planalfa.es/confer/hermanas_capuchinas/default.htm

 

Por Mª Dolores Otaola
Hermana Terciaria Capuchina
Revista Misioneros Tercer Milenio