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as
Mercedarias Misioneras de Bérriz somos en la Iglesia una
comunidad de mujeres que hemos elegido vivir nuestra entrega al
Padre en un Instituto religioso misionero, con un compromiso de
vida y una misión, que quieren prolongar por el testimonio,
servicio y anuncio del Evangelio en nuestro mundo de hoy al
estilo de la vida de Jesús y su misión: revelar al Padre y
construir la fraternidad.
¿De
dónde venimos?
Nuestros orígenes se remontan al año 1540 cuando tres mujeres
sencillas deciden formar un beaterio mercedario llamado de la
Vera-Cruz enclavado en el ameno valle de Bérriz (Vizcaya).
Siglos más tarde el beaterio se ha convertido en un monasterio
con un apostolado educacional y un centenar de monjas de
clausura papal ligadas a la antigua Orden de la Merced fundada
por San Pedro Nolasco en 1218 para la redención de los
cristianos cautivos, donde se honraba con especial devoción a
María de la Merced y donde se entraba para no salir jamás. Así
pasaron más de 400 años.
Un
camino a seguir
En
1884 nacen en Bilbao dos gemelas, física y espiritualmente bellísimas.
Se llamaban Margarita y Leonor López de Maturana y Ortiz de Zárate.
Las dos optan por ser monjas y separarse “por amor a Jesús”.
Margarita entra en el convento de su antiguo colegio de Bérriz
y Leonor se hace Carmelita de la Caridad. Las dos, que habían
nacido el mismo día, vivieron casi los mismos años –50– y
las dos han sido proclamadas venerables por el Papa Juan Pablo
II. Finalmente las dos murieron misioneras, Leonor en la misión
de Suipacha (Argentina) y Margarita transformando el convento de
clausura papal en Instituto misionero.
¿Quiénes
somos?
Hoy día las Mercedarias Misioneras de Bérriz somos 650,
repartidas en 83 comunidades en los cinco continentes. El grupo
mayoritario lo forman las españolas. En segundo lugar, las
japonesas que suman cerca de cien. Le siguen las micronesias del
Pacífico-Sur, las chinas, las americanas del norte, centro y
sur, las filipinas, las africanas... Hermanas muy plurales pero
llamadas a vivir en comunión para un único mensaje de amor
redentor, en diversas lenguas, con el ardor de su Pentecostés.
En
los países desarrollados las misioneras van envejeciendo y
decrece el número. En los países en vías de desarrollo las
vocaciones son jóvenes y en proceso de crecimiento.
Nuestro
carisma se deriva del cuarto voto mercedario redentor. Este voto
se encuentra ya en las primeras profesiones de aquel convento de
la Vera-Cruz de Bérriz que desde sus orígenes pasó
vicisitudes de pobreza y limitaciones de personal, donde no
faltaron mujeres que desde su opción por el cuarto voto
condujeron al monasterio hasta transformarse en instituto
misionero. El cuarto voto, renovado por la madre Margarita, como
característica de nuestra vida misionera, dice así:
“Permanecer en la misión si lo exige el bien de nuestros
hermanos cuando hubiere riesgo de perder la vida”.
-
Por
este cuarto voto amamos a los hermanos hasta dar la vida
por ellos.
-
La
fidelidad a la misión del Padre aún en medio de la
persecución.
-
La
alegría de sabernos bienaventuradas cuando somos
perseguidas por causa de Jesús y de su Evangelio.
Todas
las Mercedarias Misioneras de Bérriz, una vez que hemos
aceptado la misión como nuestra propia vida, esta aceptación
nos lleva a trabajos y tareas diferentes: lo mismo puede ser un
gran colegio en Japón o un suburbio en Lima; una pastoral en
una isla en plena selva o un trabajo entre los jóvenes
latino-americanos; un colegio de primera o segunda enseñanza en
el norte de España, o una inserción significativa en los
barrios pobres del sur. Todo vale, si realmente hemos prometido
en un cuarto voto “hasta dar la vida”.
Se
rompen las rejas
La madre Margarita fue una mujer evangélica, fuerte, abierta,
bondadosa, emprendedora, constante. Su experiencia profunda de
Cristo y su apertura para leer los signos
de los tiempos en la sociedad y en la Iglesia sigue siendo
fuerza de inspiración y de empuje para nosotras. Y no sólo fue
el ejemplo de ella sino la audacia de todas las hermanas del
monasterio para aceptar el cambio, la entrega generosa de sus
vidas a las misiones fundadas por la madre Margarita cuando, en
sus dos vueltas al mundo, las iba dejando en distintos lugares
del planeta, pocos meses antes de morir: Wuhu (China), Saipan
(Islas Marianas), Ponape (Islas Carolinas), Tokio (Japón)...,
entre 1926 y 1928.
En
la corta historia del Instituto se constata que el anuncio del
Evangelio ha configurado nuestra misión universal. Las
misioneras han vivido las limitaciones y la adaptación a
ambientes plurales y esta universalidad está actualmente
presente en las hermanas que desde naciones y culturas distintas
forman hoy el Instituto. Tampoco podemos olvidar momentos
cargados de especial riqueza y significación: experiencias de
guerra, cárceles, destierros, como expresión del cuarto voto
redentor.
Algunos
rasgos peculiares de la Misioneras de Bérriz
-
Trabajar
por la extensión de la fe, la justicia y la paz.
-
Anuncio
explícito de Jesucristo.
-
Ser
libres para liberar.
-
Luchar
por los derechos humanos y especialmente por la dignidad
de la mujer en el mundo.
-
Preferencia
por los más desheredados y sufrientes de la Tierra.
-
Contemplativas
en la acción.
-
Tierno
amor a María nuestra Madre.
-
Vivir
unidas a toda la creación en Espíritu de alabanza.
-
Universalidad
en la convivencia con hermanas de distintas culturas y
naciones. Inculturación.
Por
María Teresa Arias
Mercedaria Misionera de Bérriz
Revista
Misioneros Tercer Milenio |