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as
Misioneras de la Doctrina Cristiana somos una familia fundada en la
ciudad de Sevilla (España) el 24 de septiembre del año 1878 por el
sacerdote Filipense Francisco Jerónimo García Tejero y la Madre
Mercedes Trullás y Soler.
A
nuestros fundadores les tocó vivir dentro de un mundo políticamente
inestable, sometido a fuertes cambios y revueltas, que contribuyeron a
que se afianzaran las aspiraciones de justicia y libertad, de una mayor
cultura y educación para todos.
En
aquel momento se pueden consignar dos hechos importantes: el de una
sociedad clasista, desigual, enormemente injusta y el de una Iglesia
alejada del pueblo. En medio de esta situación, los sectores sociales
que más vienen a padecer las desigualdades y pobrezas son: los
mendigos, delincuentes, huérfanos, niños/as de la calle, prostitutas,
mujeres trabajadoras y explotadas, jornaleros y obreros...
Ésta
es la realidad con la que nuestros fundadores estuvieron en íntimo
contacto y desde la que fueron tomando fuerza sus opciones. Su
sensibilidad y conciencia cristiana les hizo ponerse de parte de los
marginados y excluidos de la sociedad.
Nuestro
Carisma nació, por tanto, de la manifestación de Dios en el pueblo
pobre, al que nuestros fundadores respondieron con profunda sensibilidad
evangélica, con un talante compasivo y misericordioso. La práctica de
la misericordia en nuestros fundadores es una acción o más exactamente
una reacción ante el sufrimiento ajeno que ha llegado hasta las entrañas
y hasta el propio corazón. Se dejan impactar por la realidad,
reaccionan ante el sufrimiento y, de ese modo, interrogan, claman y
contemplan con autenticidad cómo se esconde en esa realidad la queja de
Dios.
Nuestra
misión hoy en el mundo
Nuestra presencia en países y continentes distintos (Europa, África y
América), desde que nacemos como familia religiosa hace ya 124 años,
manifiesta nuestra voluntad de seguir fieles a nuestra Misión y
Espiritualidad.
Nuestra
Misión esencial: Evangelizar, desde cualquiera de nuestras tareas,
mediante la consagración al proyecto de Jesús, vivido y compartido en
comunidad, a través, sobre todo, de la oración, revisión de vida, diálogo
y formación. Y mediante el compromiso de “buscar, instruir y
santificar a los pobres de Jesucristo”, en tres tareas fundamentales:
misionero-catequética, social-asistencial y educativa-promocional.
Nuestra
Misión se orienta primordialmente a liberar a aquellas personas en
quienes mayormente está dañada o ensombrecida la gloria de Dios: los
empobrecidos y excluidos del sistema.
Para llevar a cabo esta labor
evangelizadora y de promoción, llegamos a América Latina en el año
1959. Actualmente estamos presentes en comunidades de diferentes países
(Argentina, Brasil, Nicaragua y Uruguay). Todas nuestras comunidades están
ubicadas en zonas empobrecidas de barrios marginales o en poblados aborígenes,
junto a los campesinos/as sin tierras, con la población pobre y sin
derecho a la atención médica y a la educación, sufriendo así sus
mismas condiciones de vida. Se realizan tareas promocionales, apostólicas
y catequéticas y se acompaña a las comunidades cristianas de los
lugares donde estamos insertas.
Siguiendo
la llamada de Cristo, de la Iglesia y de nuestro propio Carisma, en el año
1978 llegamos al continente africano, concretamente a Benín.
Actualmente estamos en Togo, pequeño y pobre país de África
Occidental, donde vivimos junto a los más pobres de la tierra,
colaborando, como nuestras hermanas de América Latina, en la lucha por
la justicia y en la promoción y liberación de todas las personas sin
excepción: con menores maltratados, abandonados, explotados, huérfanos,
enfermos, de familias polígamas con muchos hijos y pocos medios económicos...
También se acompaña a los/as prisioneros/as; se está presente en un
centro de recuperación nutricional, jardín de infancia y comedor, en
un lugar de menores huérfanos o en dificultad; se colabora en las
labores de promoción de la mujer, tan marginada y explotada en este
continente, y, además, se participa en la Pastoral Parroquial de los
lugares donde vivimos.
Seguimos
caminando
Hoy
las Misioneras de la Doctrina Cristiana seguimos mirando hacia delante
con realismo y optimismo a la vez. Deseamos y queremos ser mujeres
contemplativas en la vida, convencidas de que el mayor don que podemos
ofrecer a las personas de hoy es la experiencia del Dios de la Vida, que
se traduce en felicidad, amor, alegría, entrega y servicio
incondicional a través de nuestro vivir sencillo en fraternidad.
Queremos
estar abiertas a la búsqueda de nuevas presencias en medio de los más
débiles y a la novedad del Reino que se manifiesta y se hace presente
de una manera especial en el pueblo que sufre.
Queremos
seguir abriendo caminos de esperanza entre las sombras y el dolor;
seguir apostando por la cercanía a los desheredados de la tierra, los
excluidos de nuestra sociedad.
Apostamos
como mujeres de fe y esperanza por todo aquello que engendra vida, como
nuestros fundadores, con el corazón y la vida de parte de los
marginados; abiertas a toda necesidad, porque estamos convencidas. de
que abrir caminos nuevos es entregar el corazón a Aquél que anduvo los
caminos sin más razones que el Amor.
Sor María
Dolores Mendoz
Misionera de la Doctrina Cristiana
Revista
Misioneros Tercer Milenio
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