Atentas a las necesidades de los tiempos

 

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a Congregación de las Hijas de la Cruz nace en Francia, a raíz de la Revolución francesa. Tras tan larga y cruel revuelta, la nación queda asolada; el hambre y la miseria engendran sufrimientos y pobrezas de todo tipo. En estas duras circunstancias, Dios suscita almas fuertes y generosas que dedican su vida a levantar las ruinas y recuperar los valores que les habían hecho vivir.

Andrés Huberto Fournet, cura párroco de Saint-Pierre-de-Maillé, pueblecito de la diócesis de Poitiers (Francia), descubre a la vuelta de su exilio en España (Navarra, 1798) las angustias de sus feligreses, su gran preocupación por el hecho de que la religión haya quedado en manos de sacerdotes juramentados, la carencia de escuelas… Así las cosas, invita a una joven desconocida, Elisabeth Bichier des Ages, a tomar la dirección de una pequeña asociación para asistir a los enfermos y educar a los niños de los alrededores. En un encuentro de las misas que se celebraban clandestinamente, había descubierto en ella cualidades de abnegación poco comunes. A ella y a las cuatro compañeras que se le habían unido, confía su misión con los pobres.

Empieza a formarse así la Congregación de las Hijas de la Cruz. En 1806, en Molante, pronuncian las cinco hermanas los votos de pobreza, castidad y obediencia. Se comprometen a glorificar a Dios con todo el corazón y a no vivir más que para Él, dedicadas al servicio de Dios y de los pobres en toda clase de buenas obras. Este amor a Dios es el que las envía junto a los cuerpos que sufren, hacia todos aquellos que conocerán su entrega y generosidad a través de sus humildes gestos.

Desde los orígenes, las hermanas hemos estado, de hecho, en Francia, Italia, España, Canadá, Argentina, Hungría (1904-1920), Bélgica (1911-1980), China (1934-1952), Uruguay, Zaire (1954-1961), Brasil, Costa de Marfil y Burkina Faso. En la actualidad estamos preparando una fundación para Tailandia.

Hoy somos 565 hermanas, distribuidas por estos países, en pie y dispuestas a cumplir la misión, siguiendo las huellas de nuestros fundadores: atendiendo colegios, cuidando y acompañando a los ancianos, procurando atención pastoral... Siempre atentas a las necesidades de nuestro tiempo.

 

Algunos ejemplos

Uno de los países en los que estamos presentes es Brasil. Concretamente en Ilhèus (estado de Bahía), y en Paulinia y Limeira (estado de São Paulo). Allí se encuentran doce hermanas que acompañan, en lo material y espiritual, a las familias que llegan buscando mejorar su situación y se encuentran en la más extrema pobreza. La escasez de sacerdotes hace que su labor en las parroquias sea necesaria y reconocida. Trabajan en la formación de los laicos, ayudan a prostitutas, tratan de mejorar las condiciones de las míseras casas en que tienen que aposentarse. Llevan a estos barrios un poco de humanidad, alegría, escucha, serenidad...

Ya en África, en la ciudad de Korhogo, al norte de Costa de Marfil, zona bastante más pobre que el sur, contamos con tres misiones. La primera se centra en la atención a un colegio para niñas y jóvenes, ubicado en un lugar donde la mayoría de ellas estaba sin escolarizar. La promoción de la mujer ha sido tal que muchas alumnas están ocupando ahora puestos importantes como médicas, magistradas, auditoras, en entidades bancarias… Hoy el colegio es mixto y sigue funcionando muy bien, a pesar de las dificultades sufridas a causa de la guerra.

La segunda misión tiene el nombre de Antena Don Orione; en ella se atiende a minusválidos físicos, psíquicos, sordomudos y afectados por otras patologías. Aquí la labor ha sido y es maravillosa. Pequeños a los que llamaban “niños serpiente”, y a los que nadie tenía en cuenta, gracias a operaciones y aparatos ortopédicos, pueden caminar, ir a la escuela, ser personas. El resultado con los disminuidos psíquicos y sordomudos es tan satisfactorio que anima a las hermanas a seguir atendiendo a los minusválidos de toda la zona norte.

La tercera misión está representada por el Centro Saint Camille. Surge en el año 2000 como respuesta a la necesidad urgente que supone la existencia de tantos enfermos mentales que deambulan por las calles, rebuscando entre la basura algo que llevarse a la boca. La camioneta del Ayuntamiento los recogía y los llevaba lejos cuando había una fiesta. Uno de estos días, la hermana Janine los recogió y se los llevó a Bouaké, a Gregoire, un africano de Malí que había abierto un centro para estos enfermos. Nos invitó a abrir un centro en Korhogo, al que, como queda dicho, llamamos Saint Camille. Con terapias de cariño, trabajo en el campo y una granja, además de los cuidados de un psiquiatra, los resultados son muy satisfactorios. Dice Sor Janine: “Actualmente tenemos unos 120 enfermos. Algunos vuelven a sus casas; otros, recogidos por nosotras en las calles, se quedarán aquí siempre, con nosotras”. La gran misión es devolverles la dignidad de personas, darles seguridad en sí mismos y un medio de vida. Saint Camille acoge también a los minusválidos del norte cuando van a revisión a Antena Don Orione.

Y no queda aquí la cosa. En las ciudades de Dikodougou y Bonieredougou, también en Costa de Marfil, damos atención a enfermos (también a minusválidos), acogida a madres jóvenes para enseñarles a cuidar y alimentar bien a sus hijos, formación y promoción de la mujer... Procuramos ofrecer cercanía y respuesta a las necesidades de la gente.

Si miramos a nuestra labor en Burkina Faso, en la ciudad de Bogandé atendemos a mujeres jóvenes que llegan con sus niños enfermos, desnutridos, casi muertos, a veces. ¡Cuántos bebés han salvado las hermanas! Allí se ha abierto una escuela católica para niños y niñas. El 50% llega de lejos, del campo. La casa siempre permanece abierta para el que quiere consultar, leer, estar, echar una mano... Se ha formado una biblioteca que funciona muy bien; allí acuden estudiantes de la escuela pública, del instituto y hasta los funcionarios. La llevan los mismos estudiantes. Una hermana se ocupa de los enfermos en el hospital.

 En la capital, Ouagadougou, tenemos abierto un noviciado. Una hermana enfermera atiende el centro de salud de la Parroquia y otra colabora en el centro de formación de la misma.

 

Objetivos de futuro

Nuestra labor misionera mira hacia el futuro poniendo los ojos en la formación de los seglares. En África, la esperanza está también puesta en las jóvenes vocaciones que van surgiendo. En Brasil, con la fe puesta en Dios, que no falla, esperamos seguir con las obras que tenemos e insertarnos en algún otro barrio muy pobre. La mies es mucha, los operarios pocos. Envía, Señor, operarios a tu mies.

 

DATOS DE CONTACTO

CARMELITAS MISIONERAS
Barrio Lápice, 31
20303 Eguiluce

Irún

Teléfono: 943 62 07 93

Por Ana Mº Sola
Hija de la Cruz
Revista Misioneros Tercer Milenio