Institutos y Congregaciones Misioneras

 

 

Clérigos Regulares Teatinos

Buscando el Reino de Dios y su Justicia

El 14 de septiembre de 1524, Cayetano de Thiene, Juan Pedro Caraffa, Bonifacio dei Colli y Pablo Consiglieri, precedidos por la cruz procesional, emitieron en la basílica vaticana los tres votos sustanciales de la vida consagrada: castidad, pobreza y obe­diencia. Nacen así, los Clérigos Regulares que, posteriormente, serían conocidos como Teatinos a causa de Juan Pedro Caraffa, obispo de Theates, la actual Chieti (Italia).

El breve pontificio Exponi Nobis, firmado por el Papa Clemente VII, nos define de la siguiente manera: “Deseando servir a Dios con más quietud y uniros a Él más estre­chamente, habéis determinado emitir los tres votos sustanciales de pobreza, castidad y obediencia, hacer juntos vida clerical en el común hábito del clero, viviendo en común y del común, y dedicaros humilde y devotamente al servicio de Dios, mediante su santa gracia, bajo la inmediata sujeción y protección nuestra y de la Sede Apostólica”. El deseo de San Cayetano de Thiene no era otro que el de juntarse con otros clérigos para que, viviendo en común y del común, y sirviendo al pueblo de Dios de manera gratuita, no buscando más riqueza que a Cristo, poder ser testigos del Reino de Dios en una Iglesia más que necesitada de reforma.

 

Una historia con presente...

Durante su primer siglo de historia, la Orden se expandió por toda Italia, y, casi a punto de cumplir cien años, en 1622, abre su primera casa fuera de allí, concretamente en Ma­drid. Poco antes, a principios de siglo, los teatinos van ampliando sus horizontes y co­bran­do un fuerte impulso misionero que les llevó a colaborar en la fundación y di­rec­ción del Colegio Urbano de Propaganda Fide; hasta el punto que, el 23 de mayo de 1627, el Papa Urbano VIII confiaba a los teatinos la dirección e instrucción de sus alum­nos.

Era un 4 de mayo de 1626, cuando se autoriza la primera expedición de misioneros teatinos a Georgia, que partiría de Messina en diciembre del mismo año. Se organizan en este país cuatro comunidades en las que los misioneros que se incorporaban se comprometían a permanecer allí hasta diez años. Pero nuestros misioneros no se preocuparon solo de las conversiones al catolicismo, muchas e importantes, sino que, además, supieron inculturarse hasta el punto de que el  P. Galano escribió la primera gramática en lengua armena y una obra en tres volúmenes sobre los problemas que se suscitaron por la unión de la Iglesia armena a la Iglesia católica. Por otro lado, el  P. Maggio pone en manos de los misioneros que debían acudir a aquellas misiones una ayuda lingüística de primer orden; otros  teatinos de aquella época escribieron obras diversas sobre la cultura armenia. Pero no fue solamente el Cáucaso; también se desplazaron hacia las Indias Orientales, fijando en 1639 su centro de operaciones en Goa, y se dirigieron hacia Borneo. La permanencia en Goa fue ininterrumpida hasta que, en 1835, la reina María II de Portugal decreta su expulsión. Termina así una primera fase de expansión misionera.

No será hasta principios del siglo XX, cuando un grupo de teatinos italianos se desplaza hacia Colorado (USA) con el fin de atender a la población italiana inmigrante, que se retoma este impulso misionero que, tras la restauración de la Orden por iniciativa de San Pío X en 1910, tomará más ímpetu, fortaleciéndose la presencia en Colorado, esta vez para atender a la población cada vez más numerosa de habla hispana, y fundando casas en Argentina, México, Brasil, Burundi y, finalmente, Colombia (1997).

 

...y un presente con futuro

La Provincia Teatina de la Inmaculada y San Alfonso, que abarca toda España y Colombia, tiene puestos sus ojos misioneros precisamente en este país del continente americano. Allí fuimos, a iniciativa del entonces prepósito general, P. Gabriele Darida, a insertarnos en una de las realidades más duras de Colombia: el Barrio Alfonso López, de la ciudad de Santiago de Cali. Un barrio de más de 70.000 habitantes, la mayor parte de un estrato social bajísimo, desplazados del interior por la guerrilla y el narcotráfico; donde el índice de delincuencia es altísimo y la vida tiene un precio bajísimo; donde a los 6-7 años los niños ya están en la calle rebuscando entre la basura, y con pocos años más se encuentran formando parte de pandillas de pistoleros; donde el índice de embarazos entre adolescentes es muy alto y la desestructuración familiar algo totalmente común.

Ante esta realidad, ¿qué debe hacer una congregación cuyo lema es: “Buscad primero el Reino de Dios y su Justicia”? Esta es la pregunta que nos hicimos y que, día a día, nos continuamos haciendo. Por un lado, había que hacer frente a la entrada masiva de grupos evangélicos en el barrio e iniciar un proceso de evangelización integral. Por otro lado, se debía hacer frente a las necesidades más básicas de la población: alimentación, sanidad, educación, etc. Nacieron así los primeros comedores sociales, que atendían, de manera especial, a ancianos y niños; comedores que llegaron a repartir más de mil comidas diarias de forma totalmente gratuita.

Se empezó a buscar la colaboración de distintas instituciones con el fin de comprar medios sanitarios y hacer reconocimientos médicos y dentales, de manera especial a los niños; se crearon guarderías para que los niños más pequeños pudiesen ser atendidos correctamente; y, finalmente, se creó el colegio San Cayetano, como espacio integral de formación a todos los niveles. Consideramos que la primera piedra que debíamos poner para solucionar los males de esta población tenía que hacerse desde la infancia y desde la educación, intentando proporcionar una buena formación intelectual, moral y una buena capacitación técnica, de manera que la única salida de estos niños no fuese solo la calle. Hoy este colegio, gracias a la ayuda de muy diversas instituciones –especialmente españolas– y de infinidad de benefactores, es una realidad: 700 niños entre 1 y 16 años, de los más pobres entre los pobres, reciben educación, alimentos y atención sanitaria, de forma prácticamente gratuita y a diario. Más de 1.200 jóvenes, gracias a un convenio con el servicio de formación del Gobierno colombiano, reciben capacitación técnica en diversas ramas que les permitirá incorporarse al mercado de trabajo con unas ciertas garantías. A muchas mujeres, madres de los niños que van al colegio, se les imparte a su vez cursos de formación y promoción social.

 

Labor evangelizadora

Pero nuestra presencia y labor no es meramente social. La labor evangelizadora es fundamental en nuestro trabajo; si no, perdería todo el sentido. Incorporados al SINE (Sistema Integral para la Nueva Evangelización), se trabaja en la formación de pequeñas comunidades cristianas capaces de ser misioneras entre los suyos, en la formación de laicos que asuman cada vez más responsabilidades en la vida de la Iglesia. El trabajo misionero empieza desde la Infancia Misionera, promoviendo el liderazgo entre los más pequeños, creando escuelas de monaguillos y ministerios de danza y música, etc. Y todo ello, siguiendo siempre la máxima que impulsó a nuestros padres fundadores: “Buscad ante todo el Reino de Dios y su Justicia”.  

 

 

 

DATOS DE CONTACTO

CLÉRIGOS REGULARES TEATINOS
C/ Ferrer del Río, 18
28028 Madrid

 

http://www.teatino.com/espana/index.php

 

Por Pablo Guerrero Pachecho
Clérigos Regulares Teatinos
Artículo publicado en Misioneros Tercer Milenio, nº 108, octubre 2010