Institutos y Congregaciones Misioneras

 

 

Esclavas del Divino Corazón

Anunciadoras del amor personal de Jesucristo

 

El carisma misionero de la congregación de Esclavas del Divino Corazón brota desde el mismo carisma que la mueve desde los comienzos: anunciar el amor personal de Jesucristo a través de la educación –colegios, residencias universitarias…– y de otras obras de promoción social y cultural; así como la colaboración en parroquias y en el ámbito de la Iglesia diocesana, llegando también a los lugares más empobrecidos, a la atención sanitaria en centros de salud...

 

Algo sobre los orígenes

Todo comienza en la mañana del 30 de octubre de 1874. El párroco de San Lorenzo de Sevilla (España), D. Marcelo Spínola, está sentado en el confesionario como es su costumbre. Una mujer joven enlutada acude a él buscando orientación. Es Celia Méndez, que ha quedado viuda hace dos meses y medio. En el dolor por la pérdida de su marido ha percibido un llamamiento de Dios hacia algo más grande. Inician un largo camino de búsqueda, entrega generosa y esfuerzos, por parte de Marcelo y Celia, que termina en la fundación de la congregación de Esclavas del Divino Corazón, en Coria (Cáceres), el 26 de julio de 1885.

Desde aquel octubre de San Lorenzo hasta este julio de 1885 han pasado once años. Ahora D. Marcelo es obispo de Coria, y Celia Méndez se llama Madre Mª Teresa del Corazón de Jesús. Nace la congregación con la misma savia de sus fundadores: profunda vida de oración y vivo celo apostólico. El núcleo de esta espiritualidad, que une contemplación y acción apostólica, es el Corazón de Jesucristo. La misión de la congregación será “anunciar a todos el amor personal que Jesucristo nos tiene”. El estilo con el que las Esclavas realizan su vinculación con el Señor, el de María Inmaculada, primera Esclava del Señor.

Celia Méndez, guiada por Marcelo Spínola, estará al frente de la congregación durante 23 años. Dirige y orienta a las religiosas, las instruye y anima a realizar la obra de la educación cristiana, “formando el corazón” de los jóvenes en la verdad evangélica, ilustrando el entendimiento por el conocimiento del saber y colaborando así a la transformación de la sociedad.

En Marcelo Spínola fue constante su deseo de buscar respuestas a las urgencias que encontraba a su paso, que al final del siglo XIX eran muchas en España. Amaba profundamente a los pobres y su preocupación por ellos –presente desde su trabajo como abogado seglar con los pobres pescadores y mineros de Huelva– aumentó en él como sacerdote y más tarde como obispo. Celia Méndez fue así mismo muy sensible a las necesidades de los más marginados de la sociedad en todas las etapas de su vida, siendo objeto de su predilección, una vez fundada la congregación, las alumnas que pasaban mayor necesidad.

Esta sensibilidad de los fundadores –unida a su convicción de que “no podemos hacer cosa más grande que instruir al ignorante, enseñarle a conocer a Dios”–, movidos por el celo que brota de su experiencia del Corazón de Jesucristo, les llevará a desear y a hacer realidad lo que expresaba Marcelo Spínola a las primeras Esclavas: “Que el celo de la gloria de Dios nos devore, que nos aguijee, que nos estimule; y allí donde haya una lágrima que enjugar, allí corramos nosotras; y allí donde haya un corazón afligido, nos precipitemos para proporcionarle alivio, y estemos dispuestas a ir a todas partes, para que la gloria de Dios se extienda”. “La Esclava tendrá aptitud para las empresas más arduas, se sentirá con fuerzas para marchar a las Indias o a los más remotos lugares del globo…”.

 

Expansión misionera

El sueño de los fundadores de llevar el anuncio del amor personal de Jesucristo más allá de las fronteras de España, una vez consolidados los cimientos de la congregación, se realizó con la expansión misionera que tuvo lugar en Brasil y Argentina a partir de 1913. Son momentos especialmente duros, ya que, al año de llegar a América las Esclavas, estalla la Primera Guerra Mundial, lo que dificulta aún más las comunicaciones, de suyo lentas y difíciles en esta época. Pero el sentido de pertenencia congregacional fue más fuerte que la distancia y la incomunicación de aquellos años, sirviendo de fundamento sólido para la misión a la que estaban llamadas en esas tierras.

La expansión misionera seguirá hacia Italia, Japón y, más tarde, a Filipinas, Ecuador, Venezuela, Paraguay…  En 1992 la congregación se siente urgida por la llamada de la Iglesia a la “nueva evangelización” y se compromete a “dar prioridad, con ocasión de nuevas fundaciones, a los lugares y grupos humanos menos favorecidos”. Esta “inquietud por hacerse más presente aún en el mundo de los pobres” es la que lleva al planteamiento de la fundación en Angola cuatro años más tarde, haciéndose presente en el continente africano, donde se fundan dos comunidades con hermanas procedentes de diferentes países. 

En el Capítulo General del 2004 se decidió fundar una tercera comunidad en Angola, en Luena, situada en la zona más pobre y abandonada del país; lugar de frontera, castigado por la guerra, muy poblado por los “descolocados” –como llaman a los refugiados que han vuelto al terminar la guerra–. Con ocasión del centenario de la muerte de los fundadores, se promovió este proyecto en el que quedó implicada toda la Familia Spínola presente en los países en los que se encuentra. Hoy es una realidad la presencia de la escuela y el centro de salud en aquella zona, tan necesitada de recursos materiales y de evangelización. La Comunidad de Esclavas ha puesto en la aldea del Alto Luena una nota de esperanza y de vida en todos los sentidos.

 

 

En la actualidad

Actualmente la congregación cuenta con 336 religiosas, distribuidas en cuatro Provincias (Argentina, Brasil, España Norte y España Sur) y cinco Delegaciones (Angola, Ecuador, Filipinas, Japón y  Venezuela). Las Esclavas del Divino Corazón están presente en diez países: Angola, Argentina, Brasil, Ecuador, España, Filipinas, Italia, Japón, Paraguay y Venezuela.

Desde la fe, la convicción profunda y la tradición de la congregación, apuestan por un mundo más justo y mejor para todos; el futuro queda abierto para seguir colaborando, sin tregua alguna, en el desarrollo cultural y humano de los destinatarios que lo necesiten. La misión es compartida por las religiosas con los seglares en todas las obras apostólicas, conscientes de que el carisma es un don del Espíritu a la Iglesia y se les concede para ser compartido con los colaboradores en la misión, que lo viven y lo enriquecen, cada cual desde su propia vocación.

La Pastoral Juvenil Vocacional es objetivo prioritario de toda la Familia Spínola en estos años, desde el convencimiento de que la pastoral o es vocacional o no es pastoral. Por lo cual se procura cultivar esta dimensión desde la infancia, de forma que el joven pueda optar por un estado de vida en la Iglesia de una manera consciente y comprometida. Los mismos jóvenes más identificados con el carisma Spínola se convierten en animadores de grupos de fe con niños y jóvenes y participan en el voluntariado que se lleva a cabo en países de América Latina (Venezuela, Ecuador y Paraguay) y África (Angola), encauzándose de este modo la inquietud solidaria de los jóvenes.  

 

 

 

DATOS DE CONTACTO

ESCLAVAS DEL DIVINO CORAZÓN
C/Tormes 8

28002 - Madrid

 

http://www.adcspinola.com/

 

Por Esclavas del Divino Corazón
Madrid

Artículo publicado en Misioneros Tercer Milenio, nº 103, marzo 2010