El entusiasmo juvenil y el deseo ardiente de imitar la caridad del Redentor mueven a M.ª Bartolomé Capitanio a entregar su vida por los demás, dedicándose especialmente a la juventud, a los pobres, a los enfermos, a los que se encuentran en peligro y, sobre todo, a quienes están más alejados de Dios.
Un sueño hecho realidad
La fundadora de las Hermanas de la Virgen Niña, M.ª Bartolomé Capitanio, nace en Lóvere, un pueblo del norte de Italia, en el seno de una familia humilde. De temperamento vivaz e inquieto, ya a los doce años siente sus primeros deseos de entregarse totalmente al Señor. Al terminar sus estudios, la dura realidad de su pueblo, arrasado por las guerras napoleónicas, le plantea todo un reto: “La bendita caridad con el prójimo que Jesús tanto amaba en este mundo”.
M.ª Bartolomé se siente atraída por Dios, necesitada, como toda persona, de salvación. Queda deslumbrada por Jesús, que asume la naturaleza humana y entrega su vida por amor. Si Jesús es para ella aquel que por amor se entrega por todos, que sale al encuentro de sus necesidades hasta “dar su sangre”, por lógica ella debe hacer lo mismo. Este es el camino que propone para el instituto que se siente llamada a fundar.
Se encuentra con otra joven del pueblo, Vicenta Gerosa, quien ya se dedicaba a realizar obras de caridad. Nace entre ellas una gran amistad, en la que comparten “la inquietud por el bien de los más necesitados”. M.ª Bartolomé le propone unir sus esfuerzos para edificar una casa totalmente dedicada a la caridad. Vicenta no se siente capaz, pero en la oración asume la propuesta y pone sus bienes y su misma persona a la disposición de tal fin.
El 21 de noviembre de 1832, respondiendo a la llamada de Dios, se consagran totalmente a Él para ser instrumento visible de su caridad con un pueblo en el que la necesidad es “grande y extrema”. Se concreta así el proyecto de M.ª Bartolomé: un instituto totalmente dedicado a las obras de caridad, a imitación del Redentor. Ocho meses después de la fundación, M.ª Bartolomé fallece a los 26 años de edad, y quien continúa el proyecto es Vicenta Gerosa.
El carisma
Nuestro carisma es manifestar a los hombres el amor de Dios en el ejercicio de las obras de misericordia. Así prolongamos la caridad del Redentor, dispuestas a “hacer todo lo posible, sufrirlo todo y aun dar la vida por el bien del prójimo”.
El nombre de la congregación pensado por la fundadora era “Hermanas de Caridad”, pero, por providencial designio, nos acompaña, desde los orígenes del instituto, María en su Natividad; por eso somos conocidas como “Hermanas de la Virgen Niña”.
Podemos decir que tenemos una espiritualidad mariana en cuanto a la devoción difundida desde los orígenes de la congregación. Así, celebramos con gran solemnidad el 8 de septiembre, fiesta de la Natividad de María, y el 21 de noviembre, día de su Presentación en el templo y de la fundación del instituto.
Nuestras santas fundadoras fueron canonizadas el 18 de mayo de 1950. El ejemplo de su santidad y el entusiasmo de su entrega generosa fue atrayendo a otras jóvenes, que, contagiadas de su carisma, continuaron su obra, extendiéndola no solo por Italia, sino por el mundo entero, llevando el mensaje de Jesús por todos los continentes.
En 1860 las Hermanas de la Virgen Niña inician en varios países del mundo un camino de caridad a ejemplo de Santa M.ª Bartolomé y Santa Vicenta. Hoy estamos presentes en Europa (Italia, España, Rumanía y Reino Unido), Asia (India, Bangladesh, Myanmar, Japón, Nepal, Tailandia e Israel), África (Zambia, Zimbabue, Etiopía y Egipto), y América (Argentina, Perú, Uruguay, Brasil y Estados Unidos). En total, somos 4.665 religiosas, que realizamos nuestra misión en comunión con las parroquias y con la Iglesia diocesana y universal.
Compartir con los laicos
La situación actual nos ha llevado a compartir nuestro carisma con los laicos, para, a través de ellos, hacer presente la semilla del Evangelio en los distintos contextos de la sociedad. Esta participación ha empezado ya a dar sus frutos. Un ejemplo de ello lo tenemos en un barrio marginal de Bariloche (Patagonia, Argentina). Un grupo de laicos, comprometidos con el carisma y guiados por una de nuestras misioneras, española, han formado la Asociación Civil de Laicos “Nuestra Señora de Nahuel Huapi”. Desde hace ya ocho años llevan adelante con mucho amor y sacrificio una obra social de promoción de la mujer.
Ante la necesidad de que las madres pudieran contar con un espacio seguro donde poder dejar a sus hijos y donde se les brindase atención, nace el Jardín Maternal Virgen Niña, que cuenta con el apoyo de madres cuidadoras, a las que se las va capacitando para este fin. El Jardín Maternal nació de la mano del desempleo y de la crisis nacional, para superar este estado de deficiencia y ser ejemplo de esperanza y respuestas concretas al dolor.
Las características de la población infantil que asiste al Jardín Maternal Virgen Niña son las que se manifiestan en familias de sectores marginados, con necesidades básicas no satisfechas, en medio de una crítica situación socioeconómica que ocasiona, entre otros, problemas de salud, mala alimentación, viviendas precarias, exposición a las inclemencias del tiempo en época invernal... Las familias beneficiadas por este proyecto, que envían a sus hijos, son, en alto porcentaje, familias monoparentales (a cargo de la madre). Un gran número de estos niños y niñas son derivados por desnutrición desde el hospital de la zona. También acuden hijos de madres adolescentes.
Completan esta obra social unos talleres para jóvenes, una panadería y apoyo para los más pequeños con necesidades especiales, a los que, además de ayuda escolar, se les da una alimentación extra y atención a sus familias. Asimismo, hay una oficina de empleo y fondos rotativos para arreglos de casas.
Esta iniciativa la apoya la ONG “Andra Mari-Nahuel Huapi”, fundada en Amurrio por un grupo de personas laicas acompañadas por la religiosa ya mencionada.
En definitiva, con la riqueza del amor y con la participación de los que comparten nuestra misión hoy en día, anunciamos el Evangelio con la palabra y con las obras, acogemos al necesitado, damos de comer al que tiene hambre, cuidamos a los enfermos, educamos y promocionamos al abandonado, y procuramos dar un futuro digno a quien lo necesita. Y es que sabemos que “el amor a Dios no está jamás separado del amor al hermano”.
DATOS DE CONTACTO
HERMANAS DE LA VIRGEN NIÑA
Colegio de la Virgen Niña
C/Dionisio Aldama 16
01470 Amurrio - Álava
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Por HH. de la Virgen Niña
Artículo publicado en Misioneros Tercer Milenio, nº 111, enero 2011
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