No basta con hacer cosas buenas
Ante la abundante proliferación de estilos de vida y de las conductas por la que nos quiere conducir la filosofía relativista y sentimentalista no podemos por menos que reaccionar, algo que falta en la sociedad, con garbo y poniendo en claro los valores o virtudes más necesarias que sustentan a la persona y a la relación de ella misma con los demás. Se cae en la fácil afirmación de que lo más ‘importante es hacer cosas buenas’ puesto que en el fondo se piensa que todo es bueno y no se sabe distinguir el bien del mal porque no se sabe discernir o porque la norma, de los falaces sentimientos, así lo deciden. Tan perjudicial es el paternalismo del ‘todo vale’ como la desfachatez del que campa por sus propios fueros sinsentido. No basta con hacer cosas buenas. Hay que hacerlas bien. Esta es la razón fundamental de la norma de conducta. En teología espiritual se afirma que es bueno el bien que Dios quiere y es malo el bien que Dios no quiere. Porque puede suceder que la raíz de nuestro proceder esté viciado a pesar de que la formalidad sea aparentemente buena. San Agustín decía “haz lo que debes hacer. Y hazlo bien. Ésta es la única norma para alcanzar la perfección”. Las motivaciones que muevan dignamente nuestras acciones han de tener como base la realización del sumo bien que es el amor. Sin esta luz cualquier cosa que realicemos le falta esplendor. Por eso las luchas de cada día o crean un vacío interior o una plenitud de realización personal. La dignidad en la persona tiene mucho que ver con el auténtico ejercicio del propio obrar y no es bueno el que conoce el bien sino el que lo ama. De ahí que se puede afirmar que las realidades y circunstancias que nos mueven no han de nacer de una simple intuición y menos de una ideología fría y sin alma. El relativismo que tanto azuza en las mentes y conciencias de las personas y de modo especial en estos tiempos, no es guía auténtica y verdadera; la razón es muy sencilla, desde el relativismo se abandona la verdad en la orilla y no se toma la molestia de admitirla como esencia de la vida. Las ideologías, sentimentalismos y deseos vanos se adhieren sin consistencia como la única forma de conducirse en el camino que no lleva hacia una meta concreta y más bien se va de ‘tumbo en tumbo’ emborrachado de todo lo finito y sin miras de infinitud. Es normal que esta forma de vida degenere en la insatisfacción vital. Dios que nos ha creado por amor y porque somos su mayor bien creado contradice a ese relativismo que ve ‘todo bueno’ y se frustra porque no tiene consistencia en sí mismo, es el vacío más abismal que pueda existir y entonces la vida se convierte en una angustia existencial que queda cosida en la nada. La vida es algo muy bueno pero hay que vivirla bien. Por
Monseñor Francisco Pérez González |