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¡VALE
LA PENA SEGUIR A JESUCRISTO!
El Papa Juan Pablo II ha dejado una estela
de luz y de esperanza en estos momentos tan cruciales por los que
estamos pasando en nuestras tierras españolas. El día que se encontró
con los jóvenes en el aeródromo de Cuatro Vientos de Madrid, con su
mirada pícara y con ciertos rasgos de complejidad, les dijo que él un
día optó por Cristo y después de cincuenta y dos años no podía
decir otra cosa mejor que la de haberle podido
seguir, durante tantos años, con alegría y fidelidad. Les
quería manifestar que la ‘juventud’ más hermosa es la de seguir el
camino que Cristo nos trace en la vida. Estoy seguro que muchos jóvenes
que estaban allí o delante del televisor van a sentir una profunda ‘llamada
de Cristo’.
Nadie podrá impedir a estos jóvenes que su corazón hable. La sed de
amor y felicidad está presente en medio de nosotros. El Papa les ha
mostrado la fuente viva donde pueden ir a beber: el amor a Jesucristo.
No es necesario que haya un ‘sismógrafo vocacional’ puesto que la
llamada de Dios va más allá de las encuestas y de las estadísticas.
Nadie esperaba que fueran más de medio millón y las previsiones fueron
superadas. Muchos están impresionados por la forma tan profunda y
atractiva con la que les hablaba Juan Pablo II y los jóvenes han visto
en él un hombre sincero para con Dios y servidor de la humanidad. No se
arredra ante la enfermedad y ante la incapacidad de movimiento. Sólo
tiene una pasión y es la de anunciar con su vida el amor de Dios a
todos los seres humanos.
Hoy celebramos la ‘XL Jornada Mundial de oración por las vocaciones’.
Se evoca en esta jornada que si alguno quiere ser el primero, que sea el
último de todos y el servidor de todos. Así les dice Jesucristo a los
apóstoles, sorprendidos al discutir entre ellos sobre quién es el más
grande. La tentaciones de ahora son del mismo calibre que antes. Siempre
se han dado dificultades para seguir un camino de perfección y sin
embrago tenemos ejemplos de personas que han adquirido la santidad
porque un día se decidieron y optaron radicalmente por el evangelio de
Jesucristo. De lo contrario hubieran sido en su vida unos mediocres.
Pensemos en cualquiera de los que el Papa ha canonizado el día 4 de
mayo o en la experiencia de los jóvenes que han mirado el ‘Rostro de
Cristo’ y ahora viven su consagración a Dios o han formado una
familia.
Los designios que Dios tiene sobre nosotros no son imposibles de realizar.
La vocación es la forma mejor de ejercitar en nosotros la realización
más completa de nuestra dignidad humana. El ser humano progresa en
tanto en cuanto se forma –como en las manos del alfarero- la vasija de
barro. Si falta este sentido de disponibilidad el hombre pierde su
propia realización, es decir, se malforma y se achica en sí mismo.
Estamos llamados para hacer cosas grandes pero sobre todo para hacernos
a semejanza de Dios. No hay peor formación humana que aquella que hace
perder el sentido de la propia vida. Por eso los jóvenes escuchan con
atención a Maestros que les enseñe a engrandecerse desde dentro y
rechazan a los manipuladores que les engañan con sus fantasmagóricas
mentiras.
El Papa Juan Pablo II les ha dicho que no se dejen engañar y les ha
advertido que si quieren ser buenos cristianos han de ser buenos
discípulos de Cristo y que no se contrapone el ser modernos con el ser
testigos fieles del amor a Jesucristo. La modernidad es hacer de la vida
una felicidad permanente y lo que uno vive es cauce de paz, justicia y
amor. A veces se confunde la modernidad con la ausencia de valores y es
todo lo contrario. Por eso nadie puede vivir bien el hoy si no está
sustentado en el amor que tiene su fuente en Dios que ni cambia ni se
muda, eterna novedad.
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Francisco Pérez González
Obispo
de Osma-Soria y
Director Nacional de Obras Misionales Pontificias |