Carta Pastoral a los jóvenes de Monseñor Francisco Pérez González con motivo de la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones 2003

10 de mayo de 2003

 

¡VALE LA PENA SEGUIR A JESUCRISTO!

      El Papa Juan Pablo II ha dejado una estela de luz y de esperanza en estos momentos tan cruciales por los que estamos pasando en nuestras tierras españolas. El día que se encontró con los jóvenes en el aeródromo de Cuatro Vientos de Madrid, con su mirada pícara y con ciertos rasgos de complejidad, les dijo que él un día optó por Cristo y después de cincuenta y dos años no podía decir otra cosa mejor que la de haberle podido  seguir, durante tantos años, con alegría y fidelidad. Les quería manifestar que la ‘juventud’ más hermosa es la de seguir el camino que Cristo nos trace en la vida. Estoy seguro que muchos jóvenes que estaban allí o delante del televisor van a sentir una profunda ‘llamada de Cristo’.
       Nadie podrá impedir a estos jóvenes que su corazón hable. La sed de amor y felicidad está presente en medio de nosotros. El Papa les ha mostrado la fuente viva donde pueden ir a beber: el amor a Jesucristo. No es necesario que haya un ‘sismógrafo vocacional’ puesto que la llamada de Dios va más allá de las encuestas y de las estadísticas. Nadie esperaba que fueran más de medio millón y las previsiones fueron superadas. Muchos están impresionados por la forma tan profunda y atractiva con la que les hablaba Juan Pablo II y los jóvenes han visto en él un hombre sincero para con Dios y servidor de la humanidad. No se arredra ante la enfermedad y ante la incapacidad de movimiento. Sólo tiene una pasión y es la de anunciar con su vida el amor de Dios a todos los seres humanos.
        Hoy celebramos la ‘XL Jornada Mundial de oración por las vocaciones’. Se evoca en esta jornada que si alguno quiere ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos. Así les dice Jesucristo a los apóstoles, sorprendidos al discutir entre ellos sobre quién es el más grande. La tentaciones de ahora son del mismo calibre que antes. Siempre se han dado dificultades para seguir un camino de perfección y sin embrago tenemos ejemplos de personas que han adquirido la santidad porque un día se decidieron y optaron radicalmente por el evangelio de Jesucristo. De lo contrario hubieran sido en su vida unos mediocres. Pensemos en cualquiera de los que el Papa ha canonizado el día 4 de mayo o en la experiencia de los jóvenes que han mirado el ‘Rostro de Cristo’ y ahora viven su consagración a Dios o han formado una familia.
        Los designios que Dios tiene sobre nosotros no son imposibles de realizar. La vocación es la forma mejor de ejercitar en nosotros la realización más completa de nuestra dignidad humana. El ser humano progresa en tanto en cuanto se forma –como en las manos del alfarero- la vasija de barro. Si falta este sentido de disponibilidad el hombre pierde su propia realización, es decir, se malforma y se achica en sí mismo. Estamos llamados para hacer cosas grandes pero sobre todo para hacernos a semejanza de Dios. No hay peor formación humana que aquella que hace perder el sentido de la propia vida. Por eso los jóvenes escuchan con atención a Maestros que les enseñe a engrandecerse desde dentro y rechazan a los manipuladores que les engañan con sus fantasmagóricas mentiras.
        El Papa Juan Pablo II les ha dicho que no se dejen engañar y les ha advertido que si quieren ser buenos cristianos han de ser buenos discípulos de Cristo y que no se contrapone el ser modernos con el ser testigos fieles del amor a Jesucristo. La modernidad es hacer de la vida una felicidad permanente y lo que uno vive es cauce de paz, justicia y amor. A veces se confunde la modernidad con la ausencia de valores y es todo lo contrario. Por eso nadie puede vivir bien el hoy si no está sustentado en el amor que tiene su fuente en Dios que ni cambia ni se muda, eterna novedad.

+ Francisco Pérez González
Obispo de Osma-Soria y
Director Nacional de Obras Misionales Pontificias

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