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ALGO
NO ESTAMOS
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l pasado 20 de junio se celebró el Día Mundial del Refugiado. Un colectivo que, por desgracia, y aunque los medios de comunicación no suelan hablar de ellos –como si se les quisiera hacer desaparecer–, no ha dejado de crecer en los dos últimos años. Entre 2006 y 2007 el número de refugiados contabilizados por el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) ha pasado de los 9,9 a los 11,4 millones. Y esto ocurre después de que su número se hubiera ido reduciendo entre 2001 y 2005. Algo, por tanto, no debemos de estar haciendo bien.Entre las causas de este incremento, el informe del ACNUR cita la “situación inestable” que se vive en Iraq o Afganistán. De hecho, la mitad de los refugiados proceden de estos dos países. En concreto son 3,1 millones de afganos y 2,4 millones de iraquíes. Pero, si se quiere profundizar un poco más en los factores que radicalmente están contribuyendo al deterioro del problema de los refugiados, se tendría que hablar –además de sobre los conflictos que se sufren en algunos puntos del planeta– de la falta de democracia que se padece en muchos países, del alza dramática de los precios de los alimentos –que afecta, sobre todo, a los más pobres y que está ocasionando inestabilidad en muchas zonas– y, finalmente, del deterioro del medio ambiente a causa de los cambios climáticos y que, a su vez, lleva a una mayor competencia por los recursos cada vez más escasos.La situación se agrava cuando, a las personas que se han visto obligadas a abandonar su propio país y buscar refugio en otro para huir de un conflicto armado o de la persecución por razones políticas, religiosas o sociales, se han de sumar 26 millones de desplazados internos; gentes que han tenido que dejar sus hogares y sus tierras, por los mismos motivos que los refugiados, pero que no han llegado a cruzar las fronteras de su patria. Cuestiones terminológicas que permiten hacer clasificaciones y distinciones jurídicas, pero que no alivian el drama de quien ve su vida amenazada. Y ¿qué decir de los migrantes? ¿Cabe hacer distinciones entre quien huye por persecución o violencia y quien lo hace por hambre, pobreza extrema, falta de futuro y posibilidades de desarrollo para sí mismo y para su propia familia?...Entre tanto, el mundo “desarrollado” se blinda para evitar la entrada de todas esas personas que huyen de la muerte, y no tiene reparos en organizar auténticas “deportaciones masivas” de quienes ahora ya no hacen falta. Como tampoco tiene problema en reducir las ayudas alimentarias hasta niveles tan ínfimos que no se registraban desde hace cincuenta años. Olvida, como advierte el Servicio Jesuita a Refugiados, que, “para evitar nuevas crisis de desplazamiento, es urgente la ayuda alimentaria”; no quiere ver que “muchas personas que viven en la extrema pobreza se están viendo obligadas a huir de sus países de origen como consecuencia de la inestabilidad política provocada por la escasez de comida”. Eso sí, ese mismo mundo que “no puede” atenderles no tiene reparos en incrementar sus gastos militares. Sin duda, algo estamos haciendo mal. |