La crisis se ceba en los pobres con el permiso de los ricos

L

os peores presagios que la crisis económica que vivimos amenaza con traernos parece que, desgraciadamente, se van a hacer realidad. Y, cómo no, con quien más se van a cebar es con las poblaciones de los países pobres. Es allí donde el término “tragedia” cobra todo su sentido.

“Hoy tenemos 1.000 millones de personas hambrientas en el mundo. Consideramos que 104 millones de personas más no tendrán un acceso adecuado a la alimentación este año a raíz de la crisis económica y financiera”. Lo ha dicho el director general de la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), Jacques Diouf, quien ha añadido que “nunca hemos visto tanta gente hambrienta en el mundo”. Y lo peor es que nos encontramos ante “un problema no técnico, sino político, de distribución de recursos”.

El Fondo Monetario Internacional y la Banca Mundial, por su parte, cifran en más de 50 millones el número de nuevos pobres a causa de la crisis económica mundial. ¿Quiénes son las víctimas? Sobre todo mujeres y niños de los países en vías de desarrollo. De hecho se habla de “tragedia humanitaria” y se pide que los compromisos asumidos por los distintos países y organismos internacionales, como los acordados en la última reunión del G20 en Londres, sean rápidamente traducidos y concretados en acciones coordinadas y en recursos adicionales.

Por si fuera poco, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) estima que el número de desempleados podría incrementarse hasta 210 millones de personas a finales de este año. Los más afectados serán los millones de empleados en trabajos precarios (entre el 50,5% y 54,7% de ellos, mujeres) y aquellos que tienen que sobrevivir con menos de un dólar diario (un colectivo que podría incrementarse en más de 20 millones). Además, según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), más de la mitad de los trabajadores de todo el mundo hace su labor sin un contrato y sin ningún tipo de protección social. La mayoría de ellos se encuentra en los países en vías de desarrollo.

Con estos datos, el temor que anunciaba el presidente de Caritas Internationalis y arzobispo de Tegucigalpa, el cardenal Óscar Rodríguez Maradiaga, de que “las personas que menos se han beneficiado durante una década de crecimiento económico pagarán el precio más alto por esta locura”, se va a cumplir. Los pobres son un “recurso” descuidado por los países ricos, que ante la disyuntiva de salvar a los bancos o a aquellos, optan por los bancos. Lo advertía el secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, con motivo de la Cumbre del G20 en Londres: “Hay un paso muy pequeño entre el hambre y la hambruna; entre la enfermedad y la muerte; entre la paz y la estabilidad, y los conflictos y las guerras. Si no somos capaces de actuar a nivel mundial, nos encontraremos ante una catástrofe para todo el desarrollo humano”. Como escribía Benedicto XVI al primer ministro del Reino Unido, Gordon Brown, “la salida de la actual crisis global solo puede lograrse juntos”, especialmente con los más pobres.

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