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Nació en Donostia el 13 de noviembre de 1961 e inició su preparación al sacerdocio en el Seminario de la Archidiócesis de Toledo, concluyendo su itinerario en el Seminario Diocesano de San Sebastián. Fue ordenado presbítero en San Sebastián el 29 de junio de 1986, en la festividad de San Pedro y San Pablo. Su primer destino fue la parroquia de Nuestra Señora de la Asunción de Zumárraga, donde sirvió como coadjutor desde junio de 1986 hasta que fue nombrado párroco de la parroquia de El Salvador de Zumárraga el 16 de julio de 1990, función que desempeñó durante dieciséis años, hasta ser nombrado por el Papa Benedicto XVI obispo de Palencia en 2006. La Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal le ha encomendado ahora la responsabilidad de la pastoral juvenil española, tarea que va a compartir con Mons. Francisco Cerro, obispo de Coria-Cáceres. "Supergesto" se ha acercado a él, por este motivo, para preguntarle: ¿Cómo se le propone a un joven de hoy que rompa, como lo hizo San Pablo, con el ambiente secularizado que existe en nuestra sociedad, y se vuelva a Cristo? Él da las pistas.
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an Pablo dio un vuelco total a su vida. Pasó de perseguir ferozmente al cristianismo a ser un enamorado de Jesús y un apóstol incansable de la Iglesia. Aquella transformación de San Pablo ha pasado a ser el prototipo de la conversión cristiana, si bien es cierto que no todas las conversiones son tan espectaculares, ni repentinas. Las hay mucho más discretas y paulatinas, sin que por ello dejen de ser igualmente eficaces.Pero lo que está hoy en juego no es tanto el "formato" de la conversión, sino la misma posibilidad de la conversión. En el ambiente cultural en el que vivimos, es fácil escuchar la apreciación de que "le han comido el coco" a una persona, cuando ha tenido lugar una conversión religiosa. Curiosamente, nadie se plantea que antes de su conversión pudiera haber tenido "comido el coco". Y, sin embargo, es incuestionable que la propuesta del Evangelio, lejos de engañar a nadie, se presenta con toda claridad y transparencia. Por el contrario, las tentaciones anticristianas seducen desde el engaño: prometen felicidad, cuando en realidad no pueden ofrecer sino momentos pasajeros de placer, o prometen libertad, al mismo tiempo que nos esclavizan.¿Se le puede proponer a un joven de nuestros días la conversión como un ideal? ¿Es algo factible? ¿Puede un joven romper, como lo hizo San Pablo, con el ambiente secularizado dominante, para volverse radicalmente a Cristo? Me permito dar unas pistas para la conversión.Pasión por la verdadSan Pablo era un "peleón", como se dice popularmente. Era un hombre apasionado por la verdad. Es cierto que hacía la vida imposible a los cristianos y que era inmisericorde con ellos. Pero no cabe decir de él que fuese un "pasota". Y, probablemente, esta es una de las claves de su conversión.Decía la Madre Teresa de Calcuta que el mayor pecado en nuestros días es la indiferencia; y ésta es la causa principal de la dificultad para la conversión. El libro del Apocalipsis lo dice con palabras contundentes: "Conozco tu conducta: no eres ni frío ni caliente. ¡Ojalá fueras frío o caliente! Ahora bien, puesto que eres tibio, y no frío ni caliente, voy a vomitarte de mi boca" (Ap 3, 15-16).
Caer del caballoSegún la tradición, Saulo cayó del caballo cuando Jesús le salió al encuentro, camino de Damasco. Así se le representa en tantos cuadros. Notros hemos pasado a utilizar la expresión "caer del caballo" para referirnos a las circunstancias de las que Dios se sirve para salir a nuestro encuentro.
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