2 de junio de 2008 - Año III - Nº 477

Intención misionera para el mes de junio
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La misionera en Guatemala Obdulina Fernández recibe el premio "Leonés del Año 2007"
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"Hemos visto florecer el desierto", libro del misionero en Chile, Juan Sanchís
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El cardenal Rodríguez Maradiaga recibe la Gran Cruz de la Orden de "El Sol de Perú"
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Intención misionera para el mes de junio

OMPRESS-ROMA (2-06-08) "Para que el Congreso Eucarístico Internacional de Québec, en Canadá, ayude a comprender, todavía más, que la Eucaristía es el corazón de la Iglesia y la fuente de la evangelización", es la intención misionera indiciada por el Santo Padre Benedicto XVI para este mes de junio.

El Santo Padre se dirigió a los obispos de Québec el 11 de mayo de 2006, tras bendecir el Arca de la Nueva Alianza, que inició su peregrinación en tierra canadiense poco después, y que estará presente durante el Congreso.

“En el año 2008, cuando Quebec celebre el IV centenario de su fundación, en vuestra región tendrá lugar el Congreso eucarístico internacional. Por tanto, quisiera ante todo invitar a vuestras diócesis a una renovación del sentido y de la práctica de la Eucaristía, a través de un redescubrimiento del lugar esencial que debe tener en la vida de la Iglesia "la Eucaristía, don de Dios para la vida del mundo". (…)

En efecto, la Eucaristía, fuente y cumbre de la vida cristiana, nos une y nos configura con el Hijo de Dios. También construye la Iglesia, la consolida en su unidad de Cuerpo de Cristo; ninguna comunidad cristiana puede edificarse si no tiene su raíz y su centro en la celebración eucarística. A pesar de las dificultades cada vez mayores que afrontáis, como pastores tenéis el deber de ofrecer a todos la posibilidad efectiva de cumplir el precepto dominical y de invitarlos a participar. Los fieles, congregados en la Iglesia para celebrar la Pascua del Señor, reciben en este sacramento luz y fuerza para vivir plenamente su vocación bautismal. Además, el sentido del sacramento no se agota en el momento de la celebración. "Al recibir el Pan de vida, los discípulos de Cristo se disponen a afrontar, con la fuerza del Resucitado y de su Espíritu, los cometidos que les esperan en su vida ordinaria" (Dies Domini, 45). Después de vivir y proclamar la presencia del Resucitado, los fieles se esforzarán por ser evangelizadores y testigos en su vida diaria.

Sin embargo, la disminución del número de sacerdotes, que hace a veces imposible la celebración de la misa dominical en ciertos lugares, pone en peligro de manera preocupante el lugar de la sacramentalidad en la vida de la Iglesia. Las necesidades de la organización pastoral no deben poner en peligro la autenticidad de la eclesiología que se expresa en ella. No se debe restar importancia al papel central del sacerdote, que in persona Christi capitis enseña, santifica y gobierna a la comunidad. El sacerdocio ministerial es indispensable para la existencia de una comunidad eclesial. La importancia del papel de los laicos, a quienes agradezco su generosidad al servicio de las comunidades cristianas, no debe ocultar nunca el ministerio absolutamente irreemplazable de los sacerdotes para la vida de la Iglesia. Por tanto, el ministerio del sacerdote no puede encomendarse a otras personas sin perjudicar de hecho la autenticidad del ser mismo de la Iglesia. Además, ¿cómo podrían los jóvenes sentir el deseo de llegar a ser sacerdotes si el papel del ministerio ordenado no está claramente definido y reconocido? (…).

Como escribió el Papa Juan Pablo II, "si el cristianismo ha de distinguirse en nuestro tiempo sobre todo por el "arte de la oración", ¿cómo no sentir una renovada necesidad de estar largos ratos en conversación espiritual, en adoración silenciosa, en actitud de amor, ante Cristo presente en el santísimo Sacramento?" (Ecclesia de Eucharistia, 25). Esta experiencia puede proporcionar fuerza, consuelo y apoyo”.

 

La misionera en Guatemala Obdulina Fernández recibe el premio “Leonés del Año 2007”

OMPRESS-LEÓN (1-06-08) El próximo sábado 7 de junio, la misionera Obdulina Fernández recibirá el premio “Leonés del año”, en su edición de 2007, en reconocimiento a la labor humanitaria que desempeña desde hace más de 30 años en Guatemala, en un acto organizado por Radio León.

Esta misionera, nacida en 1945 en la localidad leonesa de Santa Cruz del Sil, pertenece a la congregación de las Hijas de San José. Tras estudiar enfermería en Pamplona y después de unos años en España, la congregación decidió enviarla a la misión que lleva a cabo en Guatemala, trabajando en el hospital parroquial de Coatepeque y asistiendo a los más necesitados de la región. Una misionera valiente que no duda en llegar a los poblados más inaccesibles, atravesando carreteras dominadas por mafias y grupos paramilitares, donde tiene que hacer de mediadora entre los campesinos y el ejército. Entre las dificultades a las que esta religiosa ha tenido que enfrentarse en los últimos años está el paso del huracán STAN, en el año 2005, que dejó un panorama desolador de más de un millar de muertos y miles de desaparecidos.

Según señala el fallo del jurado, presidido por el ex ministro Fernando Suárez, su intervención cuando el huracán STAR contribuyó de modo muy especial a paliar los daños, ya que, gracias a su labor, consiguió que los leoneses, a través de la radio, aportaran más de 70.000 euros.

Actualmente Obdulina sigue viviendo en Guatemala “porque allí he encontrado el verdadero sentido de mi vida”, ha manifestado.

El presidente del gobierno asistirá a esta entrega del premio Leonés del año a la misionera Obdulina Fernández el próximo sábado en León.

 

“Hemos visto florecer el Desierto”, libro del misionero en Chile, Juan Sanchís

OMPRESS-VALENCIA (2-06-08) Con motivo de los 50 años de la comunión entre dos iglesias: Valencia-Copiapó (Chile), Juan Sanchís Ferrairó, sacerdote diocesano de la OCSHA y misionero en esta diócesis de Copiapó en los años sesenta y setenta, ha escrito un libro titulado “Hemos visto florecer el Desierto”.

Esta libro abarca la etapa desde 1983 hasta 2008. El título alude al fenómeno natural que sucede periódicamente cuando las lluvias de abril y mayo riegan las pampas desérticas. “Hemos asistido a un despertar y florecimiento de una Iglesia impulsada por el viento del Espíritu, bajo la guía de un Pastor bueno según el corazón de Cristo, Fernando Ariztía, que sirvió a la diócesis de Copiapó en los años 1975 a 2001 y que ha dejado huella profunda en el pueblo chileno por su contribución a defender los derechos humanos de quienes carecían de voz y voto en los duros momentos de la dictadura militar. A la Santísima Virgen María, que en Valencia honramos con el querido nombre de “Mare dels Desamparats” y que en la Región de Atacama lo hacemos bajo el título de “Ntra. Sra. de La Candelaria”, ofrecemos esta memoria. De esta manera queremos celebrar fraternalmente con los hermanos de ambas diócesis, con nuestros familiares y amigos “Las Bodas de Oro” de la  amistad Valencia – Copiapó, Copiapó-Valencia”, manifiesta el misionero.

En 1983, al cumplirse los 25 años de la colaboración de estas dos Iglesias, Juan Sanchís, publicó una primera memoria tratando de recoger las experiencias y reflexiones de quienes habían tomado parte de esa comunión fraterna de las dos Iglesias. La tituló: “Valencia 1983-Copiapó 1958, colaboración de dos Iglesias”. Ambos libros contienen escritos y fotografías de todos esos años de colaboración, además de vivencias.

La diócesis de Copiapó se crea el 31 de octubre de 1.957, siendo su primer obispo Mons. Juan Francisco Fresno, del 15 de  junio del 58 al 28 de junio del 67. Anteriormente a la llegada del obispo, ya había en esa región un sacerdote diocesano valenciano. Cuando se creó o se constituyó esta diócesis, no existía clero autóctono, sólo cuatro sacerdotes diocesanos y unos padres franciscanos belgas. Por medio de unas cartas del Nuncio al arzobispo de Valencia de entonces, Mons. Marcelino Olaechea, empezaron a salir hacia esa diócesis, sacerdotes diocesanos valencianos. El primero fue José Canovas Pallarés, que llegó a la diócesis chilena el 10 de febrero de 1958.

 

El cardenal Rodríguez Maradiaga recibe la Gran Cruz de la Orden de “El Sol de Perú”

OMPRESS-PERÚ (2-06-08) Mons. Óscar Andrés Cardenal Rodríguez Maradiaga, presidente de Caritas Internationalis, ha sido condecorado por el gobierno peruano con la Gran Cruz de la Orden de "El Sol del Perú”, como reconocimiento a los “significativos esfuerzos  para ayudar a los damnificados por el terremoto” del Perú en 2007, que provocó más de 500 muertos y 100.000 personas sin techo. La Gran Cruz  fue entregada al cardenal Rodríguez por el embajador peruano ante la Santa Sede, Alfonso Rivero Monsalve, el pasado día 27 de mayo, en la embajada peruana de Roma, informa Cáritas.

“Es un honor para mí recibir la Gran Cruz de la orden de ‘El Sol del Perú’, en nombre de Caritas Internationalis y recibiéndola quiero destacar la importancia de la labor realizada por Caritas, que es un faro de esperanza para millones de hombres, mujeres y niños, en tiempos de catástrofes y dificultades”, dijo el Cardenal Rodríguez, Arzobispo de Tegucigalpa (Honduras).

El cardenal visitó la Cáritas del Perú en agosto del año pasado, para manifestar la solidaridad de toda la confederación para con los damnificados por el terremoto, del 15 de agosto de 2007. El seísmo, de casi 8 grados de magnitud en la escala Richter, arrasó la zona costera de la localidad de Pisco, destruyendo numerosas viviendas e infraestructuras. 

Cáritas del Perú lanzó una llamada a CI, pidiendo ayuda por valor de 11 millones de USD e inicialmente ayudó a más de 55.000 familias distribuyendo alimentos, agua, tiendas de campaña, medicamentos, mantas, ropa, colchones, artículos para la higiene personal y utensilios de cocina. Cáritas del Perú también ofreció asistencia médica y asesoramiento a los damnificados por la catástrofe.

“Me impresionó mucho comprobar directamente en el terreno la respuesta rápida y eficaz de Cáritas, porque ofrecía ayuda -y lo que todavía es más importante, ‘esperanza’- a aquellas personas cuyas vidas habían quedado destrozadas”, dijo el cardenal Rodríguez.


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