El Rosario Misionero

      El Rosario Misionero es una forma de oración que toma como base al Rosario tradicional, en la cual, por intercesión de María, se pide al Padre por las intenciones y necesidades de todo el mundo. Es una oración mariana universal y misionera.
      Su Santidad el Papa Juan XXIII rezaba el Rosario Misionero todos los días por el mundo entero, dedicando una decena a cada continente: "Como Papa debo orar por la humanidad entera y lo hago al rezar el Santo Rosario Misionero: la primera decena por África, la segunda por América, la tercera por Europa, la cuarta por Oceanía y la quinta por Asia".

 

Ofrecemos a continuación unos artículos que sirven de  reflexión sobre la importancia del rezo del Rosario Misionero, así como una guía para rezar el Rosario Misionero:

Rosario y Misión

El Rosario y las Obras Misionales Pontificias

Indicaciones para rezar el Rosario Misionero

Rosario y Misión

P. Fernando Galbiati
Secretario General de la Pontificia Unión Misional

 

La meditación de la Carta Apostólica Rosarium Virginis Mariae (RVM), ofrece muchas oportunidades de reflexión misionera. En efecto, la Carta abre la mente a la dimensión universal que los misterios de la vida de Cristo manifiestan al mundo e irradian sobre el pueblo cristiano, introducido "a contemplar la belleza del rostro de Cristo y a experimentar la profundidad de su amor" (RVM 1). El Rosario "comprendido en su pleno significado, conduce al corazón mismo de la vida cristiana y ofrece una ordinaria cuanto fecunda oportunidad espiritual y pedagógica, para la contemplación personal, la formación del Pueblo de Dios y la nueva evangelización" (RVM 3). Esta dimensión de nueva vida espiritual en Cristo y de renovado empeño misionero, recuerda la consigna de la Carta apostólica Novo Millennio Ineunte: "Caminar desde Cristo" (NMI 29), que es casi el eco en nuestro tiempo del mandamiento de Jesús a los Apóstoles: "Id… y predicad…" (Mc 16, 15).
       
Para "caminar desde Cristo", el Papa muestra que es necesario "comprender a Cristo desde María", porque "entre las criaturas nadie mejor que Ella conoce a Cristo…" (RVM 14). María, con su "Fiat", reconociéndose "la sierva del Señor" (Lc 1, 38), fue la primera de los redimidos por su Hijo, y la primera que presta ayuda a las necesidades materiales y sociales de sus hermanos en la boda de Caná, donde "el primero de los 'signos' llevado a cabo por Jesús… nos muestra a María precisamente como maestra, mientras exhorta a los criados a ejecutar las disposiciones de Cristo (cf. Jn 2, 5). Y podemos imaginar que ha desempeñado esta función con los discípulos después de la Ascensión de Jesús, cuando se quedó con ellos esperando el Espíritu Santo y los confortó en la primera misión" (RVM 14). Desde ese momento tuvo inicio la Misión de la Iglesia, y comenzó la redención universal del género humano por medio de la vida, el ejemplo, la predicación, la muerte y la resurrección de Jesús, el único Salvador de todos los hombres.
        
De todo esto María fue protagonista y testigo. Por eso, en su discurso del 29 de octubre de 1978, el recién elegido Papa Juan Pablo II, podía afirmar justamente: "Se puede decir que el Rosario es, en cierto modo, un comentario-oración sobre el capítulo final de la Constitución Lumen gentium del Vaticano II, capítulo que trata de la presencia admirable de la Madre de Dios en el misterio de Cristo y de la Iglesia. En efecto, con el trasfondo de las Avemarías pasan ante los ojos del alma los episodios principales de la vida de Jesucristo… Al mismo tiempo nuestro corazón puede incluir en estas decenas del Rosario todos los hechos que entraman la vida del individuo, la familia, la nación, la Iglesia y la humanidad. Experiencias personales o del prójimo, sobre todo de las personas más cercanas o que llevamos más en el corazón. De este modo la sencilla plegaria del Rosario sintoniza con el ritmo de la vida humana" (RVM 2). Esta incisiva expresión del Santo Padre revela y subraya la universalidad y la profundidad de la oración del Rosario. El Rosario, de hecho, traduce en contemplación orante la doctrina conciliar de la Iglesia y sobre la Iglesia misma, la historia de salvación de la Comunidad de los Redimidos en Cristo y la vida misteriosa y cósmica de su Cuerpo Místico.
         Volviendo sobre este mismo concepto de hace 25 años, el Papa afirma en su Carta Apostólica que "a la luz de las reflexiones… sobre los misterios de Cristo, no es difícil profundizar en esta consideración antropológica del Rosario. Una consideración más radical de lo que puede parecer a primera vista. Quien contempla a Cristo recorriendo las etapas de su vida, descubre también en Él la verdad sobre el hombre" (RVM 25).
Refiriéndose a la Constitución pastoral sobre la Iglesia en el mundo actual Gaudium et Spes, que afirma: "en realidad, el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado" (GS 22), Juan Pablo II revela: "El Rosario ayuda a abrirse a esta luz. Siguiendo el camino de Cristo, el cual "recapitula" el camino del hombre, desvelado y redimido, el creyente se sitúa ante la imagen del verdadero hombre" (Id.). A continuación, el Papa ofrece una descripción magistral de la importancia de los pequeños acontecimientos de la vida de Cristo al lado de María que son recordados en los misterios del Rosario. Estos a veces sencillos acontecimientos de una vida humana, inmersos en el realismo de la cotidianidad, desbordan sabiduría cristiana para convertirse en signo y en deber de cada hombre y, especialmente, de todos los hijos de Dios: "el carácter sagrado de la vida…, la verdad originaria de la familia…, la luz para entrar en el Reino de Dios…, el sentido del dolor salvador…, la meta a la que cada uno de nosotros está llamado… De este modo, se puede decir que cada misterio del Rosario, bien meditado, ilumina el misterio del hombre" (Id.). Se trata de una verdadera antropología cristiana que se convierte en evangelización a todo campo para un mundo secularizado y para culturas y religiones que todavía no son cristianas.
       En la contemplación de los cuadros de vida y de historia sagrada que los Misterios representan, se recompone así la unidad entre la fe y la vida, la oración y la acción, la gracia y la naturaleza. El Papa indica esta relación contemplando el fruto que los Misterios del Rosario orados y vividos ofrecen a cada hombre. "El Rosario es una oración orientada por su naturaleza hacia la paz, por el hecho mismo de que contempla a Cristo, Príncipe de la paz y "nuestra paz" (Ef 2, 14). Quien interioriza el misterio de Cristo -y el Rosario tiende precisamente a eso- aprende el secreto de la paz y hace de ello un proyecto de vida" (RVM 40).El Papa indica el Rosario como "oración por la paz por la caridad que promueve" (RVM 40). En los diferentes misterios del Gozo, de la Luz, del Dolor y de la Gloria de Cristo con María, el Rosario nos recuerda los signos del Reino ya presentes en la tierra y nos impone un estilo de vida que sea consecuentemente cristiano. El Papa comienza su consideración del gozo del "misterio del Niño nacido en Belén", que suscita el "deseo de acoger, defender y promover la vida, haciéndose cargo del sufrimiento de los niños en todas las partes del mundo" (Id.) El Papa continúa con los "misterios de la luz" que se abren sobre el camino de evangelización del "Cristo revelador", y nos imponen el deber de "proponerse el testimonio de sus bienaventuranzas en la vida de cada día" (Id.). La contemplación del dolor de Cristo "cargado con la cruz y crucificado" nos debe conducir a "sentir la necesidad de hacerse sus "cireneos" en cada hermano aquejado por el dolor u oprimido por la desesperación" (Id.). Y el Santo Padre concluye: "¿Cómo se podría, en fin, contemplar la gloria de Cristo resucitado y a María coronada como Reina, sin sentir el deseo de hacer este mundo más hermoso, más justo, más cercano al proyecto de Dios?" (Id.).
          Es esta una respuesta exhaustiva y convincente para quien encuentra la vida espiritual ficticia y lejos de los problemas de la vida y de los sufrimientos del mundo; es también, una lección de historia humana y sagrada para los que piensan que la evangelización no es necesaria para la salvación del mundo no-cristiano; y es, también, un fuerte mentís 
para aquellos que han soñado sistemas filosóficos-sociales, o han tenido sueños delirantes con proyectos ideológicos y culturales de sociedades perfectas, fuera de la doctrina, o contra la salvación dada por Yahwéh y por su Mesías, el Cristo Señor.

 El Papa subraya el alcance social del Rosario y de la doctrina propuesta y contemplada en sus Misterios. El Rosario es Salvación, Liberación, Caridad; en una palabra, es Redención: la "Buena Nueva" anunciada en el mundo por medio de la Misión de la "Iglesia peregrinante, por su naturaleza, misionera" (AG 2). "En definitiva, mientras nos hace contemplar a Cristo, el Rosario nos hace también constructores de la paz en el mundo…, el Rosario, en vez de ser una huida de los problemas del mundo, nos impulsa a examinarlos de manera responsable y generosa, y nos concede la fuerza de afrontarlos con la certeza de la ayuda de Dios y con el firme propósito de testimoniar en cada circunstancia la caridad, "que es el vínculo de la perfección" (Col 3, 14)" (RVM 40).

 
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El Rosario y las Obras Misionales Pontificias

P. Fernando Galbiati
Secretario General de la Pontificia Unión Misional

 

Una prueba convincente e histórica de la relación del Rosario con la vida de cada día y con su componente social, política y económica de la humanidad, nos la ofrece la constitución, en Lyón, en Francia, de la Pontificia Obra para la Propagación de la Fe el 3 de mayo de 1822. Nace como "Asociación" en 1819 y más tarde llega a ser "Obra Pontificia" por sus grandes méritos en su ayuda en favor del trabajo de evangelización de la Iglesia en todo el mundo. Su fundadora, Pauline Jaricot, una joven de veinte años, ya anteriormente se había interesado por la vida de privaciones y de necesidades espirituales de las jóvenes trabajadoras de su ciudad. Movida por el Espíritu de Dios, abandonó una pudiente vida de lujo y de frivolidad, y comenzó a visitar a los pobres, vistiendo como ellos y buscando medios nuevos para ofrecerles una limosna sin que se sintieran humillados, porque, decía que "son ellos los que nos hacen el honor de aceptar nuestro dinero".
          Pauline vivió y actuó en tiempos tristes para Francia, que acababa de salir de la Revolución jacobina, y con ideas y movimientos anticatólicos. Para contrarrestar esta ruina espiritual y honorar a Dios contra las persistentes blasfemias e improperios despectivos contra Dios y contra la Iglesia, comenzó un movimiento de jóvenes obreras que debían "reparar los insultos al Sagrado Corazón de Jesús olvidado y despreciado". Estas jóvenes llamadas Reparadoras, rezaban al Sagrado Corazón de Jesús y hacían horas de adoración ante el Santísimo Sacramento en expiación de los pecados de sus compatriotas. Era ésta una época en que los pueblos de algunas naciones europeas se encontraban inmersos en un cambio de época que había subvertido, incluso con la persecución religiosa, el tradicional orden eclesiástico y social. Los grupos de campesinos que confluían en Lyón desde el campo, se convertían en las primeras víctimas de la revolución industrial, en una ciudad que contaba con tantas fábricas, especialmente textiles. Estos obreros y obreras sufrían, sin saberlo, el impacto del nuevo orden social y económico que prefería la industria a la agricultura.
         En su entusiasmo juvenil que la impulsaba a consagrarse, desde la vida laical, al servicio del Reino de Dios, Pauline aceptó la invitación de su hermano Philéas, más tarde sacerdote misionero, de ayudar a las Misiones de América del Norte, primero, y después también las de Asia, confiadas a los cuidados de la Sociedad de las Misiones Extranjeras de París: nace así la Asociación para la Propagación de la Fe. Paulina se dirigió a sus Reparadoras y a sus compañeras de trabajo invitándoles a dar un céntimo a la semana a favor de las Misiones. Calculando 10 obreras y que cada una de ellas podía invitar, a su vez, a otras 10 amigas a hacer la misma oferta, se llegaba a la colecta de 100 céntimos a la semana. Estas personas, convertidas en socias de la Asociación, se empeñaban, cada una, a encontrar otras diez personas que ofrecieran semanalmente la misma suma. La Asociación pudo así extenderse velozmente, con millares de personas como miembros, y con una colecta que aumentaba proporcionalmente. En los primeros meses de 1820, cuando Pauline se encontraba al frente de la Asociación, las trabajadoras de Lyón alcanzaron la suma de 1.800 francos a la semana: ¡una suma enorme, considerando que su salario mensual era de pocos francos! Lo que es interesante señalar, es el entusiasmo y la prontitud al sacrificio de las jóvenes trabajadoras, que unían al duro trabajo el compromiso de reparación de las ofensas hechas a Dios y la ayuda a las necesidades de los pobres en patria y, sobre todo, en las Misiones Extranjeras. Pero todavía es más importante subrayar que la actividad de penoso trabajo en una fábrica del siglo XIX, con más de 15 horas de trabajo al día, no quitaba a estas jóvenes el deseo de la oración, y no les suprimía la voluntad de hacer el bien a personas más pobres que ellas mismas.
          La facilidad y la velocidad con la que la Asociación se extendió entre los católicos franceses maduraron en Pauline la convicción de que se necesitaba alguna cosa parecida, pero todavía más útil y enérgica, para despertar y expandir la fe en Francia y en el mundo. Así, pensó en otra cadena de corazones comprometidos en aportar ayudas espirituales a toda la Iglesia, y tuvo la brillante idea de constituir un "Rosario Viviente", siguiendo un método parecido al de la Asociación para la Propagación de la Fe. Su deseo declarado era el de llevar la oración del Rosario, reservada entonces y sobre todo a las instituciones religiosas, a una práctica general. "Lo importante, y lo más difícil, era hacer que la masa aceptase el Rosario", recordaba en una carta posterior. En otra carta al Maestro General de los Dominicos, Pauline declaraba: "Me pareció que había llegado la hora de realizar el proyecto -perseguido desde hacía tiempo- de una Asociación accesible a todos, que permitiera alcanzar la unión de la oración con un modo único, breve y práctico, sin cansar a nadie y que pudiera facilitar, al menos durante algunos minutos, la meditación cotidiana de los misterios de la vida y de la muerte de Jesús".
           Para alcanzar este fin, Pauline lanzó su nueva iniciativa con la creación de grupos, no ya de 10, sino de 15 personas, (una sección de 15 miembros dirigidos por una celadora), que correspondían a los 15 Misterios del Santo Rosario, y así, la sección recitaba cada día el Rosario entero. Estos grupos no sólo recitaban diariamente los 15 Misterios del Rosario, sino que se comprometían también a meditarles y a orar por una persona que tuviera una particular necesidad de conversión: Pauline creía en la fuerza del Rosario para la conversión de los pecadores. Tuvo también el ingenio de incluir en el grupo de las 15, a personas buenas, otras, mediocres y también aquellas que no tenían otra cosa que ofrecer sino su buena voluntad… Estaba convencida y afirmaba que con 15 carbones, cuando uno está bien encendido y tres o cuatro lo están a medias, y los otros nada… reuniéndoles, se consigue enseguida una hoguera. Una particularidad del "Rosario Viviente", debida siempre al genio y al celo de Pauline, era que cada asociado se comprometía a entregar cada año una suma de cinco francos para comprar y difundir buenos libros. En una década, la práctica del "Rosario Viviente" se había propagado también a otros continentes, y en Francia, en 1834, contaba con cerca de un millón de asociados. Paulina declaraba en una carta del 1 de mayo de 1840: "En breve estaremos en unión de oraciones con todos los pueblos del universo". Ella misma constataba con alegría que la mayor parte de los miembros de la "Asociación para la Propagación de la Fe" eran también miembros del "Rosario Viviente". Justamente, el Secretario del Comité Central de la Asociación, Dominique Maynis, en una carta a Pauline, escribe: "Lo que usted bien quiso añadir sobre este apoyo que el "Rosario Viviente" prestaría a la Propagación de la Fe indicaba suficientemente que la fundación de ésta no había estado del todo ajena al establecimiento de aquélla… cosa que no hemos podido olvidar". Un Breve Pontificio del Papa Gregorio XVI dio aprobación oficial al movimiento del "Rosario Viviente", que había alcanzado ya los dos millones de miembros, y que Pauline animará y guiará durante 15 años.
        La devoción mariana del Santo Rosario, afianzada debido a las apariciones de la Virgen en Lourdes (11 de febrero de 1858), que había recomendado a Bernardette Soubirous la recitación del Rosario, ha conducido a la Iglesia, durante los últimos dos siglos, a un compromiso más fuerte en favor de la Misión. La recitación del Rosario y las ofertas de tantos fieles a la Obra de la Propagación de la Fe era la contribución de personas pobres y sencillas, que ha constituido la más grande fuerza de oración y de anuncio para la Misión en todos los continentes. La providencial gran expansión de la Iglesia entre los pueblos no cristianos en los últimos dos siglos apenas pasados, tiene algo de milagroso, y es la prueba evidente de la fuerza de la oración y de la limosna para la elevación y la salvación de los pueblos. De hecho, para la Iglesia, que también hoy debe obedecer al mandato misionero de Cristo, no existe más que un medio para llevar a todos la "Buena Nueva": la oración a Dios nuestro Padre y la caridad amorosa a nuestros hermanos, según la invitación y el ejemplo de la Madre común. Juan Pablo II, en su Carta Apostólica, define también esto como un "proceso de configuración con Cristo…, en el Rosario nos encomendamos en particular a la acción materna de la Virgen Santa. Ella, que es la madre de Cristo y a la vez miembro de la Iglesia como "miembro supereminente y completamente singular", es al mismo tiempo 'Madre de la Iglesia'. Como tal 'engendra' continuamente hijos para el Cuerpo místico del Hijo. Lo hace mediante su intercesión, implorando para ellos la efusión inagotable del Espíritu. Ella es el icono perfecto de la maternidad de la Iglesia" (RVM 15). El Papa, en uno de los subtítulos del capítulo I "Anunciar a Cristo con María", afirma que "El Rosario es también un itinerario de anuncio y de profundización, en el que el misterio de Cristo es presentado continuamente en los diversos aspectos de la experiencia cristiana… La Virgen del Rosario continúa… su obra de anunciar a Cristo" (RVM 17).
          Juan Pablo II, tanto al comienzo como en la conclusión de su Carta Apostólica, subraya la necesidad del Rosario en tiempos difíciles "como instrumento espiritual eficaz ante los males de la sociedad" (RVM 2). Desgraciadamente, es una constatación común la lamentación de que nuestros tiempos son tiempos difíciles, como el Papa pone de manifiesto: "La Iglesia ha visto siempre en esta oración una particular eficacia, confiando las causas más difíciles a su recitación comunitaria y a su práctica constante…Hoy deseo confiar a la eficacia de esta oración… la causa de la paz en el mundo y la de la familia" (RVM 39).
         En conclusión, constatamos, con el Santo Padre, que el Rosario y la Misión han progresado juntamente en la historia secular de la Iglesia, y que el movimiento laical de ayuda a la Misión ha tenido en el Rosario su inspiración y su fuerza. Proponiendo en su Carta Pastoral la recitación del Rosario, el Santo Padre no hace más que indicar, una vez más, en nuestros tiempos difíciles, los medios y los instrumentos para la Misión de la Iglesia: "La historia del Rosario muestra cómo esta oración ha sido utilizada especialmente por los Dominicos, en un momento difícil para la Iglesia a causa de la difusión de la herejía. Hoy estamos ante nuevos desafíos. ¿Por qué no volver a tomar en la mano las cuentas del rosario con la fe de quienes nos han precedido? El Rosario conserva toda su fuerza y sigue siendo un recurso importante en el bagaje pastoral de todo buen evangelizador" (RVM 17).

 

 
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Indicaciones para rezar el Rosario Misionero

Por Portal Misioneros de habla Hispana

El Rosario Misionero está estructurado, al igual que el Rosario tradicional en cinco misterios, en cada uno de los cuales se pone como intención a uno de los cinco continentes. 
         Las cinco decenas son de colores diferentes, que representan a cada uno de los cinco continentes desde el punto de vista misional, y recuerdan al que reza, la intención misional de cada decena:

Primer misterio color verde
Rezamos por la Iglesia de África.

Segundo misterio color rojo
Rezamos por la Iglesia de América.

Tercer misterio color blanco
Rezamos la Iglesia de Europa.

Cuarto misterio color azul
Rezamos por la Iglesia de Oceanía.

Quinto misterio color amarillo
Rezamos la Iglesia en Asia

La forma de rezarlo es la siguiente:

·    Se comienza con la Señal de la Cruz. 

  • Se anuncia el Primer Misterio: En este primer misterio, vamos a recordar al continente Africano con sus más de 500 millones de habitantes, a fin de que su profundo sentimiento religioso le facilite asumir la plenitud de la revelación de Cristo. 

Luego se reza un Padrenuestro, 10 Avemarías y Gloria.

·         Se anuncia el Segundo Misterio: Recordamos especialmente en este segundo misterio a nuestro continente Americano, el "continente de la esperanza", donde se registra el más alto porcentaje de católicos, pero que sufre por la escasez de sacerdotes y poco compromiso de los laicos. 

Luego se reza un Padrenuestro, 10 Avemarías y Gloria.

·         Se anuncia el Tercer Misterio: Ofrecemos este tercer misterio por Europa, para que retorne a las fuentes de su fe que se ha enfriado con el correr de los siglos, y al dinamismo misionero. 

Luego se reza un Padrenuestro, 10 Avemarías y Gloria.

·         Se anuncia el Cuarto Misterio: Ofrecemos este cuarto misterio por el lejano y pequeño universo de islas que se llama Oceanía, a fin de que sus numerosas razas puedan ser iluminadas y guiadas a la luz del evangelio. 

Luego se reza un Padrenuestro, 10 Avemarías y Gloria.

·         Se anuncia el Quinto Misterio: Recemos este quinto misterio por Asia, para que la virgen María vuelva sus ojos al continente más poblado del mundo, donde los católicos constituyen tan solo el 2% de la población y la Iglesia es perseguida y combatida. 

Luego se reza un Padrenuestro, 10 Avemarías y Gloria.

  • Las tres Ave Marías finales se rezan para que en nuestra patria aumente el espíritu misionero y, ante todo, para suscitar muchas vocaciones sacerdotales y religiosas y de laicos misioneros.

        Al terminar el Rosario Misionero, se ha rodeado el mundo entero, abrazando a todos los continentes y a todos los hombres en una gran oración universal.

 

 
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