La presencia de Dios es indeleble

 

A Dios nadie lo puede borrar por mucho que se intente hacer en los diccionarios, constituciones, escritos y proclamas ideológicas. Dios es indeleble o imborrable. Cada uno de los seres humanos es ‘imagen de Dios’. Y Dios reside en lo más íntimo del corazón del género humano, su nombre está escrito en el ADN de la naturaleza humana. Si él no existiera los primeros perjudicados seríamos nosotros pues no existiríamos. En él somos, nos movemos y existimos. Una obra sin autor es una quimera y un engaño.

A Dios se le puede ocultar con pretensiones ideológicas y hasta desplazar consciente o inconscientemente pero nunca se le puede negar porque sus huellas están señaladas en la misma naturaleza y en las expresiones más nobles del corazón humano. Marginar a Dios no quiere decir que Dios no exista, ocurriría lo mismo con quien quisiera ocultar el sol, esto no indicaría que lo negara. Las nubes no niegan al sol aunque tengan capacidad de ocultarlo. Hay teorías que intentan negar a Dios ocultándolo, es una incoherencia existencial por sí misma. Puede haber dificultades y oscuridades para afirmar la existencia de Dios pero los argumentos son más fuertes los de la afirmación que los de la negación puesto que la luz de la fe es más brillante que el velo que oculta el misterio.

A Dios nadie lo puede destruir porque su amor es más fuerte que el odio y la guerra. Su amor es tan grande que ha vencido a la muerte y ha vencido al pecado del género humano dándole la gracia y la vida. Dios no es fungible como si de un material precioso se tratara. Por mucho que la mente humana trabaje y se esfuerce Dios no es una criatura de la razón puesto que él mismo es la Razón de ser de todo lo creado. ¿Qué sería de la razón humana sin la Razón? La ‘sin-razón’. Si el hombre se hace propiedad de si mismo aboca hacia el precipicio del nihilismo, se baña en la nada y en la misma se ‘sostiene si sostenerse’.

A Dios nadie lo puede contradecir porque sus leyes son inmutables. Por mucho que haya avanzado la ciencia y se haya desarrollado la técnica no puede afirmarse que el ser humano ya ha adquirido una independencia tal que no necesita a Dios. Aún en el supuesto que no necesite a Dios las reglas y leyes que están inscritas en la misma naturaleza no pueden ser cambiadas porque son inmutables y si se quieren cambiar, ellas mismas se vuelven contra quien las manipula. El dicho clásico de que ‘Dios perdona siempre, el hombre a veces y la naturaleza nunca’ es muy gráfico para comprender dicho argumento. Esto explica que a Dios no se le puede contradecir puesto que los planes de Dios no son los nuestros en muchas circunstancias.

Y ¿qué se deduce de todo lo expuesto? Lo más sensato es saber en qué terreno nos movemos. Cuando Jesucristo nos invita a construir la casa sobre roca, está afirmando una realidad existencial importantísima. Las tierras movedizas y de arena no son aptas para construir puesto que la casa duraría muy poco, sin embargo si está construida sobre base firme nadie la podrá derrocar. El refrán latino ‘intellegenti pauca’ ( a los inteligentes, pocas palabras bastan) creo que nos hace comprender la gran aventura de la vida que tiene una base muy fundamental y segura: Dios.

Por Monseñor Francisco Pérez González
Arzobispo Castrense y Director Nacional de OMP
Revista Misioneros Tercer Milenio, marzo de 200
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