27 de Enero, Jornada de la Infancia Misionera
Manos a la Obra
Un año
más queremos resaltar la importancia de la Infancia Misionera. Para ello
hemos pensado hacer realidad aquello de “manos a la obra”. Es necesario
remangarse y ponernos a trabajar con los niños y para los niños. Dentro
de poco les tocará construir un mundo más en consonancia con los valores
del Evangelio. Para eso conviene trabajar sin miedo desde estos
momentos. Hemos de presentarles, con ilusión y realismo, todo lo que han
de aprender para formarse como hombres y mujeres del futuro. Hemos de
desenmascarar sin titubeos y con firmeza la confusión que hoy se cierne
en la sociedad. La causa de la misma hunde sus raíces en el relativismo.
¡Cuánto daño se está haciendo a los que llevarán sobre sus hombros los
destinos de la sociedad dentro de pocos años! Por ello conviene
movilizarse y preparar con audacia a los niños que, como planta tierna,
reciben todo y lo asumen con sencillez y asombro.
No
todo es válido, como enseñan las filosofías relativistas, ni todo es
bueno, como enseñan los maestros del “vacío existencial”. Una sociedad
que no se forme en el principio moral de “aceptar el bien y rechazar el
mal” se convierte en enemiga de sí misma. La niñez es como una esponja
que absorbe todo lo que se le pone por delante y que marca para toda la
vida. Tanto lo bueno como lo malo puede convertirse o en una vida sana,
con actitudes moralmente bien orientadas, o en una bomba de relojería
que el día menos pensado explota con formas de actuar que contradicen la
dignidad humana. Libertad no es “hacer lo que a uno le apetece”; es
algo sagrado que ayuda a crecer a la persona en un estilo de vida
auténtico y que tiene como norma de vida “hacer el bien y buscar lo
bueno”.
Para
ello, los medios de comunicación social deben echar una mano.
Desgraciadamente son frecuentes las veces que nos hallamos ante
informaciones o programas interesados que contradicen y amenazan a la
persona con modos de vida rastreros; son la “basura”, que nada tiene que
ver con la identidad de la naturaleza humana, llamada a la armonía y a
la belleza. En este campo hay que ponerse “manos a la obra”. Y son las
familias, apoyadas por las parroquias, el colegio y los diversos ámbitos
de Iglesia, quienes deben llegar a los niños para presentarles el
seguimiento de Jesús como lo más hermoso que hay en la vida. Los diez
mandamientos son el mejor programa de vida cristiana, más aún, de
experiencia humana.
La
Infancia Misionera se compromete a ayudar a otros niños que están faltos
de amor. Se solidariza con ellos para que puedan tener un hospital o una
escuela o una capilla o un ambiente más digno. Los niños, con toda
facilidad, se ponen “manos a la obra”, compartiendo sus ahorros para la
consecución de dichos fines. No les cuesta e, incluso, piden a los
mayores que les ayudemos. España es una de las naciones más generosas.
Hagamos de esta Jornada de la Infancia Misionera un espacio de verdadera
formación para nuestros niños, a fin de que, siendo amigos de Jesús, se
pongan “manos a la obra” y miren a otros que, como ellos, son también
hijos de Dios y merecen lo mejor de nosotros.
Por
Monseñor Francisco Pérez González
Arzobispo de Pamplona yTudela y Director Nacional de OMP
Revista Misioneros Tercer Milenio, enero de 2008
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