V CENTENARIO DEL NACIMIENTO DE SAN FRANCISCO JAVIER 

 

Un joven intrépido que entrego su vida a Dios, llevando el Evangelio a los que no conocían a Jesucristo

 

Por Monseñor Francisco Pérez González
Arzobispo Castrense y Director Nacional de OMP

 

San Francisco de Javier, fue un intrépido joven que supo orientar su vida en la entrega a Dios llevando su evangelio a los que no conocían a Jesucristo. De él todos podemos aprender cinco claves fundamentales para ser misioneros en nuestros ambientes:

Ponía la confianza en Jesucristo y en su Palabra. Creo que los cristianos europeos nos debemos marcar un ritmo más esperanzado. Hemos puesto la mirada en lo puramente material y esto provoca, a la larga, ‘hastío de vivir’. Un cristiano que no confía en Dios y no reza, por tanto, es un creyente que ha caducado, su esencia cristiana se ha desvanecido. Hemos de aprender de Francisco de Javier ‘ponernos en manos de Cristo y su Palabra’. 

Amaba sin fronteras a los demás. El patrono de las misiones se ganó a los hombres y mujeres del Continente Asiático por su entrega generosa y por su amor desinteresado sin poner límites y sin acepción de personas. También nosotros hemos de vivir con este espíritu a la hora de servir a los demás y sin dejarnos llevar por la exclusión: ‘todos los humanos son candidatos a la santidad’.  

Bebía en las Fuentes de los Sacramentos. No se puede mantener la fe si no se va a las fuentes que la alimentan y estos son los Sacramentos. San Francisco de Javier ofrecía la vida en Cristo, el mejor alimento, y bautizaba incansablemente. Proponía a Cristo, no lo imponía. Los cristianos tenemos que proponer y arriesgar para presentar a Cristo a aquellos que no lo conocen e invitar a vivir la gracia que sólo procede de los Sacramentos: Perdón y Eucaristía, alimentan la vida de fe, nos hacen más testigos de la esperanza y nos enardecen en la caridad. Un creyente que no participe habitualmente en los Sacramentos es como un hermoso automóvil sin gasolina. No puede avanzar en la madurez espiritual. 

Amaba a la Iglesia con un amor generoso. No la miraba con desconfianza sino como un fiel hijo de ella. Tal vez los cristianos hemos de aprender a ‘criticarla menos’ y ha ‘quererla más’. Se ha puesto de moda ‘mirar con recelo a la Iglesia’ y ella como una madre nos cuida y alimenta porque tiene la misión, encomendada por Cristo, a llevarnos en su seno y nutrirnos de su amor. 

Defendía a los pobres y desvalidos promoviendo la justicia. Muchas veces, Francisco de Javier, tuvo que sufrir la persecución por defender la justicia. La justicia y la caridad van muy unidas, coexisten para ir formando un mundo mejor. Los creyentes no podemos ‘bajar la guardia’ cuando veamos alguna injusticia y cuando tengamos que defender los derechos de los indefensos.”

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