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Señor que prometiste acompañarnos siempre
por medio de tu Espíritu y no dejarnos huérfanos.
Te rogamos sigas fortaleciendo a los misioneros
en medio de tantas dificultades, ellos que llevan tu voz y tu mensaje de
amor a los más pobres.
En
este tiempo de Gracia y Esperanza
haznos dóciles para que el Evangelio se
desarrolle
en medio de la sociedad
y que la luz de tu Verdad
aumente la fraternidad universal.
Acudimos
a María, Madre tuya y nuestra,
para que nos cobije en su manto y
que nadie deje de pertenecer a
tu Reino de Justicia, Paz y Amor.
Te
lo pedimos unidos a ti que vives y reinas
por los siglos de los siglos.
Amén
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